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Una Ópera comunal: Renca, París y Liendres

por 19 junio, 2012

Polémicas como la de “Renca, París y Liendres” plantean los riesgos que podría tener el proyecto de ley del Ministerio de Cultura que otorga a los municipios la atribución de juzgar qué es artístico y qué no.
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Hace unos días se estrenó la Ópera “Renca, París y Liendres”, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Chile. Una obra fantástica, con una ejecución, actuación y puesta en escena maravillosa. La ópera expone, con diferentes matices, elementos propios de la cultura de Renca.

A pesar de tanto atributo, la exposición de esta obra resultó en una polémica pues la alcaldesa de Renca, en declaraciones en diferentes medios, anteriores al estreno de la obra, consideró que ésta denigra a los habitantes de la comuna. El Mostrador cita sus palabras: “Se estigmatiza a Renca y a sus habitantes y se les relega a los extramuros de una ciudad que aspira a la modernidad, en condición de habitantes de un sitio pintoresco donde por sus calles proliferan liendres, personajes zoomórficos y se cometen actos de connotación satánica”.

Polémicas como la de “Renca, París y Liendres” plantean los riesgos que podría tener el proyecto de ley del Ministerio de Cultura que otorga a los municipios la atribución de juzgar qué es artístico y qué no.

Resulta inevitable relacionar este gesto con ciertos aspectos del proyecto de ley que el Ministerio de Cultura está impulsando para entregarle a las municipalidades la fiscalización y administración de los artistas callejeros. La primera incongruencia de esta iniciativa es de corte operativo: difícilmente las municipalidades, que realizan una labor titánica con recursos mínimos -como lo demuestran estudios y datos de nuestro instituto y de otras entidades— tendrán las capacidades para encima ponerse a fiscalizar horarios y rotación de artistas, como el proyecto de buena voluntad imagina.

La segunda incongruencia es quizás la más trascendente. ¿Qué prueba de participación y democracia han rendido las municipalidades para que las consideremos como garantes institucionales del buen juicio de la expresión artística y cultural?

La municipalidad es ciertamente el espacio público más cercano a la gente. Es donde las personas pueden hacer democracia más cotidianamente. Sin embargo, y como plantea el PNUD en su Informe de Desarrollo Humano Rural de 2008, las municipalidades en el Chile de hoy se han convertido en la querencia de los alcaldes y alcaldesas. Seguramente explicaciones para esto hay miles. Las históricas apuntan al descuido político que han sufrido las comunas durante prácticamente todo el siglo XX. En definitiva, el escuálido esfuerzo democratizador de la transición en esta área es probablemente una de las mayores deudas del período.

En un contexto así, no llama la atención que la alcaldesa de Renca, según ha salido en la prensa, haya hecho gestiones para impedir esta ópera sin haberla visto. Seguramente, si tuviera la oportunidad de apreciar la profundidad de su guión, la identidad comunal que retrata, la genialidad de la música y el virtuosismo de la interpretación de la Sinfónica de Chile, su opinión cambiaría. A la vez, es probable que si la obra se hubiese montado en su comuna, la edil habría logrado tal censura.

Luego, la reflexión global es: ¿Son actualmente las municipalidades tan democráticas y ciudadanas como para confiarles atribuciones que puedan convertir fondos públicos en decisiones artísticas? ¿Es positivo entregar prerrogativas totales de determinación a autoridades que pueden imponer actos de censura de expresiones culturales o utilizar fondos públicos en actos unilaterales de chovinismos culturales, como empanadas gigantes, curantos gigantes o letreros hollywoodenses gigantes con frases sin sentido?

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