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Bachelet: el Plan B… sin Plan B

por 22 junio, 2012

Aún cuando el sentido común indicaría que deben darse cabida a múltiples expresiones e identidades para hacerlas converger en un proyecto común, la pulsión conservadora lleva a muchos dirigentes de la Concertación a concentrarse en el orden, en el control y en las muestras de incondicionalidad irreflexiva y casi canuta hacia la amada líder.
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La política que están siguiendo los cónsules de Bachelet (o jinetes del Plan B) en los distintos partidos de la Concertación se resume en la sentencia: todos para una y palos para el resto. Así, Velasco, Orrego, Rincón, Gómez y todo aquel que crea que la suya es una opción presidencial viable será tratado con el látigo de la indiferencia —en el mejor de los casos— y con un látigo menos metafórico en el resto de las circunstancias.

La secreta esperanza de los promotores de esta doctrina es aglutinar al máximo de figuras y partidos opositores bajo la única figura capaz de salvar los timbres y la estantería de la otrora coalición administradora de la ampulosa “mayoría sociológica”. Y la estrategia para lograrlo es la de la zanahoria y el garrote, donde la zanahoria es la posibilidad de estar cerca de la cabina en caso de un triunfo y el garrote es la amenaza de ser marginados del círculo de leales de la candidata aún en suspenso.

Hoy todos compiten por ser más bacheletistas que la Jupi y en ese contexto, los que dan un paso al frente para proponerse como alternativa a la diva de Nueva York van tiñéndose de un halo que se debate entre la  peste y la tiña: nadie quiere estar demasiado cerca de ellos y los que estuvieron se sacuden con fruición para que no se les pegue el bicho y no los metan también en la cuarentena… triste espectáculo.

Aún cuando tras sus últimas apariciones —calculadas para conceder respaldo al eje Escalona-Walker— Bachelet parece estar cada día más cerca y aún cuando esa sensación llene de aire los pulmones del grupo de líderes que tendrán a su cargo la operación “retorno”, la sensatez indica que no debe asignarse un cien por ciento de probabilidad a un hecho que depende de voluntades, circunstancias y situaciones cuyo curso no es posible controlar en laboratorio.

Triste y repetido, porque algo similar sucedió en la pasada elección Presidencial, cuando Frei quedó posicionado como candidato por descarte. En esa oportunidad, estaban los que esperaban y los que tímidamente torpedeaban la nominación de Ricardo Lagos Escobar como candidato. Eran los tiempos de la “procesión a Caleu” y entonces habían los que se peleaban por ser “el más laguista”, los que ponían condiciones (y arengaban alternativas) para sumarse a ese coro y los que esperaban la decisión del monarca para ver si lanzaban o no lanzaban su nombre al ruedo como opción… todos murieron esperando.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Igual que ahora, la Concertación entonces parecía no tener un Plan B. Agrava el cuadro el que hoy, lo que se ofrece como sostén político de un eventual arribo de Bachelet enfrenta, además de sus fricciones intestinas, un sinnúmero de contrapesos en el mundo político, social y cultural  que deberán sentar a la mesa para constituir una nueva mayoría.

En medio de esa dispersión, aún cuando el sentido común indicaría que deben darse cabida a múltiples expresiones e identidades para hacerlas converger en un proyecto común, la pulsión conservadora lleva a muchos dirigentes de la Concertación a concentrarse en el orden, en el control y en las muestras de incondicionalidad irreflexiva y casi canuta hacia la “amada líder”.



Aún cuando tras sus últimas apariciones —calculadas para conceder respaldo al eje Escalona-Walker— Bachelet parece estar cada día más cerca y aún cuando esa sensación llene de aire los pulmones del grupo de líderes que tendrán a su cargo la operación “retorno”, la sensatez indica que no debe asignarse un cien por ciento de probabilidad a un hecho que depende de voluntades, circunstancias y situaciones cuyo curso no es posible controlar en laboratorio. Por lo mismo, por estos días en que las apuestas van a doble contra sencillo, resulta interesante imaginar ¿qué pasaría si falla el Plan B?

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