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Milton Friedman: el dios fálico de la derecha criolla

por 6 agosto, 2012

Milton Friedman: el dios fálico de la derecha criolla
La derecha criolla ha sido históricamente profundamente ramplona en su comprensión del mundo. Solo eso explica que tengan como gran intelectual a un tomista de segunda clase. Que vean el fantasma de Gramsci en todo, que no entiendan la dimensión ni de movimientos ambientalistas ni indigenistas. Nada de raro que hoy muchos crean que los archivos desclasificados que prueban lo obvio: la vinculación como jefe máximo de Pinochet respecto de la Dina y la CNI, sea propaganda “marxista”.
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Nuestra derecha, especialmente esa de estirpe más profunda, recordó estos días el centenario de quien es en cierta forma su dios fálico: Milton Friedman.

El gran economista y figura principal de la “Antigua Escuela de Chicago” aparece para esos sectores (los que frecuentan “Libertad y Desarrollo” y consideran a Novoa un ícono vanguardista) como una constatación de que sus ideas son, normativamente, de defensa de una sociedad libre y en la práctica, funcionan. Qué mejor demostración que el Chile transformado por Pinochet. Fantasean con ser los alumnos ejemplares y aplicados de los principios libertarios del autor de “Capitalismo y Libertad”.

No todos piensan lo mismo.

La destacada economista Deirdre McCloskey (también Old Chicago School) ha defendido pública y privadamente que los Chicago Boys no merecen ser llamados Friedman's boys. Primero, la mayoría de ellos no estaban conectados con él, sino con Larry Sjaastad, Gregg Lewis, y muy especialmente con Al Harberger, alias “Alito”. No existiría una conexión directa con Friedman. Segundo, se habrían olvidado por completo de un detalle de las ideas del autor: su capitalismo sería un sistema de vida que implica libertad no sólo económica sino que social, cultural y política.

Lo básico  que no terminan de entender los orgullosos seguidores del Maestro es que los esfuerzos por defenderlo por parte de sus ex colegas y amigos, como McCloskey, de su vinculación con ellos es por el desprestigio y críticas que significó para él, las cuales no amainaron después de su muerte. Lo que para muchos “Chicago Boys” (tanto reales como imaginarios) es incomprensible, es que no se vea  lo valioso de las reformas emprendidas por ellos y se entiendan  los costos humanos como lamentables “cosas que pasan en la historia”. Además estaban, al igual que Hjalmar Schacht en la Alemania nazi, preocupados de la economía y la técnica. ¿No es eso la aplicación de un criterio estricto de separación entre Ciencia-Técnica y Ética?

Friedman es para cierta derecha, lo que Príapo era para ambos Vettius: un talismán fálico para afirmar la riqueza que se cree poseer sin percatarse que existe un volcán, que a diferencia de los naturales, su rumbo puede ser cambiado si se sabe leer lo que la sociedad espera. Para eso se requiere una derecha con convicción por un programa liberal en lo cultural, con acento social en lo económico y de fuerte participación democrático. Una derecha más preocupada de la política que del dinero. Quizás sea demasiado pedir.

El problema para ellos y que alcanzó al propio Friedman, es que en un mundo menos provinciano no se considera defendible un proceso, por innovador que parezca, si no se atiende a las condiciones de derechos humanos que le acompañan. Ahora, si se criticó a Friedman por su vinculación indirecta con nuestro país, ¿por qué no se obró de igual forma cuando dictó conferencias y aconsejó a países comunistas como Yugoslavia y China? Por un motivo muy simple: Chile es percibido en Occidente como un país de tradición democrática y culturalmente uno más, eso hace más incomprensible las experiencias dictatoriales.

Por eso, no solo son sectores de izquierda y prensa “liberal” la que cuestionó al economista de Chicago por visitar dos veces un país donde se violaban los derechos humanos, reunirse con el dictador de turno, recibir condecoraciones y no decir nada sobre lo que ocurría. Economistas y cientistas sociales han indicado que su actitud es el mejor ejemplo de lo insostenible de la idea de separar radicalmente normatividad y ciencias sociales.

Muchos miembros de la derecha sociológica no ven eso. Creen que fue un gobierno autoritario, como muchos, a lo más un poco dictatorial (casi como a ratos) pero nunca totalitario. La derecha criolla ha sido históricamente profundamente ramplona en su comprensión del mundo. Solo eso explica que tengan como gran intelectual a un tomista de segunda clase. Que vean el fantasma de Gramsci en todo, que no entiendan la dimensión ni de movimientos ambientalistas ni indigenistas. Nada de raro que hoy muchos crean que los archivos desclasificados que prueban lo obvio: la vinculación como jefe máximo de Pinochet respecto de la Dina y la CNI, sea propaganda “marxista”.

Sólo una mente así puede creer compatible principios libertarios con la fe del carbonero. Todo el dogmatismo con que defienden la ortodoxia económica es equiparable a la oposición que presentan al análisis de temas sociales como aborto, drogas recreativas, prostitución, etc. que efectuara Friedman. Son reductores de la libertad a la transacción de bienes.

Por cierto, como lo indican Klein y Krugman en sus respectivos artículos, existiría cierto delirio en la adjudicación de logros a los Chicago Boys, por ejemplo, el sostener que nuestro país soportó el 27/F gracias a sus transformaciones. El Maestro se oponía a la existencia de normas de construcción de alta exigencia por establecer un costo a los privados que necesariamente estos no harían de motu propio. Aplicando ese criterio, la norma de construcción de 1972 podría haber sido derogada por “estatista y socialista”, habría que agregar, allendista.



¿Hubiese bastado el Mercado el 27/F?

El Friedman de nuestra derecha es un espectro del real: sólo lo valoran en lo económico, olvidando las dimensiones sociales. Inclusive en ese plano, el entusiasmo se acaba al momento de aplicar las recetas en ámbitos tales como rechazar la intervención del Banco Central para mantener alto el precio del dólar. Entre los intereses reales y Friedman, ganan los primeros. Tampoco se trata de ser tan ortodoxo, eso sería fanatismo.

Príapo, una de las deidades de la mitología griega, de naturaleza fálica, era un protector de bienes tales como la agricultura, rebaños  y pesca. Una de sus imágenes más famosas que se conservan de él, es la que se encuentra en uno de los frescos de la mansión (domus) de los exitosos libertos Vettius de Pompeya, la famosa Casa de los Vettii. Ahí su imagen, en tamaño casi natural, se le ve pesando su pene erecto contra una bolsa de dinero, es un símbolo de que es el custodio de la riqueza familiar contra la envidia ajena.

Friedman es para cierta derecha, lo que Príapo era para ambos Vettius: un talismán fálico para afirmar la riqueza que se cree poseer sin percatarse que existe un volcán, que a diferencia de los naturales, su rumbo puede ser cambiado si se sabe leer lo que la sociedad espera. Para eso se requiere una derecha con convicción por un programa liberal en lo cultural, con acento social en lo económico y de fuerte participación democrático. Una derecha más preocupada de la política que del dinero. Quizás sea demasiado pedir.

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