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Concesiones hospitalarias: un Transantiago para la salud

por 10 agosto, 2012

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El sistema público de salud y el conjunto de los derechos sociales en nuestro país fueron moldeados por un Estado subsidiario que privilegia “la solución de los problemas públicos por el mundo privado”. Esta es una situación que se mantiene desde hace más de 30 años y el problema de este enfoque es que ha producido desigualdad y segregación en nuestro sistema de salud. Las concesiones hospitalarias introducidas en el gobierno de Ricardo Lagos y reimpulsadas en la actual administración, generaran nuevas vías para enriquecer a los mercaderes de la salud, además de que existen riesgos de comprometer la calidad de la atención.

¿Qué son las concesiones hospitalarias? Las concesiones hospitalarias, al igual que otras concesiones, implican que el Estado licite el diseño, construcción y operación de un determinado bien público a empresas privadas, para lo cual el Estado asegura subsidios y dividendos al “concesionario” que se adjudique la obra. Las concesiones en Chile las vemos y usamos diariamente, como el sistema de carreteras y autopistas, las cárceles, el Transantiago y los colegios particulares subvencionados, entre muchas otras. En el caso de los hospitales, el “modelo de negocio” consiste en entregar a manos privadas tanto el diseño como la construcción y la gestión del recinto hospitalario (en el caso de Chile, la gestión no incluye los servicios clínicos), a cambio de pagos lo suficientemente altos para asegurar utilidades.

El enfoque detrás de las concesiones, tanto en salud como en el resto de los ámbitos, es el neoliberalismo, que entiende que los bienes públicos son fuentes de enriquecimiento para el sector privado y que cree firmemente que el Estado es ineficiente y que las soluciones privadas son el mejor curso de acción posible, dado que implica mejorar el crecimiento económico el cual, de acuerdo a su marco teórico, automáticamente alcanza para todas las capas sociales a medida
de que el que tiene más, va gastando más: la teoría del chorreo. Sin embargo, de lo que no se hace cargo esta teoría, es que el “crecimiento” queda capturado por un pequeño puñado de personas y jamás es socializado, pues esta parte de su teoría se contradice con otra mucho más enquistada en el modelo y que dicta que las ganancias se quedan en manos de los privados y las pérdidas se socializan para que sean absorbidas por los “usuarios”, “clientes”, “ciudadanía”. El sistema de salud funciona de igual modo.

Experiencia internacional de concesiones en salud: en el mundo se han visto durante los últimos 20 años una explosión de las concesiones en salud y el caso más emblemático es en el Reino Unido. Es allí donde el gobierno laborista (algo así como nuestra Concertación) impulsó un programa de concesiones hospitalarias muy profundo que significó tener desde 1997 en adelante, cerca de 101 hospitales construidos bajo esta modalidad, transfiriendo a privados el diseño, construcción y operación de los hospitales y, al igual que en Chile, no se incluye la gestión de los servicios clínicos en la concesión. Otro caso es el “modelo valenciano” en España: este modelo fue impulsado por el Partido Popular y es mucho más profundo, dado que no sólo incluye la totalidad del hospital (incluyendo los servicios clínicos), sino que incluye toda la red de un determinado territorio, es decir se incorpora también la atención primaria.

En un artículo de Vivienne Bachelet titulado “Una revisión crítica de tres dimensiones de concesiones en salud: riesgo, calidad y efectos fiscales” se describen los resultados que arroja la evidencia internacional sobre el uso de las concesiones en salud, y las conclusiones de ésta son claras: las concesiones son más caras que utilizar la modalidad de construcción por el Estado. Recordemos que los concesionarios deben reportar utilidades, por lo que el Estado finalmente termina pagando altos dividendos para sostener las utilidades de los empresarios. ¿Le suena el Transantiago? donde el Estado ha pagado enormes cantidades de recursos para financiar un transporte de mala calidad, con un costo elevadísimo para los usuarios y en donde sólo lucran los concesionarios, que cada año declaran jugosas ganancias. También aumentan los costos de transacción para el Estado, por la preparación de bases, contratos y propuestas.

Se detecta, adicionalmente, que el modelo de concesiones hospitalarias afecta negativamente la calidad de la atención: en el caso ingles se produjo una reducción del personal, aumentó la productividad clínica a costa de reducir el número de camas y de estadías y se detectó que se estaban generando altas más precoces, lo que generó un aumento en la tasa de re hospitalización de los pacientes. ¿Es este el modelo que queremos reproducir en el país? Una especie de Transantiago de la salud, muy caro y de baja calidad.

Lo que viene en Chile: En nuestro país, la política de concesiones no la trajo el gobierno de Sebastián Piñera, sino que, como dijimos antes, fue implementada por el gobierno de Ricardo Lagos, a través de los hospitales de la Florida y Maipú, los cuales están aún en construcción. Sin embargo, con la nueva administración del gobierno se está impulsando un plan de concesiones hospitalarias sin precedentes previos. La lista incluye:

- Hospital de Antofagasta.

- Hospital Salvador Geriátrico.

- Hospital santiago Occidente (ex Félix Bulnes).

- Hospital Sótero del Río y Puente Alto.

- Hospital biprovincial Quillota-Petorca y provincial Marga Marga (red Quinta Región).

- Hospitales Red Sur (Curicó, Linares y Chillán).

Llama la atención de que para hacer más atractivo a los privados hacerse parte de estas concesiones, se estén licitando en “combos” o paquetes nuestra red de hospitales, como el caso de la “red sur” (Curicó, Linares y Chillán).

Esta política de concesionar nuestros hospitales, producto de un Estado subsidiario que busca desprenderse de sus responsabilidades, implica profundizar aún más la lógica mercantil en la salud pública, que ahora tendrá hospitales “públicos” operados por privados. Las consecuencias de esta política será tener una especie de Transantiago en nuestra salud y de acuerdo a la evidencia, estos hospitales serán muy caros, dado que los pagos a los privados no serán en función solamente de sus costos, sino que el Estado deberá pagar además las utilidades y el lucro de los concesionarios, además de que poner en riesgo la calidad de la atención de salud a los pacientes.

Es necesario detener el plan de concesiones  involucrando a los funcionarios, al personal médico y no médico y también a los usuarios, pues serán ellos los que se verán directamente perjudicados por esta iniciativa del actual gobierno y que, de implementarse, se extendería por muchos años más. El actual estado de la salud pública es precario, pero ciertamente que el camino para mejorarla y para avanzar en mejorar la calidad de sus servicios, no pasa por privatizarla aún más, enriqueciendo a unos pocos y traspasándole el gasto a la ciudadanía.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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