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Labbé, Zalaquett y Sabat: la derrota del cosismo

por 5 noviembre, 2012

Labbé, Zalaquett y Sabat: la derrota del cosismo
Esta fue la gran victoria ideológica de la derecha. Porque a partir de ahí, la Concertación comenzó a comunicar en los códigos de ellos y sin darse cuenta, estaban centrando su discurso en atributos que son más propios de la derecha como la gestión y la eficiencia, dejando de lado la construcción de un relato que tuviera arraigo cultural y relación histórica con su obra.
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Los bajos niveles de aprobación presidencial, han sido para muchos la muestra de la ineficacia del posicionamiento político basado principalmente en la gestión. Sin embargo, no fue hasta las elecciones municipales y los resultados en comunas emblemáticas como Santiago, Providencia y Ñuñoa, cuyas estrategias electorales de los alcaldes era resaltar las obras que habían realizado, que quedó de manifiesto que la enumeración de logros no es suficiente para estructurar un discurso de campaña que sea imbatible.

Esta forma de enfocar la política, se aprecia con fuerza desde 1999, cuando el entonces candidato presidencial UDI, Joaquín Lavín, construyó su historia a partir del cosismo. En palabras simples, esto se basa en la aplicación de una estrategia de posicionamiento a partir de la comunicación de hechos determinados, que buscan entregar “soluciones concretas a los problemas de la gente”. El hecho de que ese año Lavín lograra prácticamente empatar en primera vuelta con Ricardo Lagos y perder estrechamente en la segunda, hizo que los políticos, tanto de la Alianza como de la Concertación, realizaran un giro en su forma de comunicar y dejaron de construir el discurso a partir del porqué están en política (valores y sueños) a solo comunicar el cómo solucionar tal o cual problema específico.

En el centro de la elección presidencial y también parlamentaria, no estarán los logros de los gobiernos de Bachelet o Piñera, tampoco será el programa —como a muchos políticos les gusta decir— sino la capacidad de construir posicionamientos de los distintos candidatos que sea consecuente con sus valores e historia de vida, que se traduzcan en proyectos colectivos capaz de motivar a los ciudadanos a votar en el día de la elección.

Esta fue la gran victoria ideológica de la derecha. Porque a partir de ahí, la Concertación comenzó a comunicar en los códigos de ellos y sin darse cuenta, estaban centrando su discurso en atributos que son más propios de la derecha como la gestión y la eficiencia, dejando de lado la construcción de un relato que tuviera arraigo cultural y relación histórica con su obra.

El vuelco en las elecciones del 2012, radica que en el centro de la discusión en las competencias de Santiago, Providencia y Ñuñoa, lo que estuvo en juego no era la capacidad de gestión o administración de los alcaldes que iban a la reelección, sino la historia de vida del candidato (Labbé), sus formas de relacionarse con la comunidad (principalmente verticales y autoritarias) y finalmente los valores que regían sus administraciones (donde más importante que las personas de la comuna, era poder demostrar indicadores de gestión).

Es así como las candidatas de la oposición lograron construir campañas que más que centrarse en temas programáticos específicos, se enfocaron en diferenciarse valóricamente (participación, cercanía, paz y respeto) de sus oponentes. Esto les permitió elaborar discursos que movilizaron a sus electores y desincentivaron a los de sus contrincantes, mientras que los candidatos conservadores erróneamente enarbolaban arengas triunfalistas —táctica básica con voto obligatorio— que ciertamente desmotivaron a sus votantes para el sufragio.

En el centro de la elección presidencial y también parlamentaria, no estarán los logros de los gobiernos de Bachelet o Piñera, tampoco será el programa —como a muchos políticos les gusta decir— sino la capacidad de construir posicionamientos de los distintos candidatos que sea consecuente con sus valores e historia de vida, que se traduzcan en proyectos colectivos capaz de motivar a los ciudadanos a votar en el día de la elección.

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