viernes, 24 de mayo de 2019 Actualizado a las 02:09

Autor Imagen

Chile y la energía nuclear: ¿hasta cuándo contra la corriente?

por 7 noviembre, 2012

¿No es el problema energético de Chile también una gran oportunidad para empezar a desarrollar una industria avanzada y aspirar a ser líderes en el desarrollo de conocimiento, tecnologías y modelos de negocios asociados a energías sustentables? Lo que el gobierno decida hoy en materia energética tendrá repercusiones en el desarrollo energético e industrial de Chile por varias décadas. Esperemos, y es bueno ser optimistas, que puedan estar a la altura.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Sumado a una seguidilla de desafortunadas decisiones del actual gobierno en temas energéticos como rebajar la promesa de una meta de energías renovables no convencionales de 20 % a 10 % al año 2020, de reducir el presupuesto de la agencia de eficiencia energética, y proponer un plan de desarrollo eléctrico sin objetivo estratégico concreto, se anuncia ahora que se retomarán los estudios para tener energía nuclear en la generación de electricidad en Chile.

El anuncio ha sido recibido con aplausos por los sectores que siempre han presentado la energía nuclear como única solución a todos nuestros problemas eléctricos. Sin embargo, detrás de esta aparente preocupación por el desarrollo de Chile, es difícil ocultar los intereses corporativos. De ahí que llama la atención la simplicidad, desinformación y falta de humildad con que se emiten opiniones en un tema tan complejo como este que va mucho más allá de simples megawatts

Mientras esto sucede en Chile, el mundo claramente se mueve en otra dirección. Países como Alemania, Suiza, Bélgica e incluso Japón, han entrado en una fase de reducción de su dependencia nuclear. En el caso alemán, el objetivo impuesto es cerrar todas las plantas el 2022. De igual manera, la planificación y diseño de los sistemas eléctricos y de energía está experimentando grandes cambios en sus paradigmas: moviéndose desde la idea de grandes plantas y generadores al nivel de transmisión, a generación más cercana a los centros de carga y situada al nivel de la distribución, en donde la aplicación de tecnologías de la información permitirán un control en tiempo real, haciendo más eficiente la operación e integración de fuentes renovables y sustentables. La implementación de estas tecnologías en el mundo industrializado ha hecho posible el surgimiento natural de nuevos modelos de negocios, donde por ejemplo, la participación activa de la demanda se incentiva y se promociona.

¿No es el problema energético de Chile también una gran oportunidad para empezar a desarrollar una industria avanzada y aspirar a ser líderes en el desarrollo de conocimiento, tecnologías y modelos de negocios asociados a energías sustentables? Lo que el gobierno decida hoy en materia energética tendrá repercusiones en el desarrollo energético e industrial de Chile por varias décadas. Esperemos, y es bueno ser optimistas, que puedan estar a la altura.

En Chile, sin embargo, el statu quo continúa siendo presentar la construcción de megacentrales de todo tipo y en particular ahora nucleares, como única solución a nuestros problemas energéticos. De paso, se mantiene un diseño de mercado enfocado principalmente en la oferta, generando el perverso incentivo de “mientras más vendo, más gano”. El sentido de que a un “mejor uso de la energía, ganamos todos” no es incentivado en el actual modelo.

Los argumentos del porqué nuestro país no debiese considerar la energía nuclear son múltiples. Sin embargo, una de las razones más simples, pero a la vez profundas, está basada en lo complicado de cuantificar el riesgo real de falla de un sistema altamente complejo como una planta nuclear, instalado en el país más sísmico del mundo. Muchos pregonan un falso estado de seguridad, usando “estadísticas” y análisis de riesgo disponibles como justificación. No obstante, es necesario mencionar que expertos en el área de análisis de riesgos debaten incluso en la actualidad acerca de la real validez de dichos estudios, y el especial cuidado que hay que tener al interpretarlos.

Análisis de desempeño o riesgo usando modelos probabilísticos son generalmente excelentes herramientas cuando estamos lidiando con incertezas, costos y beneficios relacionadas a eventos frecuentes: tráfico en redes, colas en un banco, llegadas y salidas de buses, consumos eléctricos, etc. Sin embargo, en el terreno de eventos con baja tasa de ocurrencia, donde existen no solo incertezas sino incluso ignorancia (lo que ni siquiera sabemos que no sabemos), la obtención de los datos necesarios para dichos análisis es prácticamente imposible, resultando en que cualquier análisis probabilístico o de riesgo sea bastante cercano a un ejercicio de clarividencia.

Complementando lo anterior, ni siquiera es necesario pensar en un escenario catastrófico tipo Fukushima o Chernobyl, para evidenciar los riesgos de una planta nuclear en Chile. Hay argumentos asociados con la seguridad de suministro, la operación de los sistemas eléctricos, y la viabilidad económica que deben ser considerados e informados a la opinión pública.

Lo que la evidencia empírica muestra es que la mayoría de las veces que plantas nucleares han sido expuestas a sismos de importancia han tenido problemas. Estos problemas no significan necesariamente grandes accidentes o catástrofes, pero sí que la planta, al ser un sistema altamente complejo, quede fuera de operación por un largo tiempo. Ya Japón (exceptuando Fukushima) tuvo serios problemas en un recinto nuclear con un sismo de magnitud 6,6 hace algunos años. Dicho complejo estuvo fuera de servicio alrededor de 2 años. ¿Acaso alguno de los que apuestan con tener plantas nucleares en Chile, han considerado lo poco robusto y confiable que sería el sistema eléctrico en esas condiciones? ¿Que pasaría en un sistema de escala tan reducida como el chileno, en donde a lo más tendríamos una ó dos plantas nucleares, si dejamos fuera de servicio por varios años plantas de gran capacidad sacando grandes bloques de suministro por largo tiempo? ¿Quién se haría cargo de la crisis energética que eso produciría y como ello repercutiría en la sustentabilidad económica o el desarrollo productivo?

Todos estos argumentos se suman a otros ampliamente reconocidos: los casi inmanejables costos de inversión que generalmente sobrepasan en varias veces las estimaciones iniciales, el manejo de residuos que exige vigilancia a perpetuidad, el perfil estratégico militar que eventualmente esta opción pudiese tener, el impacto de ser un “país nuclear” en otras industrias como la agroalimentaria, y finalmente la dependencia en tecnologías, infraestructura de manejo de crisis, y suministro de combustible que Chile no dispone.

¿Realmente queremos como país embarcarnos en una tecnología de estas características, desacoplada de la tendencia global en sistemas de energía, cara, riesgosa y ciertamente no sustentable?

Muchos dirán, ¡pero son solamente estudios!, no debemos cerrarnos a estudiar. Esto es, en general, verdad. Sin embargo, en este caso en particular, ¿No es acaso mucho más sensato enfocar los escasos recursos que el país invierte en investigación y desarrollo, y destinarlos al desarrollo de tecnologías sustentables, cada vez más competitivas, donde Chile tiene realmente todo un potencial esperando ser desarrollado? ¿No es el problema energético de Chile también una gran oportunidad para empezar a desarrollar una industria avanzada y aspirar a ser líderes en el desarrollo de conocimiento, tecnologías y modelos de negocios asociados a energías sustentables? Lo que el gobierno decida hoy en materia energética tendrá repercusiones en el desarrollo energético e industrial de Chile por varias décadas. Esperemos, y es bueno ser optimistas, que puedan estar a la altura.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV