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El padrón electoral bajo escrutinio

por 9 noviembre, 2012

El padrón electoral bajo escrutinio
Sería lamentable que la práctica de manipular padrones electorales y acarrear electores, vicios habituales en la vida interna de los partidos políticos nacionales, ya hubiera contaminado la institucionalidad del Estado.
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Parte sustantiva de los análisis acerca de los resultados de las elecciones municipales se han concentrado en la abstención electoral y su significado político y sociológico. Sin embargo, parece recomendable mirar también los procedimientos y la eficacia de los servicios electorales, fundamentalmente porque es el primer y único indicador existente sobre el control y uso del nuevo padrón electoral, una vez instaurado el voto voluntario.

Muchos hechos indican que el proceso en su conjunto mostró situaciones anómalas que deben ser revisadas, porque aun cuando se tratara de fallas meramente administrativas, ellas afectarían la credibilidad y la fe pública del Servicio Electoral.

En el proceso de lento recuento de votos, absolutamente imputable al Ministerio del Interior, según el SERVEL, crecientemente aparecen otros hechos objetables. Entre ellos, la posibilidad que en algunas localidades, por ejemplo del litoral central, los padrones electorales locales tendrían miles de inscripciones con rastros de haber sido inducidas  previamente con el propósito de controlar el resultado final. Ello quedaría probado en un número anormal de inscripciones de personas en una misma dirección, o simplemente muchas de ellas inscritas en direcciones inexistentes o sitios baldíos, cercanos o contiguos a los domicilios de algunos candidatos.

Muchos hechos indican que el proceso en su conjunto mostró situaciones anómalas que deben ser revisadas, porque aun cuando se tratara de fallas meramente administrativas, ellas afectarían la credibilidad y la fe pública del Servicio Electoral.

Tal manipulación habría tomado forma final el día de la elección, con la distribución masiva de pasajes comprados previamente en líneas regulares de buses interurbanos, o directamente con la contratación de buses especiales para trasladar votantes desde otras localidades.

De ser efectivo, estaríamos frente a un acarreo planificado con bastante anticipación en el tiempo, y respecto de muchas personas que eran conocidas para los autores del cohecho, ya sea por vínculos que van más allá de los familiares o la amistad.

La posibilidad de que partidos políticos, candidaturas u organizaciones empresariales o de otra naturaleza hubieran actuado para controlar resultados más allá de lo que la ley permite o hubieren actuado contra el espíritu de una elección democrática transparente sería muy grave. Implicaría, ni más ni menos, un golpe mortal de credibilidad para un sistema electoral que en sí mismo, ya tiene serios cuestionamientos por el tipo de representación que genera.

Hasta ahora, la elite se ha centrado en la ingeniería electoral de proyectar los resultados a las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2013, con muy poca preocupación por la porosidad  de un sistema donde el 60 % de sus ciudadanos se sitúa fuera de la expresión política, y que ha quedado expuesto a la eventualidad de una acción de caudillos, poderes fácticos y brotes de populismo.

Sería lamentable que la práctica de manipular padrones electorales y acarrear electores, vicios habituales en la vida interna de los partidos políticos nacionales, ya hubiera contaminado la institucionalidad del Estado.

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