lunes, 25 de enero de 2021 Actualizado a las 18:26

Autor Imagen

La derrota de la derecha y el espacio para nuevos proyectos

por 10 noviembre, 2012

Existe el germen de un nuevo bloque político que está naciendo, pero que aún no tiene ni la fuerza ni la articulación requeridas para ganar la disputa por el poder político ni en términos ideológicos, menos electorales, pero que avanza, como lo muestra el avasallador apoyo ciudadano de las demandas del movimiento estudiantil.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Las pasadas elecciones municipales no han dejado indiferentes a nadie. Desde la abstención generalizada hasta las inesperadas derrotas de la derecha en municipios clave como Santiago Centro, Providencia, Ñuñoa y Concepción, ha significado un terremoto para las principales fuerzas políticas del país.

Sin embargo, el tradicional matrimonio entre la miopía de los analistas políticos y la autocomplacencia de los dirigentes partidarios han confabulado para que todos los partidos políticos saquen cuentas alegres, a costa de manipular la información, confundiendo a la ciudadanía. Si bien es cierto que en las recientes elecciones la derecha fue derrotada ampliamente, tanto en términos de votación nacional como de alcaldías emblemáticas, esta derrota no puede ser leída como un triunfo de la Concertación, debido a tres factores clave.

En primer lugar, cerca del 60% de los ciudadanos eligieron no votar en estas elecciones, aumentando la abstención en cerca de 1.600.000 personas. El voto voluntario, que fue pensado en el Congreso Nacional para fomentar la participación, lo que en realidad hizo fue expresar lo que todos sabían pero nadie quería decir, que los partidos políticos tradicionales han perdido su capacidad de convocar a la población. Después del 2011, ya no podemos concebir el abstencionismo como un simple “no estoy ni ahí” de carácter apático, sino que en muchos casos, el no votar tuvo un profundo sentido político, expresando una crítica explícita a los proyectos políticos de los actuales partidos, que la institucionalidad política no ha sido capaz de procesar.

Existe el germen de un nuevo bloque político que está naciendo, pero que aún no tiene ni la fuerza ni la articulación requeridas para ganar la disputa por el poder político ni en términos ideológicos, menos electorales, pero que avanza, como lo muestra el avasallador apoyo ciudadano de las demandas del movimiento estudiantil.

En segundo lugar, en la votación de concejales a nivel nacional, tanto la lista de derecha como los cuatro partidos de la Concertación sumados, experimentan cada uno una baja en su votación de cerca de 400 mil votos, es decir, que la abstención golpeó con igual magnitud tanto a la derecha como a la concertación. La diferencia cualitativa estuvo en que la concertación tuvo mayor capacidad de generar un diseño electoral capaz de incluir más sectores políticos (PC - IC).

Finalmente, los medios de comunicación se han encargado de invisibilizar el hecho de que distintas fuerzas de izquierda (extra-Concertación) tuvieron un grado de éxito importante en estas elecciones como la lista del PRO (48 concejales, 7 alcaldes), la lista MAS-PH (31 concejales, 3 alcaldes), e incluso independientes como Josefa Errázuriz, que muestra que existen nuevas fuerzas políticas criticas a la política actual, emergiendo en el escenario político que, aunque incipientes, están avanzando en convertirse en actores cada vez mas importantes para la política nacional.

¿Cuál es el desafío entonces de los actores de la política chilena?

Reconocer la enfermedad para pasar de la negación a la aceptación. Entender que existe una grave carencia de legitimidad del sistema político en su conjunto, que ha perdido su capacidad para agregar y representar las demandas, deseos y valores de la ciudadanía y que este problema no se resuelve cambiando la modalidad del voto, ni con un liderazgo carismático, sino que tiene raíces profundas en la sociedad. Esta carencia tiene que ver con la emergencia de nuevas demandas sociales, tales como “Educación Pública Gratuita y de Calidad”, “Patagonia sin Represas” y “Autonomía Regional” que no pueden ser satisfechas en este modelo de mercado basado en el consumo individual vía endeudamiento. La ciudadanía del Chile del siglo XXI tiene cada vez más las herramientas como para entender que cualquier abuso de poder debe ser sacado de raíz en una democracia moderna. El desafío es entonces la articulación de actores que puedan representar estos desafíos de manera legítima y creíble.

En este contexto, luego de veinte años, existe un espacio para que nuevos actores entren a la política con nuevas ideas y proyectos disruptivos respecto al status quo imperante. Existe el germen de un nuevo bloque político que está naciendo, pero que aún no tiene ni la fuerza ni la articulación requeridas para ganar la disputa por el poder político ni en términos ideológicos, menos electorales, pero que avanza, como lo muestra el avasallador apoyo ciudadano de las demandas del movimiento estudiantil. Chile requiere de cambios profundos en su sistema económico, pero para llevarlos a cabo es necesario constituir un frente amplio en donde confluyan las distintas fuerzas políticas y sociales con vocación transformadora para irrumpir en el sistema político anquilosado y dar el gran paso hacia delante que el país necesita.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV