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Chile 2025

por 11 noviembre, 2012

Si bien el futuro no se puede predecir y no será una simple proyección del pasado, es posible reducir la incertidumbre. El primer paso es identificar los principales “drivers”, fuerzas impulsoras, relativamente estables que asoman como dominantes. Esas tendencias son afectadas por eventos o procesos de distinta probabilidad de ocurrencia pero alto impacto. De dicha interacción emergen escenarios múltiples, los mundos posibles, que ayudan a pensar y a definir políticas y programas. Cada escenario es una visión plausible de cómo las cosas pueden evolucionar.
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(Presentación libro Proyecto País Chile 2025, Colegio Ingenieros de Chile)

A medida que el mundo se torna más complejo e impredecible es más apremiante explorar las tendencias globales y los escenarios futuros. Ningún país puede navegar sin una mirada de largo plazo ni atender a los cambios mundiales. Para gobernar bien hay que tener visión estratégica.

Los trabajos de prospectiva están adquiriendo creciente importancia en el mundo. Su volumen ha aumentado sostenidamente. Los dos más recientes han sido elaborados por la Unión Europea y Estados Unidos. El primero, “Citizens in an Interconnected World. Global Trends 2030”, fue publicado por el European Institute for Security Studies en 2012; el segundo, “Global Trends 2030. Alternative Worlds” en preparación por el National Intelligence Council, será hecho público en EE.UU a fines de 2012.

Algunas naciones pequeñas no se han quedado atrás. Singapur y Finlandia son dos casos de vanguardia. Ambos cuentan con excelentes expertos y sus trabajos les permiten identificar campos donde ganar posiciones antes que los demás. Sus gobiernos poseen equipos que realizan y estimulan estos trabajos.

Chile y América Latina están rezagados. Los estudios de largo plazo son poco conocidos en nuestros países. Los escritos latinoamericanos son esporádicos, realizados por personas aisladas, sin continuidad. Solo Brasil posee más gente abocada a esta tarea.

Mi propia experiencia como ministro de OO.PP fue ilustrativa de esta debilidad. Cuando resolví en 2008 preparar en el MOP una estrategia al 2020, no hallé un marco de referencia. No existía documento estratégico que definiera las prioridades de largo plazo. El Ministerio de Planificación (Mideplan) había dejado hace años esa función; tampoco algún centro universitario sugería una propuesta integral. Constituí un equipo o Consejo Estratégico con personas conocedoras de los principales temas y de diversas posiciones políticas, y a partir de esas visiones ordenamos las prioridades. En cada región efectuamos consultas a actores gubernamentales, empresariales, laborales, sociales y municipales. Esas consultas, y un trabajo técnico de los funcionarios del MOP, dieron origen al documento Chile 2020: OO.PP para el Desarrollo (Santiago, 2010). Esa experiencia develó una de nuestras insuficiencias nacionales: pensamos en coyuntura, sin mirada estratégica,  suponemos que el mercado orienta las decisiones, con prescindencia  de un rol orientador y convocante del Estado.

¿Cómo superar el rezago?

En Chile desapareció el Ministerio de Planificación y se transformó en un órgano coordinador de políticas sociales. Esta carencia es perjudicial. Necesitamos crear una nueva institucionalidad, apropiada para los desafíos del siglo XXI, que supere la planificación normativa de décadas atrás y elabore una orientación estratégica, flexible, para enmarcar proyectos y políticas.

Si bien el futuro no se puede predecir y no   será una simple proyección del pasado, es posible reducir la incertidumbre. El primer paso es identificar los principales “drivers”, fuerzas impulsoras, relativamente estables  que asoman como dominantes. Esas tendencias son afectadas por eventos o procesos de distinta probabilidad de ocurrencia pero alto impacto. De dicha interacción emergen escenarios múltiples, los mundos posibles, que ayudan a pensar y a definir políticas y programas. Cada escenario es una visión plausible de cómo las cosas pueden evolucionar.

Quienes son capaces de discernir los procesos globales futuros aprovechan mejor las oportunidades. Por ello se han multiplicado los estudios por gobiernos, organismos internacionales, universidades o centros independientes. Entre ellos, a modo ilustrativo, cabe mencionar China 2030, elaborado por el gobierno chino con el Banco Mundial, en 2012;  India 2039, (Centennial Group, 2011), Asia 2050, (Asian Development Bank, 2011), Brasil 2022, elaborado por la Secretaría de la Presidencia, 2010;  México 2042 (Centennial Group de y organismos mexicanos, 2012 ). El Colegio de Ingenieros de Chile ha publicado el documento Chile 2025. La CAF encargó el texto América Latina 2040. Y existen muchos otros, sobre temas específicos —energía, agua, comercio, migraciones, alimentos, cambio climático, gobernabilidad y empoderamiento ciudadano.

Para Chile se han realizado varios estudios de largo plazo:Chile 2040: An Analysis of the Population, Economic, and Socioeconomic Dynamics of Chile through 2040 (University of Denver, 2010);   Chile 2030 Vision: Towards a Vision for Agricultural Innovation in Chile in 2030 (World Bank y Ministerio de Agricultura, 2011); Chilean Growth Through East Asian Eyes (World Bank, 2008); La Economía del cambio climático en Chile (CEPAL y Gobierno de Chile; 2009).

La coordinación de estos esfuerzos se debe reforzar y puede ser respaldada por la recién creada Comisión de Futuro del Senado de Chile.

¿Cómo se abordan estos estudios prospectivos?

Si bien el futuro no se puede predecir y no será una simple proyección del pasado, es posible reducir la incertidumbre. El primer paso es identificar los principales “drivers”, fuerzas impulsoras, relativamente estables que asoman como dominantes. Esas tendencias son afectadas por eventos o procesos de distinta probabilidad de ocurrencia pero alto impacto. De dicha interacción emergen escenarios múltiples, los mundos posibles, que ayudan a pensar y a definir  políticas y programas. Cada escenario es una visión plausible de cómo las cosas pueden evolucionar.

Entre las tendencias en curso cabe destacar, A) la evolución  demográfica, el desplazamiento de poder mundial hacia el oriente y el sur del planeta, la expansión de las llamadas clases medias, el  crecimiento de las ciudades, las migraciones entre y dentro de los países. Estos procesos impactan la demanda de alimentos, agua, energía. B) la presión sobre los recursos naturales, y la respuesta  de los países productores, aumentos de productividad, tecnologías sustentables y la disputa política por captar los excedentes. C) la aceleración tecnológica y las llamadas tecnologías disruptivas que abrirán imprevisibles posibilidades. En particular destacan la robótica, la nano tecnología, las telecomunicaciones, el 3D printing  y la energía solar. D) el cambio climático y sus eventuales consecuencias en la agricultura y los desastres naturales. E) el empoderamiento ciudadano gracias a la educación, la expansión de las clases medias y las tecnologías de comunicación, que incidirán de manera imprevisible sobre la gobernabilidad nacional y global.

Los desafíos de Chile

En medio de estas transformaciones, Chile encara grandes desafíos.  Abordarlos con eficacia exige el conocimiento de escenarios globales, y de la experiencia y estrategias de otros naciones, como las nórdicas, Corea del Sur, también de algunas asiáticas y latinoamericanas. También requiere seguir de cerca la evolución de las naciones desarrolladas: Unión Europea, Estados Unidos y Canadá y Japón, y las grandes emergentes: China e India.

Nuestro país está amenazado por una crítica situación energética. Nuestra estructura productiva es subdesarrollada, está concentrada en pocos productos y pocas empresas, con escasa innovación e inversión en tecnología.

El puro crecimiento minero no induce la creación abundante de nuevas empresas, si no hay una política pública deliberada. La estrategia  de “clusters” ha sido abandonada. Los países con mayor potencial de crecimiento, que resisten mejor los shocks externos, son aquéllos que poseen estructuras productivas complejas. La complejidad es la principal variable explicativa del crecimiento y va de la mano con la calidad y variedad de nuestros recursos humanos. (R. Hausman,C.  Hidalgo, et al. “The Atlas of Economic Complexity. Mapping Paths to Prosperity”, Center for International Development, Harvard University; Media Lab, MIT, 2011) Por ello, hemos de utilizar mejor  los excedentes de nuestras riquezas naturales para impulsar una estrategia que genere diversificación productiva en nuevos sectores, desarrollo tecnológico, expansión de nuestro talento humano y  asociación pública  y privada, bajo una conducción del Estado.

Podemos beneficiarnos de un promisorio horizonte agrícola y acuícola, y de una alta demanda de alimentos y minerales. Pero su expansión  requerirá de nuevas tecnologías sustentables, inversiones en nuevos proyectos y el cambio de las normas de uso, ahorro y generación de agua.

Igualmente, hemos de reducir las desigualdades, la segmentación social, la falta de movilidad, el elitismo. Su persistencia es una barrera para la convivencia y el progreso y puede gestarse una situación explosiva. En Chile campean el individualismo y la discriminación, que se manifiestan en latos niveles de desconfianza entre las personas, mientras las experiencias de otras sociedades nos muestran que el éxito está en el trabajo en equipo, la cohesión social y el sentido de comunidad.

El empoderamiento ciudadano en ascenso no es compatible con las estructuras políticas existentes, y habrá que impulsar a tiempo reformas institucionales para elevar la participación y la búsqueda de consensos.

En un mundo multipolar, un país pequeño debe impulsar alianzas internacionales nuevas, trabajar con otros para establecer normas internacionales justas y procedimientos de decisión globales democráticos. Al Estado nacional le compete una responsabilidad primordial.

¿Estamos preparados para gobernar bien?

Cuando un nuevo presidente o presidenta y sus equipos llegan al gobierno ponen en práctica lo que ya se ha pensado y acordado. No hay tiempo para diseñar lo nuevo, apenas para adaptarse a los hechos inesperados, especialmente con gobiernos de cuatro años y sin reelección. Las miradas de largo plazo deben incorporarse entonces a la preparación de los programas presidenciales desde el inicio. Y para que sean sustentables en el tiempo y cuenten con respaldo deben ser objeto de debates que faciliten acuerdos de largo alcance entre los distintos sectores de la comunidad nacional.

Al interior de los aparatos de gobierno deben crearse unidades de planificación estratégica para hacer coherentes el corto y el largo plazo. Y fuera del Estado, la sociedad debe sustentar grupos de estudio, think tanks diversos, que puedan actuar con autonomía y proponer con independencia.

Los desafíos nacionales y mundiales pondrán a prueba nuestra capacidad de anticiparnos. No se gobierna sin rumbo, solo para ser eficiente.

Gobernar bien requiere de la visión de un futuro deseable, consultar a la ciudadanía y compartir un camino.

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Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

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