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El golpe centralista de la UDI y Cía.

por 13 noviembre, 2012

El golpe centralista de la UDI y Cía.
No hay voluntad política. Golborne ya dijo que no le gustaba la elección de gobiernos regionales. La UDI leyó su retroceso en las municipales no como un llamado de atención para asumir “los tiempos modernos”. Opta por la trinchera y la regresión conservadora. Piñera abdicó en estos asuntos relevantes. Allamand no habla de reformas. Bachelet aún no se pronuncia con claridad. ME-O sí ha repuesto la idea de un federalismo moderado.
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El minimum minimorum para la descentralización prometido por Piñera fue derivado por la UDI la semana pasada en el Congreso. Se requerían tres quintos de los parlamentarios para aprobar la idea de legislar en un proyecto de elección directa provincial de los consejeros regionales. No hubo los votos suficientes en el Congreso de la no-reforma: la oposición tenaz de la UDI, y añadimos Cía (y compañía), en referencia a esos curiosos votos de supuestos reformistas que en la hora de la decisión siempre fallan: se abstuvieron, entre otros, Berttolino de RN, Burgos de la DC, Manuel Rojas de Antofagasta, que anuncia su salida de la UDI para competir como independiente. Tampoco votó Marinovic, independiente de Magallanes. Ambos, al parecer son de la línea del regionalismo “pa' mi” (caudillismo) que no quiere un espacio político regional autónomo. Hubo muchos pareos y una docena de ausencias del supuesto “arco reformista” (Concertación más RN, ya que la elección de gobiernos regionales aparece en el documento firmado por Carlos Larraín con Ignacio Walker). Conclusión: no se alcanzaron los tres quintos.

El asunto es grave, un golpe centralista, un caso in extremis de corrupción programática y de falta a los principios constitucionales que la UDI en otros temas ensalza para defender la carta magna del pinochetismo: en las postrimerías del gobierno de Bachelet se aprobó la reforma constitucional que establecía la elección directa de los COREs. Se repite el parangón histórico del centralismo: en la Constitución de 1925 se reestablecieron las asambleas provinciales y nunca se crearon por la desidia de los gobiernos y la omisión lesiva del Congreso.

El paquete regionalista de la derecha ha seguido la tónica de la no-reforma en estas materias del ciclo concertacionista, ya que ha ido acompañado de un llamado proyecto de “profundización de la regionalización”, que en entes regionalistas y académicos, ha sido unánimemente calificado de un fiasco: no otorga recursos, deja al intendente con capacidad de ordenar las sesiones del consejo regional, no traspasa servicios al Presidente Regional, quien ni siquiera nomina al secretario técnico del CORE, etc, etc, etc.

El proyecto era malo, pero un avance. Recordemos que Chile es el único país supuestamente democrático y de desarrollo medio del mundo, que no elige por vía electoral a sus entes regionales. La elección de COREs es un sistema indirecto en una asamblea provincial de concejales municipales y no cumple ninguno de sus roles en los países de democracia avanzada: que sean el ente propio que expresa la soberanía de los habitantes de un macro territorio, que nacen de elecciones donde se han debatido los asuntos regionales, con la autonomía y recursos para hacer sus apuestas. Nada de eso.

El proyecto era malo porque incluía a los parlamentarios como integrantes con derecho a voz de los Consejos Regionales, una verdadera anomalía contra la recta razón y el sentido común, pero era la compensación “para lograr los votos”, aunque discutible por la evidente intromisión del poder legislativo en entes coadministradores de otro nivel subnacional. Además, como se ha explicado hasta la saciedad desde la antigua tesis de Arturo Valenzuela sobre los parlamentarios como “brokers” del poder en Chile; es nefasto fortalecer el rol de agentes de proyectos clientelares de los parlamentarios. Asimismo, al elegirlos por listas de partidos nacionales, impedía la creación de plataformas regionales, claves en regiones en conflicto, como la Araucanía, donde es de perogrullo que plataformas políticas mapuches puedan estar representadas, lo que se hace imposible como independientes (no pueden sumar sus votos), obligándoles a abandonar la identidad de su territorio para tratar de ser partido “nacional” en al menos tres regiones.

El paquete regionalista de la derecha ha seguido la tónica de la no-reforma en estas materias del ciclo concertacionista, ya que ha ido acompañado de un llamado proyecto de “profundización de la regionalización”, que en entes regionalistas y académicos, ha sido unánimemente calificado de un fiasco: no otorga recursos, deja al intendente con capacidad de ordenar las sesiones del consejo regional, no traspasa servicios al Presidente Regional, quien ni siquiera nomina al secretario técnico del CORE, etc, etc, etc, …y un cuento conocido; retórica vacía, acomodos menores, idea de convenios que no se producen de traspaso de poderes.

No hay voluntad política. Golborne ya dijo que no le gustaba la elección de gobiernos regionales. La UDI leyó su retroceso en las municipales no como un llamado de atención para asumir “los tiempos modernos”. Opta por la trinchera y la regresión conservadora. Piñera abdicó en estos asuntos relevantes. Allamand no habla de reformas.  Bachelet aún no se pronuncia con claridad. ME-O sí ha repuesto la idea de un federalismo moderado.

Chile topa fondo con los datos del precenso que son escalofriantes: Santiago y la RM aumentaron su población del 37 % al 40 % de Chile. El peor caso de concentración territorial del mundo (la ciudad de México, Bs. Aires y Lima son “sólo” el 23 % de sus países). Los otros países avanzan con sus regiones electas, con fondos propios, haciendo sus apuestas de desarrollo, con regalías mineras. Ver el auge de Santa Cruz versus Magallanes, de Tacna versus Arica, de Medellín versus Concepción, de Porto Alegre versus Valparaíso… Estamos reos de la UDI y Cía, con un presidente ausente, a la espera de un nuevo poder que permita que nazcan regiones democráticas y fuertes para su desarrollo.

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