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PC Chino: los dilemas del nuevo liderazgo en el año del Dragón

por 16 noviembre, 2012

El ascenso pacífico de China está generando ciertos resquemores. Más allá de las acusaciones en contra de un intercambio comercial considerado desigual por el manejo del yuan y el escaso respeto por los derechos laborales y ambientales, de las represalias frente a acusaciones de dumping, de la calidad de ciertos productos, de los problemas de seguridad que trae la presencia de ciudadano chinos en los distintos países, están los temas militares estratégicos y el cariz belicoso de los enfrentamientos en la región de Asia y el Pacífico entre China y aliados de Estados Unidos como Japón.
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En un reciente artículo en El País, Timothy Garton Ash, catedrático de la Universidad de Oxford e investigador del Hoover Institution de la Universidad de Stanford, expresó que en los últimos días hemos sido testigos de quiénes serán los próximos dirigentes de las dos principales potencias mundiales: Barack Obama (EE.UU.) y Xi Jinping (China), aunque el nombre de este último estaba claro antes de que empezara el XVIII Congreso del PC Chino con sus 2.270 delgados y que representan a cerca de 82 millones de militantes.

Frente a esta dualidad, Garton se preguntaba ¿cuál de las dos superpotencias está en un proceso que la va a hacer cada vez más fuerte? y ¿cuál de las dos es la que va a sufrir una crisis más profunda de su sistema económico y político? A pesar de lo contradictorio que puedan parecer ambas pregunta, se respondía que sería con China.

El propio Presidente chino, Hu Jintao, en su discurso de apertura del Congreso reafirmó la realidad de claros oscuros que enfrenta este gigante asiático, al decir que “en este momento, cuando las condiciones globales, nacionales y en nuestro partido continúan experimentando cambios profundos, nos enfrentamos a oportunidades sin precedentes para el desarrollo así como a riesgos y desafíos no conocidos hasta ahora”.

La primera pregunta (los claros) de esta doble realidad se responde casi por sí sola. El país de 1.350 millones de personas que no tenía como alimentarse en 1949, ha vivido la revolución industrial-tecnológica más rápida y a mayor escala de la historia de la humanidad desde la reforma impulsada en 1978 por el “Pequeño Timonel”, Deng Xiaoping, y que ha repercutido positivamente en todas las esferas y, por lo mismo, en el ascenso descomunal de su estatura político-estratégica a nivel mundial.

En particular en relación a los grandes logros del período de Hu Jintao y Wen Jiabao (primer ministro), Kerry Brown, director del Centro de Estudios de China de la Universidad de Sidney, expresa que son un gran crecimiento del PIB a pesar de la crisis económica internacional desde 2008 y el haber mantenido el consenso político en la élite.

Los problemas tras el crecimiento

Sin embargo, ya convertida en la segunda economía del mundo (la renta per cápita anual se ha quintuplicado en el último decenio, hasta 5.400 dólares aunque en el lugar 90 de este índice), y consolidado su ascenso pacífico como potencia global, sufre de una serie de dilemas de primera magnitud provenientes de la propia evolución sistémica (el lado oscuro) y que deberán ser preocupación principal del nuevo liderazgo. Hu Jintao, reflejando la consciencia sobre este problema, ha dicho que se debería “acelerar la creación de un nuevo modelo de crecimiento y asegurar que el desarrollo esté basado en calidad y comportamiento mejorados”.

El ascenso pacífico de China está generando ciertos resquemores. Más allá de las acusaciones en contra de un intercambio comercial considerado desigual por el manejo del yuan y el escaso respeto por los derechos laborales y ambientales, de las represalias frente a acusaciones de dumping, de la calidad de ciertos productos, de los problemas de seguridad que trae la presencia de ciudadano chinos en los distintos países, están los temas militares estratégicos y el cariz belicoso de los enfrentamientos en la región de Asia y el Pacífico entre China y aliados de Estados Unidos como Japón.

Entre estos desafíos, primero, está la ralentización de la economía a partir de la menor demanda global de las exportaciones chinas debido a la crisis europea y el menor dinamismo de Estados Unidos. El PIB chino creció un 7,4 % en el tercer trimestre, el menor valor desde el primer trimestre de 2009, y muchos académicos y expertos chinos consideran que el actual modelo económico, muy centrado en las exportaciones y la inversión, se ha agotado. Algunos creen que si China no emprende una transformación profunda (entre otros de consumo interno), crecerá para finales de esta década al 5 % anual, una cifra muy inferior al 10 % al año que ha experimentado desde hace 30 años, cifra también prometida por las autoridades.

Segundo, su población urbana ha aumentado en una cifra de alrededor de 480 millones en los últimos 30 años, con el resultado de que hoy más de la mitad de la población vive en las ciudades. Es posible, entonces, que se esté aproximando el momento en el que la reserva de mano de obra barata procedente del campo empieza a agotarse y/o que se puedan mantener salarios bajos y relaciones laborales precarias, lo que la final redundará en el precio y, por ende, la competitividad.

Un tercer problema se relaciona a un desarrollo muy dinámico pero con algunas deformaciones en el contexto de un enorme Estado con grados importantes de descentralización, ha provocado que muchas ciudades hayan acumulado montañas de deudas imposibles de cobrar por instituciones financieras que están en manos del Estado.

En cuarto lugar, el modelo actual —de crecimiento a cualquier precio como dicen algunos— ha dejado a China con Estados Unidos como los mayores emisores de gases con efecto invernadero y los más reacios a disminuir los niveles de CO2 (ambos suman el 40 % del CO2 mundial). En China, al dióxido de carbono se suman otros contaminantes secundarios como dióxido de azufre y óxido de nitrógeno, además la descarga en el suelo y aguas de metales pesados a lo largo del país. Según el diario en inglés China Daily si se adoptase el criterio de Estados Unidos en todo el país, solo en el 20 % de las ciudades la calidad del aire sería calificada de satisfactoria, frente al 80 % actual. El presidente de la Asociación Médica de China Zhong Nanshan dijo que “el cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares vienen aumentando considerablemente y podría seguir empeorando debido a las emisiones de las fábricas, los tubos de escape de los vehículos y el humo del cigarro”.

Un quinto problema es que los problemas laborales, medioambientales y expropiaciones forzosas de tierra en los últimos años han sido las causas de un número creciente de protestas de protestas, hasta alcanzar unas 500 al día en el 2011 (180.000), según expertos de la universidad Qinghua en Pekín.

Sin embargo, este malestar social se está traspasando también al plano político, a partir, tal como lo expresa, Hu Xiaobo, director del Centro de Estudios sobre China en la Universidad Clemson (Carolina del Sur), de que las desigualdades entre ricos y pobres han continuado ampliándose y el nivel de corrupción oficial no ha bajado.

Desde que, con la bendición de Deng Xiaoping, los chinos hicieron suya la frase “hacerse rico es glorioso” y la convirtieron en una fuerza impulsora, en China conviven cientos de millones de pobres que viven con menos de US$ 2 diarios (por cierto otros cientos de millones también han salido de este estado), con 960 mil multimillonarios y 60 mil millonarios de acuerdo al Informe de Riqueza Hurun 2011.

Además del factor de “lucha de clases” que ha ido reintroduciéndose por esta realidad de desigualdad, ella se ve agravada por la fuerte relación de la política y el dinero. Una investigación llevada a cabo hace poco por la agencia Bloomberg calculaba que la fortuna privada total de la familia del nuevo Presidente chino, Xi, se aproxima a los US$ 1.000 millones, mientras otro estudio realizado por The New York Times situaba la de la familia del Primer Ministro saliente, Wen Jiaobo, en torno a los US$ 2.700 millones.

En 2010, el Diario del Pueblo (Renmin Ribao), órgano de difusión del PCCh, se hizo eco de este descontento al indicar que el 91 % de los participantes en una encuesta consideró que “todas las familias ricas de China proceden de la política”. Y en un foro organizado por el mismo Renmin Ribao en marzo pasado, el ex auditor general Lin Jihua, sentenciaba que “muchos de los problemas de corrupción se organizan a través de los hijos e hijas” y que el rápido enriquecimiento de los dirigentes y de sus hijos es “el principal motivo de descontento entre la población”.

Georgina Higueras explica en un artículo de El País, que “la reclusión de los máximos líderes en el Zhongnanhai (la Ciudad Prohibida comunista...) facilitó desde la fundación de la República Popular...la endogamia de los dirigentes. Sus hijos jugaron juntos en los jardines de Zhongnanhai. Después, los chicos acudieron al elitista instituto masculino número 4 de la capital y luego chicos y chicas volvieron a reunirse en las prestigiosas universidades de Pekín y Qinhua (Pekín) y Fudan (Shanghái). Casados entre ellos, sus hijos estudian en Harvard, Cambridge y otras importantes universidades internacionales”. Es, como dicen otros autores, una malla invisible del nepotismo que impregna todos los sectores de la realidad china.

Un caso de esto, resalta Higueras, es el del príncipe rojo y ex secretario del PCCh en la municipalidad de Chongqing, Bo Xilai, ahora expulsado del Politburó PC Chino y a la espera de ser juzgado por abuso de poder, sobornos, múltiples relaciones impropias y ocultamiento del asesinato de un hombre de negocios británico por su esposa, Gu Kailai (sentenciada a la pena capital con dos años de suspensión de condena). Hijo de Bo Yibo, uno de los “ocho venerables” (entre los que estaba Deng Xiaoping), su primera mujer también es princesa, vivió en Zhongnanhai, ha acumulado enormes riquezas y los dos hijos de sus dos matrimonios han estudiado en EE.UU., el primero en Columbia y el segundo en Harvard.

A propósito de la corrupción, Hu Jintao lanzó una seria advertencia de esto al decir que el PC Chino puede desmoronarse si no es capaz de eliminar la corrupción. “Si no somos capaces de gestionar bien este problema, podría ser fatal para el partido y causar incluso el derrumbe del partido y la caída del Estado”. La cuestión de fondo es si China puede hacer frente a la corrupción sin una profunda reforma política que apunte a la participación, transparencia y los checks and balances.

En sexto lugar, por lo mismo las interpelaciones transcienden la nepótica relación dinero-política, para situarse directamente en plano de las reformas políticas y los DD.HH como lo demuestran el encarcelamiento de disidentes como Hu Jia o Liu Xiaobo. Xulio Ríos del Observatorio de China, señala que “la estabilidad no sólo depende ya de la capacidad burocrática para mantener elevados niveles de crecimiento, actualizando permanentemente el intercambio de prosperidad a cambio de sumisión; también del diseño de un marco político alternativo al actual capaz de integrar y gestionar los innumerables cambios sociales generados en las últimas décadas y que tienen su epicentro en la progresiva configuración de una clase media urbana, acomodada y artífice de un dinamismo que encuentra en las redes sociales mecanismos de intervención de compleja representación”. En relación esto, basta decir que hay 500 millones de usuarios de internet conectados.

El debate sobre la reforma política ha estado presente en la agenda de Hu Jintao a través de propuestas con una potencialidad para transcender lo meramente administrativo (gatopardismo), en la perspectiva de enfrentar una inestabilidad al alza y una precaria interpelación a la hegemonía pero que sigue la misma trayectoria. Hu ha dicho que “la reforma de la estructura política es una parte importante de las reforma global china. Debemos continuar haciendo esfuerzos activos y prudentes para llevar a cabo la reforma de la estructura política, y hacer la democracia del pueblo más extensiva, de alcance más completo y práctica más sólida”. Pero el propio Hu ha advertido que China “nunca copiará un sistema político occidental”.

Kerry Brown dice que el actual sistema político chino necesita modernizarse, y la mayoría de los dirigentes y líderes lo saben. Pero miran a lo que pasó en la Unión Soviética cuando se desmoronó, y quieren evitar que esto ocurra en China. Así que no se sienten muy atraídos por los modelos multipartidistas de Occidente. Resalta que quieren preservar la unidad y el buen crecimiento, mientras China se hace más rica, y creen que el sistema de partido único es la estrategia más probable para conseguirlo. Termina pronosticando que a corto y medio plazo (quizás la próxima década) puede que tengan razón. Después de eso, a medida que China se convierta en un país de renta media, las cosas serán más difíciles.

Un séptimo factor que deberá enfrentar el nuevo liderazgo, es el de la integración nacional (objetivo nacional básico) al haber muchas chinas dentro de China. Así, por ejemplo, un caso simbólico es el del Tíbet, donde, desde marzo de 2011, se han prendido fuego 69 tibetanos, de los cuales, según el gobierno tibetano en el exilio, han muerto 55. La mayoría de los miembros de esta minoría vive fuera de la región autónoma de Tíbet controlada por China desde 1950, en provincias como Sichuan, Gansu y Qinghai.

Por último, el ascenso pacífico de China está generando ciertos resquemores. Más allá de las acusaciones en contra de un intercambio comercial considerado desigual por el manejo del yuan y el escaso respeto por los derechos laborales y ambientales, de las represalias frente a acusaciones de dumping, de la calidad de ciertos productos, de los problemas de seguridad que trae la presencia de ciudadano chinos en los distintos países, están los temas militares estratégicos y el cariz belicoso de los enfrentamientos en la región de Asia y el Pacífico entre China y aliados de Estados Unidos como Japón. Una encuesta reciente del centro sociológico estadounidense Pew Research Center muestra que la desconfianza mutua entre las poblaciones china y estadounidense está aumentando con gran rapidez.

La Generación de la Reforma

El XVIII Congreso del PCCh decidirá la composición del Comité Central (unos 200 miembros), que a su vez elegirá al Politburó (25 miembros) y el Comité Permanente del Politburó (actualmente integrado por 9 personas pero que podría variar). Este entronizará a los llamados príncipes (taizidang) como lo expresa José Reinoso, hijos de personalidades relevantes, al frente del destino de China durante los próximos 10 años.

Dos miembros del actual Comité Permanente continuarán en el próximo: Xi Jinping (quien desempolvó el apoyo del ex Presidente Jiang Zemin y de cercanos como el ex Vicepresidente Zeng Qinghong) y el viceprimer ministro Li Keqiang, que en marzo se prevé que sustituya a Wen Jiabao como primer ministro. Otros claros candidatos a integrar el máximo órgano de poder en China son el viceprimer ministro Wang Qishan; el también viceprimer ministro y jefe del partido en Chongqing, Zhang Dejian, y el ministro de propaganda, Liu Yuanshan (Cheng Li, en su artículo “The Battle for China’s Top Nine Leadership Post” da buenas pista de los posibles y de quién es quién).

En todo caso, la composición exacta no se conocerá hasta el final del Congreso, aunque este seguramente se inclinará por un consenso entre a liberalconservadores y socialreformistas que evite la fractura y garantice la posición hegemónica del PCCh, paradójicamente cada día más vulnerable por sus dificultades para disimular irritantes carencias éticas (corrupción y despilafarro), desmentir ciertas obsolescencia de su proyecto o por la acción espontánea y convergente de los nuevos actores que paso a paso dan vida a una China paralela, efervescente y dinámica, como observan algunos columnistas.

Este cónclave deben reflejar esa apuesta por el mínimo común denominador capaz de aglutinar en medio de signos conflictivos, en un ingente esfuerzo que debe evitar una de las peores pesadillas, la evocada por el defenestrado neomaoísta Bo Xilai al reivindicar un pasado de enfrentamiento y división. Pero también debe servir de catalizador para introducir reformas por el bien de los propios intereses nacionales.

Jean Marie Colombani en un artículo del El País expresaba que “el PCCh ha decidido celebrar su 18º Congreso apenas unos días después de las elecciones estadounidenses”. Recalca que “no podría haber un símbolo más explícito de la nueva jerarquía planetaria (que quiere jugar): China se ha convertido en la segunda potencia y espera llegar a convertirse en la primera”. Afirmaba que “nunca he olvidado aquella conversación grabada en Shanghai hace diez años en la que un alto dirigente del partido afirmaba que el XIX había sido el siglo de la humillación; el XX, en su período comunista, el siglo de la “restauración”, y el XXI está destinado a ser el siglo de la “dominación”.

La estabilidad interna y esta trascendencia en las relaciones de poder, en todo caso, deberá tener como correlato reformas económicas y políticas no menores si es que no se quiere sufrir un estancamiento. Aquí radicará la legitimidad del nuevo liderazgo.

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Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

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