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Editorial

Editorial: Poder, coherencia y transparencia

por 19 noviembre, 2012

Editorial: Poder, coherencia y transparencia
La capacidad de escrutinio que obra en poder de los ciudadanos resulta una contrapartida del ojo vigilante y poder coercitivo legal que tiene el Estado, al que le exige sea transparente. También es un instrumento de equidad frente al poder económico, que les sirve a los ciudadanos para resguardar la simetría en materia de derechos.
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Existe hoy una demanda ciudadana de estricta coherencia y veracidad entre lo que se dice y lo que se hace. Este es el nuevo dilema que deben resolver los hombres públicos, especialmente los políticos y sus asesores de imagen y comunicaciones.

La recomendación obvia es que antes que buscar vínculos de privilegio con los medios de comunicación, o ejercitar sobre ellos el peso de su poder político o empresarial, los hombres y mujeres públicos deben entender que su principal atributo en la sociedad moderna es la veracidad de lo que afirman y la coherencia de la imagen que cultivan.

Ello proviene de un hecho bastante práctico. A diferencia del pasado, en que el poder podía dominar con cierta facilidad la agenda pública y manipular a los medios, la sociedad de hoy está dominada por la transparencia y la posibilidad real, técnica y política, que las conductas incongruentes o mentirosas queden rápidamente en evidencia. El dicho que nada es secreto, todo es público, se cumple a la perfección.

No son solo hechos tecnológicos propios de la era digital. También han cambiado las percepciones acerca de lo que es público y lo que es privado. Se ha ampliado el perímetro conceptual de lo público, y en él se incluyen hoy conductas que en el pasado se consideraban privadas.

Si se desea conocer las orientaciones sexuales, el ámbito de los negocios o la visión sobre la familia que tienen los candidatos no es para reprochar, sino para discernir con conocimiento sobre su sinceridad, en un contexto de pluralidad de intereses. Y si alguien se presenta en la política de la mano con la esposa y los hijos y un cierto discurso, se espera que sea veraz al respecto, y que no los está instrumentalizando.

El país ha ingresado a un período electoral continuo hasta  finales de 2013, en el cual la transparencia y la coherencia estarán en el centro del debate tanto por la crisis de confianza que golpea a la política, el padrón ciudadano que se abstiene políticamente, como los cambios que el país debe hacer a su modelo de desarrollo.

Esa capacidad de escrutinio que obra en poder de los ciudadanos resulta una contrapartida del ojo vigilante y poder coercitivo legal que tiene el Estado, al que le exige sea transparente. También es un instrumento de equidad frente al poder económico, que les sirve a los ciudadanos para resguardar la simetría en materia de derechos.

Son escrutables de manera natural los gobernantes, tanto por la exigencia de cumplimiento legal de sus competencias como por el sentido de legitimidad social y política de sus acciones. Son representantes y hay que controlarlos.

También lo son los empresarios, sobre todo en un sistema como el chileno que hace virtud de la asociación público-privada como motor de su economía. En especial por las acciones en sectores donde existen monopolios naturales, o una baja competencia, en los servicios públicos concesionados y en aquellos que convocan a economías de esfuerzo colectivo anónimo, como los bancos, las sociedades anónimas y otras.

Y por supuesto, son escrutables los políticos y sus partidos, por ser los intermediarios naturales entre intereses privados y públicos en una democracia, y la organización que recluta el personal para los cargos públicos y ejerce el poder de gobierno en caso de ganar las elecciones.

Si en esas esferas alguien construye su imagen o enfrenta una campaña basado en su adhesión a las virtudes de hombre de familia, el cumplimento estricto de sus deberes cívicos, el servicio público desinteresado o una religiosa honestidad en sus negocios, debe saber que tendrá una cadena indeterminada de personas que estarán observándolo a ver si paga sus impuestos, tiene una vida licenciosa o vínculos ilegales. Si es así, muy rápido será noticia en las redes sociales y en los medios.

La responsabilidad de estos es informar con veracidad y equilibrio, brindando la oportunidad  a los involucrados a expresar libremente sus descargos y opiniones, de manera fundada y en igualdad de condiciones.

Es útil señalarlo pues en las campañas electorales los candidatos buscan atacar las incoherencias del adversario, hecho que los medios replican, por lo que resulta fácil, si no se cumple con manuales de equilibrio y responsabilidad periodística, caer en el abuso con fines políticos.

El país ha ingresado a un período electoral continuo hasta finales de 2013, en el cual la transparencia y la coherencia estarán en el centro del debate tanto por la crisis de confianza que golpea a la política, el padrón ciudadano que se abstiene políticamente, como los cambios que el país debe hacer a su modelo de desarrollo.

En medio de esas tensiones, la construcción de imágenes ad hoc será la mayor tentación para alcanzar el triunfo. Los candidatos deben entender que es también su mayor riesgo si construyen perfiles que no son coherentes o se alejan demasiado de la realidad. En cualquiera de esos casos, el deber de los medios es informar con el único requisito de veracidad y equilibrio, y el solo límite ético del respeto a la intimidad.

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