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La Haya: diplomacia, medios y opinión pública

por 3 diciembre, 2012

La confidencialidad de los asuntos internacionales se ve hoy relativizada por el avance cultural de los procesos de transparencia y porque la distancia hacia las negociaciones y transacciones internacionales ha disminuido fundamentalmente por el rol más activo de las redes sociales y la disponibilidad de información en nuevos formatos.
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En los últimos años la política exterior ha vivido un proceso progresivo de participación ciudadana. Las cumbres y foros multilaterales han generado diversos espacios para la sociedad civil. Una parte no despreciable de los temas emergentes en políticas públicas ha tenido una dimensión internacional, dando paso a la denominada diplomacia sectorial. Lo anterior realza la idea de que el Estado ya no es el único actor internacional relevante. Las acciones en el ámbito exterior de organizaciones en derechos humanos o medioambiente, han puesto de manifiesto el impacto de los ciudadanos organizados sin necesidad de un Estado intermediario.

Sin embargo, y pese a todo lo anterior, todavía es posible suponer una brecha de información entre lo que ocurre en la esfera internacional y lo que sobre aquel ámbito entiende el ciudadano. Las alternativas, para explicar esta asimetría, son históricas: las relaciones internacionales suelen acudir, por naturaleza, más al expediente de la reserva que otros asuntos de Estado, en ellas se manejan códigos propios, tras los cuales se han instalado percepciones de complejidad y tecnicismo y, quizás lo más evidente, los incentivos que los ciudadanos tienen para intervenir en estos temas son bajos, porque también es débil el impacto —se suele entender— tendrían las relaciones internacionales en su vida cotidiana.

La confidencialidad de los asuntos internacionales se ve hoy relativizada por el avance cultural de los procesos de transparencia y porque la distancia hacia las negociaciones y transacciones internacionales ha disminuido fundamentalmente por el rol más activo de las redes sociales y la disponibilidad de información en nuevos formatos.

Esta es, sin embargo, una realidad cambiante, ya que la confidencialidad de los asuntos internacionales se ve hoy relativizada por el avance cultural de los procesos de transparencia y porque la distancia hacia las negociaciones y transacciones internacionales ha disminuido fundamentalmente por el rol más activo de las redes sociales y la disponibilidad de información en nuevos formatos.

En síntesis: dos realidades cada vez en menor colisión: por un lado la discreción de los asuntos diplomáticos y, por otra, los altos niveles de conectividad de las redes sociales y nuevos medios de comunicación: el posteo, el blog y el Twitter son hijos de la globalización, honrando en sus conductas este sello de origen que los hace traspasar fronteras y continentes a velocidades antes impensables.

Interesante es entonces detenerse a pensar cuáles serán las percepciones y reacciones, en este nuevo escenario, que los alegatos del arbitraje que sostienen Chile y Perú en la Corte de La Haya, propiciarán con su estreno. Recordemos que habrá transmisión en directo de las intervenciones de las partes, por diversos medios tecnológicos, con la consiguiente liberación de información.

Así las cosas quisiéramos llamar la atención en torno a tres elementos que consideramos interesantes de examinar. El primero es la potencialidad de difundir un tema, por definición complejo e inundado de tecnicismos, en una comunidad amplia, que vaya más allá de la audiencia tradicional para ese tipo de materias.

En segundo lugar la posibilidad, para quienes conducen y acompañan este proceso, de aprovechar esta nueva cobertura informativa para un espacio de verdadera “pedagogía de la controversia”. Lo anterior significa orientar a los ciudadanos con ciertos criterios de contexto, auxiliando una opinión razonada.

Lo tercero, determinado por la velocidad —casi instantánea— de las redes sociales, lo cual sin duda representa un riesgo —adelantar opiniones en la euforia o desinformación—, es la ocasión de que los liderazgos responsables e informados logren penetrar las esferas de lo mediático con eficacia. En términos simples: mensajes sencillos y bien orientados, con prontitud y decisión, que sin perder el norte de los valores comprometidos, capten la sensibilidad y el interés de un ciudadano “conectado” en los nuevos flujos de comunicación.

En suma los alegatos que tendrán lugar los próximos días, estarán expuestos al intenso escrutinio de las redes sociales lo que debe ser asumido como una oportunidad: cada mirada particular, cada opinión emitida, aportará a la suma total de voluntades que nos debiera permitir construir como Estado un mejor clima ciudadano, en un contexto de acercamientos más que de diferencias jurídicas y de opiniones binacionales simultáneas, que contribuyan a tender puentes y empatías, paralelas a aquellas que se siembran en la sobriedad y el rigor propios de la diplomacia.

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