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Editorial: La Haya, el día después

por 4 diciembre, 2012

Editorial: La Haya, el día después
Todo diferendo fronterizo tiene un escenario territorial que le pone vida a la disputa, y que en este caso son Tacna y Arica. Miradas con el mayor realismo político, las cosas desde allí se ven bastante diferentes, o al menos con matices importantes respecto de cómo las enfocan los gobiernos centrales.
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Es evidente la existencia de una doble tensión en el diferendo que se tramita en La Haya entre Chile y Perú. Una cosa es lo que piensan y exponen sobre el tema las cancillerías de Lima y Santiago, y otra la opinión de la población y las autoridades en Tacna y Arica.

Como todo litigio internacional que en su pasado tiene conflictos bélicos, es en gran medida una construcción cultural y jurídica de las elites políticas de ambos países, cuya retórica inevitablemente se aleja mucho de las soluciones objetivas y se acerca peligrosamente a las emociones.

En este caso, las autoridades de ambos países, por más que traten de mostrarse serenas y seguras respecto de sus argumentos, veladamente dejan entrever los sedimentos emocionales del pasado y la preocupación de cómo explicar y qué hacer el día después, si el resultado es desfavorable a sus posiciones.

La posición de Colombia, adoptada luego de conocer el fallo de La Haya en su diferendo con Nicaragua es un ejemplo de cómo ningún gobierno desea comunicar a sus ciudadanos una mala noticia en asuntos de soberanía, sin mostrar al menos una reacción fuerte. El presidente colombiano experimentó una caída dramática en su popularidad y Torre Tagle percibió su decisión de abandonar el Pacto de Bogotá como  una amenaza directa a la solución pacífica de las controversias en el continente, con riesgo de contagio para Chile.

Pareció que luego del fallo sobre Colombia y Nicaragua nuestro gobierno se percató que ningún tribunal de derecho internacional es puramente jurídico, y que la estrategia de encapsular jurídicamente el diferendo puso a Chile fuera de un juego de acción diplomática y política del cual ellos no pueden sustraerse, aislando al país.

En Chile, el optimismo dio paso a la preocupación, la que se vio teñida por el conocimiento del acuerdo entre Perú y Ecuador sobre su límite marítimo, hecho que apunta a uno de los temas más sensibles de la argumentación chilena, cual es el carácter de tratado de los acuerdos sobre Zona marítima de 1952 y 1954.

Pareció que recién ahí nuestro gobierno se percató que ningún tribunal de derecho internacional es puramente jurídico, y que la estrategia de encapsular jurídicamente el diferendo puso a Chile fuera de un juego de acción diplomática y política del cual ellos no pueden sustraerse, aislando al país.

Ello es más claro si se considera que más complejo que ese acuerdo, es el hecho de que Bolivia, uno de los principales afectados (por comercio y aspiraciones marítimas) por lo que resuelva La Haya, ha anunciado acción en contra de Chile, aun cuando es Perú el que terminantemente objeta como inútil cualquier consideración sobre el país altiplánico en el tratamiento del diferendo.

En una entrevista de fin de semana, el Presidente Sebastián Piñera habló del día después y del futuro. Resulta evidente, al menos en el caso de Chile, que ello no se ha reflexionado seriamente y que hay pocas luces reales sobre qué hacer.

Todo diferendo fronterizo tiene un escenario territorial que le pone vida a la disputa, y que en este caso son Tacna y Arica. Miradas con el mayor realismo político, las cosas desde allí se ven bastante diferentes, o al menos con matices importantes respecto de cómo las enfocan los gobiernos centrales.

Un reciente encuentro binacional con destacadas y representativas figuras académicas, empresariales, militares y políticas de ambos países efectuada en Tacna y Arica dejó en evidencia las distancias entre las regiones y el centro. Mientras las cancillerías argumentan sobre medidas de confianza mutua, diálogos sinceros, respeto del derecho internacional y convergencia post fallo, con pocos hechos concretos que respalden tales afirmaciones, en la zona de frontera la sociedad vive absorta en el intercambio comercial, el desarrollo compartido de los recursos y los problemas de la integración y la convivencia. Aunque con muy poca incidencia en el perfil del diferendo o conflicto y la entidad de las soluciones.



En el caso específico, los impactos de La Haya se dejarán sentir fuerte en la  industria pesquera, el comercio y las exportaciones de Bolivia por el puerto de Arica, y la economía comercial y de servicios de Tacna y Arica, que en el fondo apuntan a un desarrollo de triple frontera.

Para Lima y Santiago esa es zona extrema y se la ve como un asunto puramente de soberanía. Ella prioriza la construcción cultural del otro nacional, con toda la carga emocional del pasado. Para la gente que vive y trabaja allí, el tema es diferente. No hay posibilidad de desarrollo sin equilibrio transfrontera. El manejo eficiente de la biomasa de la anchoveta, por ejemplo, principal producto pesquero de la zona, no se puede hacer sin poner de acuerdo a la industria de uno y otro lado. La infraestructura y conectividad implican desarrollos de puerto y aeropuerto para los tres países y no para dos localidades.

Las patrullas navales en las pesquerías (alguien sugirió en la mencionada reunión la posibilidad de iniciar patrullajes conjuntos como símbolo de acatamiento pacífico antes del fallo) afecta principalmente la pesca artesanal, cuyas naves no tienen GPS, y que han sido capturadas por casi 50 años y multadas  como transgresoras a uno y otro lado de la frontera actual. Los temas de seguridad frente al narcotráfico y crimen organizado son necesariamente de cooperación.

Nadie puede negar que el juicio genera incertidumbre porque alguien va a perder con el fallo, que está en manos de terceros. Lo que queda por hacer es abocarse a los hechos con el mayor realismo posible, pues ni los mitos ni las soluciones existen en el aire, sino que se asientan en conductas y hechos reales, pasados o actuales. Por lo tanto sin ellos, no hay día después.

Hasta ahora, la sofisticada trama diplomática que llevó el caso a La Haya, poco tiene de vida real. La región está lejos y poco se oye a sus actores sociales. El menú actual es de espectáculo y está en La Haya. Pero los impactos directos están en la región y manejarlos es asunto de liderazgo efectivo de gobierno. Ese es el test  a ambos lados de la frontera.

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