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La difícil gobernabilidad postransición y los nuevos desafíos de la política en Chile

por 10 diciembre, 2012

La difícil gobernabilidad postransición y los nuevos desafíos de la política en Chile
Una sociedad civil empoderada, y algunos grupos con una alta capacidad de movilización cuestionan las bases de dicha gobernabilidad, complejizando cada vez más la toma de decisiones y la provisión de bienes públicos. Actualmente, todo lo que sea autoridad y orden es cuestionado por vulnerar derechos y libertades.
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Hoy, Chile vive una paradoja difícil de entender para un observador foráneo. Por un lado, el país goza de niveles de estabilidad política e indicadores macro económicos saludables, todo ello pese a la crisis sub prime y de la zona euro, que han afectado con distinta intensidad al mundo entero. Un crecimiento económico por sobre el promedio latinoamericano y mundial, niveles de pleno empleo y un PIB per cápita en torno a los US$ 19.000, junto con políticas fiscales responsables, tienen a nuestro país en el umbral del desarrollo.

Pero al mismo tiempo, Chile enfrenta un conjunto de problemas y disyuntivas, producto del nivel de desarrollo alcanzado, que están dislocando los soportes de la gobernabilidad tal y como la entendíamos en la transición a la democracia. Hoy, una ciudadanía empoderada, personas con acceso a nuevas tecnologías y niveles de consumo antes inexistentes, tensionan de forma creciente a los tomadores de decisión, quienes ya no pueden hacer políticas públicas entre cuatro paredes.

¿Cuál es el antes y el después? En las fases iniciales de la transición, los chilenos querían un gobierno estable y moderado, dado el recuerdo de la ingobernabilidad de la administración de Allende, y los 17 años de autoritarismo. Ello se tradujo en la denominada “democracia de los acuerdos”, que supuso retirar del debate político algunos asuntos espinudos y polémicos que podían amenazar la naciente poliarquía. Dicho “pacto” o modo de hacer las cosas fue necesario para garantizar una transición exitosa.

Hoy el liderazgo político requiere que quienes detenten puestos de autoridad estén dispuestos a correr riesgos y tomar decisiones a veces impopulares en lo inmediato, pero que impactarán positivamente en la calidad de vida de las personas en el mediano y largo plazo. Los líderes del futuro deberán hacerse cargo de este escenario y plantear su visión de país y proyectos de política pública con coherencia y fuerza, no limitándose a seguir la corriente de las encuestas.

Ahora bien, entendiendo la gobernabilidad democrática como un péndulo entre autoridad y libertad, en las fases transicionales dicho péndulo se inclinaba más hacia la autoridad. Una sociedad civil menos politizada y moderada, así como actores políticos protagónicos prudentes con discursos conciliadores y el rol jugado por instituciones como la Iglesia y las FF.AA., sólo por mencionar algunos, permitieron dotar al país de una gobernabilidad necesaria en un momento de tránsito desde un régimen autoritario a una democracia.

Pero hoy, dicha solución al dilema de la gobernabilidad basada en los consensos parece desgastada y agotada. Una sociedad civil empoderada, y algunos grupos con una alta capacidad de movilización cuestionan las bases de dicha gobernabilidad, complejizando cada vez más la toma de decisiones y la provisión de bienes públicos. Actualmente, todo lo que sea autoridad y orden es cuestionado por vulnerar derechos y libertades. ¿Se desplazó el péndulo hacia el lado de la libertad? Es temprano aún para realizar un diagnóstico definitivo. Quizás Chile se enfrenta a un reordenamiento de prioridades entre ambos polos (autoridad y libertad) asociado al nivel de desarrollo alcanzado. La naturaleza de algunas de las demandas apunta en ese sentido.

Cualquiera sea la respuesta, lo concreto es que los gobernantes y representantes deben tomar decisiones cada vez más complejas. La provisión de bienes públicos se ve enfrentada a una multiplicidad de intereses particulares con recursos de movilización y acceso a medios de comunicación masivos. La construcción de cárceles, vertederos o la colocación de antenas choca contra vecinos o habitantes molestos y no dispuestos a ceder parte de su bienestar individual o familiar por un bien colectivo superior (es el fenómeno not in my backyard). La libertad individual parece estar siempre por sobre el bien común.

¿Cómo resolver la tensión? No tenemos una respuesta clara a dicha interrogante. No obstante, hoy el liderazgo político requiere que quienes detenten puestos de autoridad estén dispuestos a correr riesgos y tomar decisiones a veces impopulares en lo inmediato, pero que impactarán positivamente en la calidad de vida de las personas en el mediano y largo plazo. Los líderes del futuro deberán hacerse cargo de este escenario y plantear su visión de país y proyectos de política pública con coherencia y fuerza, no limitándose a seguir la corriente de las encuestas.

En síntesis, el dilema de la nueva gobernabilidad debe ser visto como una oportunidad. Aquellos que miren este dilema sólo en la coyuntura, optarán por dónde esté el péndulo (o a favor del orden a toda costa o a favor de los que se movilizan). Ese no es el camino para la gobernabilidad democrática postransición.

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