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La Haya: los costos y equívocos de la tesis del "encapsulamiento"

por 10 diciembre, 2012

La Haya: los costos y equívocos de la tesis del
Nuestra diplomacia cambió en los últimos años. Y del enfriamiento pasamos al “abuenamiento”. Conforme a la nueva política, nos acercamos a Lima. Delegaciones del más alto nivel viajaron al Perú, allí proclamamos que había que dejar “en La Haya lo que es de La Haya” y que debíamos adoptar una nueva estrategia, la de las cuerdas paralelas, o sea, demandas a la soberanía en La Haya y buenos negocios en lo bilateral.
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La semana pasada fuimos testigos de los avatares del juicio en La Haya, nada nuevo y todo muy jurídico. Pero la peor lectura sería la de querer encapsular todo el diferendo en su exclusiva dimensión jurídica, de por sí, solo para entendidos.

Desde un principio la estrategia diplomática peruana fue la de “encapsular” el tema, pretender que el diferendo marítimo no dañaba la relación bilateral. Nuestra diplomacia reaccionó en sentido contrario. No podía ser de otra manera, como hemos dicho, es difícil que un país cometa una acción inamistosa en contra nuestra (como desconocer un tratado vigente) y, al mismo tiempo, pretenda que no pasa nada.

Chile enfrió la relación bilateral. Se le hizo sentir al Perú que su acción era hostil contra nuestros intereses

Sin embargo, nuestra diplomacia cambió en los últimos años. Y del enfriamiento pasamos al “abuenamiento”. Conforme a la nueva política, nos acercamos a Lima. Delegaciones del más alto nivel viajaron al Perú, allí proclamamos que había que dejar “en La Haya lo que es de La Haya” y que debíamos adoptar una nueva estrategia, la de las cuerdas paralelas, o sea, demandas a la soberanía en La Haya y buenos negocios en lo bilateral.

Ecuador siempre buscó las mejores relaciones con Chile, y fue fielmente correspondido. De este modo, cuando en Quito percibieron que Santiago “quería abuenarse con Lima”, sintieron una profunda orfandad, ante un eventual escenario de nuevos problemas en el norte y el sur de sus fronteras. Por ello, si la diplomacia peruana le ofrecía todo tipo de garantías en materia de límite marítimo, optó finalmente por lo obvio, defender sus propios intereses, y por ello es posible entender que Ecuador es quien más ganó con el juicio de La Haya, sin agotar ningún recurso. El Perú reconoció sus límites marítimos y, de paso, le ofreció todo tipo de garantías de seguridad. Felicitaciones a la Cancillería ecuatoriana.

¿Cómo se explica este giro? La Historia lo explicará en su momento, pero lo que podemos decir ahora es que ese giro de la diplomacia chilena produjo profundos efectos geopolíticos en nuestra relación con Quito y La Paz.

Ecuador, a fines de la década pasada, enfrentaba un doble desafío: tenía graves problemas con el gobierno colombiano de entonces, su territorio había sido bombardeado por fuerzas colombianas. Y para nadie es un misterio que las relaciones de Ecuador con Perú nunca habían sido cómodas.

Por ello, Ecuador siempre buscó las mejores relaciones con Chile, y fue fielmente correspondido. De este modo, cuando en Quito percibieron que Santiago “quería abuenarse con Lima”, sintieron una profunda orfandad, ante un eventual escenario de nuevos problemas en el norte y el sur de sus fronteras. Por ello, si la diplomacia peruana le ofrecía todo tipo de garantías en materia de límite marítimo, optó finalmente por lo obvio, defender sus propios intereses, y por ello es posible entender que Ecuador es quien más ganó con el juicio de La Haya, sin agotar ningún recurso. El Perú reconoció sus límites marítimos y, de paso, le ofreció todo tipo de garantías de seguridad. Felicitaciones a la Cancillería ecuatoriana.

Otro tanto ocurrió en La Paz, donde vieron que la “agenda de los 13 puntos” se fue empantanando hasta la inanición, mientras Santiago optaba por abuenarse con Lima. Lejos quedaban los días en que Chile y Bolivia buscaban mediante un respetuoso dialogo, construir una fórmula de entendimiento de recíproca conveniencia.

Recordemos que cuando el Perú presentó la demanda marítima, el presidente Morales señaló que se trataba de una maniobra en contra de Bolivia y tuvo un áspero intercambio con Alan García. Por el contrario, el acercamiento —a pesar de la demanda ya presentada en La Haya— desencadenó en las élites bolivianas el temor al síndrome polaco, al igual que Hitler y Stalin con Polonia, Perú y Chile se acercaban y con ello sellaban la suerte de Bolivia.

Así, cualquiera haya sido el fundamento de que nuestra diplomacia aceptase la tesis limeña de “las cuerdas separadas” y del “encapsulamiento”, lo cierto es que desencadenó todo tipo de lecturas equívocas en la geopolítica regional.

Por ello, sincerar las relaciones, recuperar la diplomacia, y no esperar que buenos abogados y buenos negocios basten para resolver las relaciones vecinales es indispensable. Por cierto, todos queremos que Chile gane el juicio, pero pensando a futuro, es necesario construir políticas que permitan descomprimir tanta desconfianza y tantos equívocos. Chile y todos los demás países podemos ganar mucho si construimos confianza y trasparencia en nuestras relaciones. Esa es nuestra responsabilidad, y no heredarles a las nuevas generaciones los conflictos del siglo XIX.

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