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Politizar la ciencia

por 10 diciembre, 2012

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Una columna de Más Ciencia para Chile en el diario The Guardian traslada las demandas gremiales de los científicos Chilenos al ámbito internacional, sumándose a otros clamores como el publicado en  la revista Science. La idea fuerza defendida por Más Ciencia y otras organizaciones de científicos es que Chile necesita una nueva institucionalidad para la ciencia y la tecnología, del tipo ministerio. Sin embargo, esta demanda viene de la mano con un vacío tremendo de politización. Es más, el párrafo que abre la columna en The Guardian argumenta: “La politización de la ciencia está evidenciándose crecientemente como dañina al avance de la ciencia”.

Un ciudadano escéptico de la ciencia (los hay muchos) podría legítimamente refutar la aparente arrogancia con que la comunidad científica trata de imponer una supuesta neutralidad política. La sutileza con que se sugiere  que la política debiese someterse a lo que se viene a llamar “evidencia” es un gesto tremendo de petulancia y presunción intelectual. Por lo mismo, es más fácil desestimar los gritos de quienes hacemos lo posible por avanzar el conocimiento, investigando en las distintas áreas del saber con un sentido de lo público presente, y por lo tanto, con una base de política que motive la búsqueda del saber.

La noción de politización que defiendo acá tiene que ver con promover posiciones sobre las cuáles la ciencia y la investigación debiesen tener algún tipo de atención en el sistema público. Ello significa bases ideológicas, por lo que implican una teoría social sobre cómo distribuir los recursos sociales generados por un colectivo al que llamamos país o Estado. También significa  bases políticas, pues implican una posición de fuerza que se defiende frente a otras posiciones. Es difícil entender cuáles son esas posiciones en el conflicto que ha sacado a los científicos a la calle y a los diarios durante las últimas semanas, y prima un incomprensible utilitarismo de las instituciones, en ausencia de la política.

Creo que hay al menos cuatro posiciones políticas que deben ser debatidas y defendidas en el seno delas asambleas de científicos. Quizá eso ayude a definir qué institucionalidad o instrumentos son necesarios para avanzar hacia un horizonte de desarrollo científico.

Primero, una posición ideológica sobre la naturaleza de la ciencia y la investigación. Los científicos e investigadores chilenos, muchos encerrados en sus burbujas normativas sobre lo que es y no es ciencia e investigación, no han avanzado orgánicamente en una reflexión abierta sobre lo que los constituye como tales. Al desestimar esta reflexión, muchos caen en la realidad ficticia de expresar que su pensamiento es neutral y objetivo, y no está influenciado por su tiempo,contexto, historia, y sensibilidad y percepción. Por ello, la idea de una “política basada en evidencia” no le hace justicia a la política misma, ni a la ciencia e investigación, pues las muestra como un procedimiento sobre el cuál la humanidad pierde control. Pensar en política de ciencia e investigación es humanizar las ciencias, dotarlas de discurso, de sentido colectivo.

Segundo, una posición ideológica explícita sobre la capacidad de apropiarse del conocimiento. Si se quiere obtener apoyo público y politizado para los científicos e investigadores, el discurso debe moverse más allá del estereotípico ‘rol social’de la ciencia. Ello implica cuestionar temas como el ambiente institucional que promueve la apropiación del conocimiento y su estimación como una mercancía. ¿Cuántos científicos han sacado la voz para cuestionar la creciente creación de oficinas de patentes en las universidades públicas? ¿Cuántos científicos han cuestionado con fuerza los contratos secretistas para hacer tesis e investigaciones con fines de lucro usando infraestructura pública? ¿Cuánto de lo investigado y descubierto en Chile con dineros públicos es reportado en revistas de acceso abierto, y en formatos accesibles al público? ¿Cómo se hacen cargo los científicos de la educación científica para las mayorías?

Tercero, una posición teórico-ideológica sobre la innovación y tecnología. La innovación no es un fenómeno que puede ser reducido al desarrollo instrumental de la ciencia. La innovación, y por ende la tecnología, requieren de sistemas sociales que promuevan una organización de la intencionalidad humana (por lo tanto, un sistema político), y también que promuevan una socialización abierta y colaborativa de los saberes. ¿Por qué los científicos no han sacado una voz fuerte que cuestione las notables incapacidades para generar colaboración que se imponen con los “fondos competitivos”? ¿Por qué la investigación aplicada con recursos públicos debe ser desarrollada privando de innovaciones al resto de la población? ¿Cómo asegurar la innovación desde lo público sin que esa innovación sea privatizada para el beneficio de unos pocos?

Cuarto, una posición teórico-política sobre el trabajador de la investigación y las ciencias. No es ningún secreto que Chile, que su sociedad, está cruzada por la irremediable contradicción de haber impulsado la educación como una puerta de movilidad social sin que ello tenga un correlato con lo que está ocurriendo en la estructura de oportunidades del país.  Esa misma realidad implica que la ciencia e investigación cada vez más se sostengan en un segmento social que ha visto en ella una forma no solo de búsqueda de saber,sino también de búsqueda de un sueldo con el cual vivir. La precarización de los post-grados, de la investigación misma, los contratos temporales “por proyecto”, los contratos de “académicos taxi” y el silencio de las comunidades académicas a esa forma de organización laboral no entregan pistas sobre qué posición hay respecto de este tema. ¿Qué puede resolver una nueva institucionalidad si se mantienen las mismas lógicas y posiciones?

Escribo esto como un investigador, formado como científico y preocupado de lo que ocurrirá con la ciencia en nuestro país. Percibo cierta incapacidad del discurso actual de los científicos organizados en sus instituciones tradicionales -y algunas otras nuevas- por incluir a otros sectores sociales en el debate sobre la ciencia. Esta inclusión no se trata de los procedimientos, de llamar a tal o cual organización o parlamentario para que firme una declaración. Se trata de incluir efectivamente la ciencia dentro de un proyecto de país distinto. ¿Se puede hacer eso? Yo creo que sí, pero es necesario politizar la ciencia y no armar fantasmas en torno a ello.
(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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