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Isapres: emprendimiento en salud

por 11 diciembre, 2012

Isapres: emprendimiento en salud
Sería deseable que el sistema de Isapres fuese menos exclusivo y no quede limitado a los niveles de ingreso de los aportantes. Eso existe en otros países, que han podido liberarse de la pesada carga ideológica que en Chile impide que a las personas se les asignen subsidios para que elijan su sistema de salud.
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Desde una perspectiva política, tanto la salud como la previsión y la educación pueden ser administradas y gestionadas únicamente por entidades estatales. Es lo que proponen algunos movimientos e intelectuales progresistas, que prefieren olvidar lo que ocurrió no hace muchos años con las economías centralizadas o socialismos reales o lo que sucede con los Estados benefactores europeos.

Tales propuestas no tienen o no deberían tener cabida en un país que, a pesar de los problemas que enfrenta, se encamina al desarrollo a paso más rápido que el de otros países que han preferido una mayor participación del Estado en sus decisiones económicas y, por ende, una menor injerencia del emprendimiento.

En salud, en nuestro país, existe la libertad de empresa y emprendimiento garantizada por la propia Constitución Política de la República, tanto en el sector asegurador como en el otorgamiento de prestaciones médicas. Eso le ha permitido a Chile, gozar de un sistema de salud pujante, que posee el mejor desarrollo de salud privada de Latinoamérica. Este sector, presenta estándares de calidad y de atención médica tan sofisticados como el que tienen países desarrollados.

¿Y de qué puede servir esto si no alcanza a todos los ciudadanos? Por lo pronto, el desarrollo y la capacitación de especialistas en técnicas médicas de última generación, como cineangiógrafos, lasik, resonancias nucleares y robótica, hoy está en manos del sector privado principalmente, sino exclusivamente. Sin embargo, sus beneficios también alcanzan a pacientes del sistema estatal de salud, que son derivados a clínicas que poseen esta tecnología cuando el hospital público no tiene capacidad o no dispone de la tecnología. Ello, se hace a través de convenios de compra de servicios o mediante la modalidad de libre elección del paciente, con bonos Fonasa.

Cada vez habrá más personas con mejores perspectivas económicas y educacionales, que por lo mismo preferirán elegir su sistema de salud a que el Estado les asigne obligatoriamente uno que no les satisface, por muy bueno que este sea. Las épocas del seguro público, único, de salud, como algunos proponen, están terminando en toda Europa, incluso en Inglaterra, que en el año 1948 vio nacer al National Health Service, hoy un anciano fuertemente apoyado en las muletas que los servicios privados de medicina y aseguramiento le ofrecen.

Obviamente sería deseable que cada día más personas pudieran hacer uso de su facultad de elección mediante subsidios recibidos del Estado y financiados por todos los chilenos a través del pago de sus impuestos. Al paciente que espera una atención médica no le interesa si el prestador es público o privado. Lo que el paciente desea, es resolver pronto su problema de salud y, bajo esa perspectiva, si hay empresas privadas interesadas en dar la solución ¡bienvenidas! No hay que olvidar que la inversión privada también permite que el Estado destine esos recursos a otros sectores aún más necesitados de ayuda, como educación.

Sería deseable que el sistema de Isapres fuese menos exclusivo y no quede limitado a los niveles de ingreso de los aportantes. Eso existe en otros países, que han podido liberarse de la pesada carga ideológica que en Chile impide que a las personas se les asignen subsidios para que elijan su sistema de salud. Algunos se alegraron porque a fines de los 90 se eliminó el subsidio del 2 % que beneficiaba a trabajadores de rentas bajas. El resultado, casi un millón de personas debieron abandonar su isapre y requerir del Estado los servicios en salud, con demostrados mayores costos para el Estado en salud ¡que el monto de los subsidios entregados a esas personas!

Sin perjuicio de las reformas que requiera el sistema privado de salud para perfeccionarlo y hacerlo más inclusivo y eficiente, las Isapres requieren de normas claras y estables para tener una perspectiva de futuro que les permita mejorar su funcionamiento y la calidad de los servicios que ofrecen a la gente. Eso mismo, permitiría mayor competencia, la entrada de nuevos actores, ideas nuevas y mejores servicios. Es sobre eso que hay que trabajar y desoír aquellas propuestas que parecen cantos de sirenas que proponen destruir el sistema de isapres, como si aquello fuese la solución a los problemas y desafíos crecientes que enfrenta el sistema público de salud.



¡Es absurdo pensar que la existencia de las Isapres sea la causa de los problemas del sistema estatal de salud! Con o sin Isapres, es difícil que dejen de existir los seguros de salud. Lo que parece claro que es mejor que existan con regulaciones, como las Isapres, por los problemas de asimetría de información. Con una medicina en desarrollo, cada vez más cara y sofisticada, con una población que envejece y un perfil epidemiológico más complejo, siempre habrá gente que preferirá servicios privados pero, por sobre todo, de elección personal. Cada vez habrá más personas con mejores perspectivas económicas y educacionales, que por lo mismo preferirán elegir su sistema de salud a que el Estado les asigne obligatoriamente uno que no les satisface, por muy bueno que este sea. Las épocas del seguro público, único, de salud, como algunos proponen, están terminando en toda Europa, incluso en Inglaterra, que en el año 1948 vio nacer al National Health Service, hoy un anciano fuertemente apoyado en las muletas que los servicios privados de medicina y aseguramiento le ofrecen.

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