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Grecia y su “όχι” en el contexto de la Unión Europea: el reflexivo final de la tragedia

por 12 julio, 2015

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El referéndum que se llevó a cabo el domingo 5 de julio en Grecia tuvo un resultado favorable al “no” y varias consecuencias, todas ellas susceptibles de ser analizadas en un contexto de negociación como el griego y que nos permita además entender sus complejidades utilizando los parámetros de su propia realidad.

Grecia pertenece a una estructura de integración política y económica, la Unión Europea, que es el bloque económico y comercial más importante del mundo, el mayor exportador de bienes y servicios y que cuenta con más de 500 millones de habitantes en sus 28 países miembros y un PIB per capita de más de 25.000 EUR en 2013. Situándose éste entre los 7.712 dólares (USD) de Bulgaria y los 110.000 USD de Luxemburgo, manifestación concreta del principio de solidaridad que existe entre los Estados miembros, cristalizado, entre otros, en el Tratado de Lisboa.

Grecia forma además parte de la Zona Euro, la exitosa experiencia de integración monetaria de los 19 países que utilizan el Euro (EUR), una moneda fuerte, la segunda moneda de reserva más importante del mundo, por detrás del dólar, utilizada en el 25% de las reservas mundiales, lo que nos indica la percepción de confiabilidad que sobre ella se tiene tanto dentro como fuera de los límites de la Unión.  Además, es la segunda moneda más negociada en el mundo, se calcula que alrededor del 20% de las transacciones diarias en los mercados de divisas se hacen en Euros, lo que no puede extrañarnos, dado el peso del comercio exterior de la Euro Zona.

 El devenir de Grecia está marcado por su incuestionable futuro como miembro de la UE y de la Euro Zona y solamente nos queda observar lo que ocurrirá en las próximas semanas -o meses- con un actor menos (Varoufakis) que se retira por el bien de la obra, pasando su papel a otro actor que aún desconocemos.

Grecia es, además, un país muy desarrollado, que se encuentra en el puesto 29 en el índice de Desarrollo Humano (IDH), y que ha visto disminuir momentáneamente sus índices macroeconómicos, con bajadas drásticas de su PIB entre el año 2010 y el 2015 fruto de una acusada crisis económica. Siendo lo anterior muy preocupante, es necesario liberarnos de la obsesión por los datos macroeconómicos y observar otros dos, de carácter más cualitativo. El primero de ellos, que Grecia sigue siendo un país muy desarrollado, con un PIB alto y con fortaleza institucional, educación y servicios de calidad, inexistentes en la mayor parte de regiones del mundo. El segundo de ellos, la pertenencia a la Unión Europea y a la Zona Euro, una garantía de éxito para Grecia y cuya relación merece la pena ser analizada.

Grecia atraviesa una crisis económica severa que tiene solamente una característica que el mundo no había visto anteriormente, su manifestación en el contexto de una unión monetaria de estas características. Nuestro planeta nunca se había enfrentado antes de la Gran Crisis a un escenario en el que un bloque de la importancia del europeo compartiera una misma moneda en el momento de sufrir las consecuencias de una crisis económica global.

Es en ese contexto en el que Grecia está tratando de llevar a cabo una negociación que le permita salir de su crisis afectando lo mínimo posible a una Eurozona en la que su peso es apenas del 3,3%, que si bien es cuantitativamente irrelevante, adquiere una gran importancia cualitativa basada en los principios que, como el de solidaridad, son propios de la Unión Europea. Además, si analizamos la situación con perspectiva, lejos de los negros catastrofismos planteados por algunos, nos permitirá observar que la situación actual no va a ser más que una anécdota en el devenir histórico de la Unión.

Así en el contexto post referéndum, a 6 de julio de 2015, solamente hemos podido constatar la dimisión de Varoufakis y un buen comportamiento de las bolsas de valores europeas que, habiendo comenzado con un escenario de ligeras pérdidas, han empezado a repuntar a lo largo del día, sin llegar a apocalípticas bajadas del 10% que pronosticaban algunos.

Todo lo anterior nos permite plantear un paralelismo con la larga historia de Grecia, y con lo que de su literatura magistralmente nos recuerda el profesor español Rodríguez Adrados, y es que  la situación actual de Grecia es análoga a aquella de la representación de las tragedias griegas, de las que el público ya conocía su manifiesto final. El motivo de su asistencia no era otro que el de comprobar la ejecución de los actores, la prioridad otorgada a una u otra característica de la obra, la invitación a la reflexión como manifestación constante del Mundo Clásico y, sobre todo, mantener viva una tradición cultural única e irrepetible, innegable semilla y robusta raíz de la cultura occidental.

Por tanto, el devenir de Grecia está marcado por su incuestionable futuro como miembro de la UE y de la Euro Zona y solamente nos queda observar lo que ocurrirá en las próximas semanas -o meses- con un actor menos (Varoufakis) que se retira por el bien de la obra, pasando su papel a otro actor que aún desconocemos.

Queda también por conocer la decisión que se tomará el martes 8 de julio en el seno de la Unión centrada en el futuro papel –literalmente- del Banco Central Europeo (BCE), para saber si se decide alargar o acortar una obra cuyo final es conocido para una audiencia a la que se le está haciendo larga, por mucho que tenga la paciencia, el recorrido y la dimensión histórica resultado de la pertenencia a una civilización milenaria, para la que el principio μηδέν άγαν –todo en su justa medida-, escrito en la piedra del Oráculo de Delfos, sigue marcando una forma de vida.

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