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Aborto en 3 causales, nada que celebrar pero un avance al fin y al cabo

por 22 agosto, 2017

Aborto en 3 causales, nada que celebrar pero un avance al fin y al cabo
En cuanto al rechazo mismo del requerimiento, si bien se ha logrado un avance en justicia y derechos de la mujer –bastante moderado, pues seguimos teniendo una de las regulaciones más conservadoras sobre la materia, pero un avance al fin y al cabo–, no hay nada para celebrar. Nadie quiere abortos, no es algo que se vea como un bien para la sociedad, la discusión era otra. Como dice el profesor Antonio Bascuñán: “Mi ideal es una sociedad en que todas las mujeres tengan derecho a abortar pero que ninguna se vea en la necesidad de ejercer ese derecho”.
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El Tribunal Constitucional (TC) gana bastante con rechazar el requerimiento de Chile Vamos respecto al proyecto de aborto en tres causales. Los problemas del control preventivo son un tema complicado que no suele estar dentro de las prioridades de los programas de gobierno de ningún candidato, pero se había instalado cierta presión ciudadana, junto a un discurso que presentaba al TC como la Tercera Cámara. Con todo el proceso bajo la lupa, y un proyecto de aborto en 3 causales aprobado por el 70% y solo rechazado por el 24%, acoger el requerimiento era hacer explícita la falta de legitimidad del Tribunal: cavar su propia tumba. Ahora pueden estar tranquilos. Todos olvidaremos la Tercera Cámara y habrá control preventivo de constitucionalidad para rato.

También puede celebrar la derecha, que defiende el control preventivo del TC. Tampoco para ellos era un gran escenario que se botara el proyecto, pues suponía un riesgo de perder uno de sus mejores mecanismos de veto para los proyectos del Gobierno.

Para Piñera también es bueno que se apruebe el proyecto: saca de la agenda un tema complicado. La posición del ex Mandatario en esto –contra la despenalización del aborto en todo caso– era incómoda, como una piedra en el zapato. Si se caía el proyecto iba a tener que volver una y otra vez sobre el asunto, defendiendo una posición minoritaria (solo 24%) desde aquí hasta noviembre, en cada debate, en cada entrevista, en cada interpelación de los demás candidatos.

Punto aparte es la jugada del Gobierno de mandar el proyecto del matrimonio igualitario ahora. Piñera queda atrapado con asumir la oposición a otra demanda de justicia social. Los dirigentes de la UDI tienen algo de razón al señalar que se están usando reformas con fines electorales, pero ¿qué esperaban? Así es la política; solo hubo un buen timing.

Para Piñera también es bueno que se apruebe el proyecto: saca de la agenda un tema complicado. La posición de Piñera en esto –contra la despenalización del aborto en todo caso– era incómoda, como una piedra en el zapato. Si se caía el proyecto iba a tener que volver una y otra vez sobre el asunto, defendiendo una posición minoritaria (solo 24%) desde aquí hasta noviembre, en cada debate, en cada entrevista, en cada interpelación de los demás candidatos.

Finalmente, en cuanto al rechazo mismo del requerimiento, si bien se ha logrado un avance en justicia y derechos de la mujer –bastante moderado, pues seguimos teniendo una de las regulaciones más conservadoras sobre la materia, pero un avance al fin y al cabo–, no hay nada para celebrar. Nadie quiere abortos, no es algo que se vea como un bien para la sociedad, la discusión era otra. Como dice el profesor Antonio Bascuñán: “Mi ideal es una sociedad en que todas las mujeres tengan derecho a abortar pero que ninguna se vea en la necesidad de ejercer ese derecho”.

La otra jugada maestra del Gobierno fue llevar a la eminencia de don Alfredo Etcheberry a alegar a favor del proyecto. Para quienes no lo conocen, se trata de una leyenda viva del Derecho penal. Fallar en contra de su opinión no significaría ir contra jóvenes profesores de Derecho penal, con teorías rebuscadas o vanguardistas, sino que significaba ir contra la voz más autorizada del Derecho penal chileno de la segunda mitad del siglo XX.

Puede que algunos ganen, pero todavía no existe ese derecho; todavía existe esa necesidad.

Todavía no hay razón para celebrar.

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