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La “violencia rural” en La Araucanía es una falacia

por 15 enero, 2019

La “violencia rural” en La Araucanía es una falacia
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El 10 de enero, el todavía ministro del Interior, Andrés Chadwick, estuvo en La Araucanía y completó su agenda de reuniones con dirigentes del sector agrícola, víctimas de la “violencia rural”.

Al parecer, para el Gobierno, las únicas víctimas de violencia son los empresarios agrícolas y no las comunidades Mapuche. Solo en el periodo democrático, se han asesinado a 15 mapuches, entre ellos José Huenante raptado por Carabineros (RP N°1375 perteneciente a 5ª Comisaría de Puerto Montt) y Camilo Catrillanca, caso que ya todos conocemos.

La estrategia por parte del Estado de criminalizar a La Araucanía y al pueblo mapuche, se desmonta rápidamente tras revisar las estadísticas de violencia en Chile. Según un estudio publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en el año 2014, con proyección de población al 2016, las regiones con más delitos violentos son: Tarapacá, con 14,4 casos por cada 1.000 habitantes; Región Metropolitana, con 12; la Región de Antofagasta, con 11,3; y la Región de Valparaíso, con 10,3. Esas mismas regiones lideran los delitos contra la propiedad.

Según este informe, la Región Metropolitana tiene 12 delitos por cada mil habitantes; con una población de más de siete millones de personas, hay más de 85 mil delitos violentos al año. La Región de La Araucanía tiene 7 delitos por cada mil habitantes al año, con una población de 869.535, hay alrededor de 6 mil delitos anualmente. Claramente el contingente policial y militar debería estar en Santiago, no en Ercilla.

La tan publicitada “violencia en La Araucanía” se basa en supuestos falsos. De hecho, según la cuenta anual de la fiscalía regional, en 2018 los “delitos rurales” son 270, que equivale al 0,09% de la población rural, que es de 281.127 habitantes. Claramente el contingente policial y militar debería estar en Santiago, no en Ercilla.

La tan publicitada “violencia en La Araucanía” se basa en supuestos falsos. De hecho, según la cuenta anual de la Fiscalía regional, en 2018 los “delitos rurales” son 270, que equivale al 0,09% de la población rural, que es de 281.127 habitantes.

¿Por qué, entonces, acusan de violentos a los violentados? Simplemente para justificar el despojo y la exclusión del pueblo mapuche. Así se ha repetido históricamente. El diputado Benjamín Vicuña Mackenna, en el año 1868, para justificar la invasión a La Araucanía, dijo: “Bruto indomable, enemigo de la civilización porque solo adora todos los vicios en que vive sumergido, la ociosidad, la embriagues, la mentira, la traición, y todo ese conjunto de abominaciones que constituye la vida del salvaje…”. Han cambiado los nombres de los políticos, pero se mantiene el mismo discurso.

Esta política sistemáticamente aplicada, permitió la usurpación de las tierras y el ganado de la nación Mapuche. Así se puede leer en El Mercurio del 31 de mayo de 1861: “Tu Intendente Villalón con Salvo, apunta Mañil, juntos quedaron llenos de animales… hizo quemar casas, sembrados, hacer familias cautivas quitándoles de los pechos a sus hijos a las madres que corrían a los montes a esconderse, mandar cavar las sepulturas para robar las prendas de plata con que entierran los muertos en sus ritos los indios, y matando hasta las mujeres cristianas…”.

La “historia oficial” tiende a abstenerse de recordar hechos incómodos, pero la verdadera razón del empobrecimiento mapuche, se encuentra en estos hechos.

Las tierras y animales indebidamente expropiados fueron entregados a oficiales del ejército y a inmigrantes europeos, mal llamados colonos. Estos últimos se transformaron en un nuevo grupo de poder económico y político, quienes profundizaron los dichos en contra del mapuche en una ideología racista para justificar la usurpación y mantener sus privilegios. Esos grupos, con otros rostros y otra imagen, aun administran el Estado.

Por ello la estrategia político-comunicacional consiste en aislar el problema solo a La Araucanía, olvidando que el pueblo mapuche está en todo Chile. Luego todo se reduce a un problema netamente rural, desde ahí, según ellos, nace la pobreza rural y la violencia rural. Para resolver estos asuntos, proponen como solución, bonos con el Plan Araucanía y policías militarizados.

La estrategia consiste entonces, en dejar siempre al mapuche en la condición de “clase marginal” o como llama Zygmunt Bauman en su libro “Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global”, “emigrados internos”, “inmigrantes ilegales” o “forasteros infiltrados”

Queda perfectamente claro que el problema de fondo es eminentemente económico y que el proyecto de comunidad política indígena no coincide con el proyecto económico de los súper ricos, los padrinos de los parlamentarios y de los administradores del Estado.

Todo parece indicar que el Presidente Piñera y su primo, el ministro Chadwick, seguirán satanizando al mapuche, para que Angelini y Matte, continúen explotando los territorios y recursos naturales que de manera ilegítima y oprobiosa conservan en su poder.

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