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La crisis social es también ecológica

por 14 noviembre, 2019

La crisis social es también ecológica
Quizás esta Primavera Chilena pueda convertirse en el primer paso para lograr una Constitución Democrática y Ecológica que ponga fin a este ciclo materialista y de comienzo a un nuevo ciclo construido sobre la armonía. La recuperación de la paz social tiene que ser un trabajo que nos convoque a todos, pero será imposible lograrla sobre la base de querer normalizar las cosas al estado previo. La violencia que vemos en estos días es sólo una manifestación más espectacular de una violencia que se manifiesta a diario en la vida de las personas y en los territorios.
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Un lugar común es que resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Creo que para nosotros en Chile, hasta hace unos días eso era exactamente lo que pasaba. La crisis climática y ecológica nos tenía, a muchos, con las energías completamente dedicadas a subvertirla, mientras a otros tanto los paralizaba la angustia o lo veían como un hecho inevitable.

Muchas cosas cambiaron en el curso de veinte días y hoy el futuro se ve más borroso quizás, pero también más esperanzador. Podríamos decir que el tema ambiental y el ambientalismo no tuvieron nada que ver, en un inicio, en este proceso. En efecto, ni participó inicialmente de las protestas ni tampoco ellas se refirieron en principio a él, pues como sabemos, es principalmente el alto costo de la vida en la urbe y la desigualdad los que encendieron el descontento.

Pero con el correr de los días ha sido posible identificar patrones que para quienes trabajamos en el área ambiental son evidentes. La violencia estructural del sistema contra personas en situaciones de desventaja se dibuja de la manera más clara en los episodios críticos de las zonas de sacrificio. La falta de empatía se presenta sin matices en la negación del derecho humano al agua a quienes habitan las zonas rurales, donde un palto recibe más agua que un humano. El abuso sistemático se vive en los procesos de aprobación de proyectos que cambian la vida de las personas para siempre, y donde su opinión tiene un escaso valor.

La justicia ambiental como distribución de cargas y beneficios del medio ambiente, es un valor central para la igualdad. Los ejemplos que he dado son aquellos quizás más llamativos, pero hay muchos más con las misma estructura de segregación, violencia y abuso. Territorios completos sacrificados para un aumento de bienestar que se argumenta como general, pero que no lo es. Personas a las que se les pide perder años de vida por el bien de todos, pero es un todos que finalmente no existe y que de ninguna manera agradece ese supuesto servicio a la patria.

La importancia del medio ambiente ha sido algo siempre muy claro para los chilenos y está presente en nuestras simbologías, en las culturas de los pueblos originarios, en nuestro imaginario poético y por supuesto en nuestra política. Recordemos que en el procedimiento constituyente de encuentros locales autoconvocados de 2017, el Medio Ambiente apareció como el primer deber más nombrado, el tercer derecho más demandado y el segundo principio de mayor relevancia. Algo similar está pasando en los cabildos actualmente, el medio ambiente y el agua son ejes de la discusión de la comunidad.

Hoy estamos frente a la oportunidad histórica de tener un pacto social en Chile, y ese pacto debería estar basado en esta armonía con el medio ambiente, que es parte constitutiva del país y que es también la manera en que podremos mirar con esperanzas al futuro. Este pacto social debiera alcanzarse mediante una Asamblea Constituyente, donde por fin seamos capaces de dialogar sobre el país que queremos hoy y el país que queremos dejar a nuestros hijos.

Quizás esta Primavera Chilena pueda convertirse en el primer paso para lograr una Constitución Democrática y Ecológica que ponga fin a este ciclo materialista y de comienzo a un nuevo ciclo construido sobre la armonía. La recuperación de la paz social tiene que ser un trabajo que nos convoque a todos, pero será imposible lograrla sobre la base de querer normalizar las cosas al estado previo. La violencia que vemos en estos días es sólo una manifestación más espectacular de una violencia que se manifiesta a diario en la vida de las personas y en los territorios.

Ezio Costa es director ejecutivo de la ONG Fima y académico de la Universidad de Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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