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COP y APEC: una contradicción no resuelta

por 2 noviembre, 2019

COP y APEC: una contradicción no resuelta
Es por eso que la cancelación de las reuniones APEC y COP es relevante. Esto porque no es posible reconciliar la liberalización económica con la lucha contra el cambio climático en el corto y mediano plazo. Tal vez es mejor hacer una pausa antes de tener estas conferencias en el país, debido a sus contradicciones y antagonismos. Necesitamos tiempo para reflexionar sobre cómo entendemos el rol del capital, de la naturaleza y del trabajo para definir un modelo adecuado que sustente un nuevo pacto social para todos.
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El lema para el gobierno es simple:  sin que la economía crezca, no hay desarrollo.  Economía primero, bienestar social y protección ambiental después.  Es el clásico modelo de lo que se llama la Curva Kuznets Ambiental (CKA), que indica – incorrectamente – que los países solamente mejoran sus condiciones sociales y ambientales cuando alcanzan niveles de ingreso mayores. El cambio climático es la evidencia de esta falsa concepción del desarrollo.

Argumentar en contra del crecimiento económico genera acusaciones de ingenuidad o traición, pero más bien debiéramos preguntarnos: ¿Qué queremos medir con el crecimiento?, ¿qué crece?  Si la economía crece, significa que la producción y el consumo aumentan, pero ello no necesariamente impacta en las condiciones sociales y en el ‘uso de la naturaleza’. Es por eso, que – a casi 100 años de la invención del Producto Interno Bruto PIB (por el mismo Simon Kuznets – cuyo nombre fue apropiado para la CKA) – es hora de replantear cómo medimos el desarrollo.  La métrica actual no da el ancho. El crecimiento económico en sí no produce un desarrollo más sustentable.

Es por eso que la cancelación de las reuniones APEC y COP es relevante.  Esto porque no es posible reconciliar la liberalización económica con la lucha contra el cambio climático en el corto y mediano plazo. Tal vez es mejor hacer una pausa antes de tener estas conferencias en el país, debido a sus contradicciones y antagonismos. Necesitamos tiempo para reflexionar sobre cómo entendemos el rol del capital, de la naturaleza y del trabajo para definir un modelo adecuado que sustente un nuevo pacto social para todos.

Durante las últimas décadas de liberalización de mercados hemos experimentado un auge en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.  No solamente los países occidentales se han ido liberalizando económicamente, sino también India y China y ello trae un desarrollo medido casi únicamente en términos de consumo.  Más PIB = más consumo,  que para los pobres de India y China significa un bienestar frágil y de sobrevivencia, mientras que  para los países ricos implica una clara responsabilidad en el cambio climático desde el siglo XIX hasta la fecha. El sobre-consumo ha repercutido en obesidad, fast fashion, adquisición de productos de lujo como símbolo de estatus, un 30% de la comida desperdiciada, entre otros fenómenos.

En el contexto de cambio climático, el problema fundamental es que el crecimiento por liberalización ha sido basado principalmente en energía fósil.  El carbón y después el petróleo, han sido los motores de la revolución industrial y de la globalización contemporánea. Ni la APEC ni la Organización Mundial de Comercio (OMC) han reflexionado sobre ello; han esperado que las COP (Conferencia de las Partes) resuelvan estos problemas, pero sin éxito en términos de urgencia y alcance.  Tampoco han resuelto la contradicción entre la liberalización de finanzas, bienes y servicios y la restricción de la migración. Han controlado un factor de producción – fuerza laboral – y liberado dos factores –land o medio ambiente, y el capital.  Por eso tenemos un modelo inconsistente, que produce inequidad en forma internacional e intra-nacional a través de mercados construidos para beneficio de los que invierten en detrimento de los trabajadores y de la naturaleza, entendida como recursos naturales y medio ambiente.

Las brechas de ingresos combinados con riqueza (patrimonio, propiedad, etc.) dentro de los países, y entre los más ricos y los más pobres del mundo, se han incrementado durante las últimas décadas.  En términos del medio ambiente, el cambio climático es la punta del iceberg de la destrucción ecológica producida por los patrones de consumo.  En casi todos los ámbitos: biodiversidad, contaminación, generación de residuos, entre otros, las cifras no son desalentadoras; son críticas.  Es por eso que la liberalización que promueve APEC entre otros acuerdos multilaterales, no indica que ‘más es mejor’ para reducir las brechas socio-económicas y la crisis ambiental.  Por ejemplo, la liberalización del mercado de energías no renovables puede ser la respuesta durante este siglo, pero el crecimiento, en el modelo actual, produce inequidad, esta no es casual ni inesperada y la naturaleza se degrada o muere a su merced.

El emperador no tiene ropa.  Así como en la fábula de Andersen, el modelo económico actual no ha podido marcar una diferencia en equidad país, aunque sea una verdad negada por el gobierno. No se puede construir un nuevo pacto social sin un nuevo modelo económico en el que la reducción de la inequidad y la resolución del desafío del cambio climático sean objetivos centrales.  Un crecimiento que no consigue estos objetivos es un crecimiento vacío. Tampoco sirve tener una conferencia que produzca una liberalización y un modelo de crecimiento que parece desacoplado del desafío del cambio climático.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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