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Resienten criterios mediáticos y desapego de doctrina institucional

La agenda presidencial del ministro Allamand que irrita a las Fuerzas Armadas

por 9 mayo, 2012

La agenda presidencial del ministro Allamand que irrita a las Fuerzas Armadas
Las dos semanas que el secretario de Estado lideró la búsqueda de los cuerpos tras el accidente de Juan Fernández lo catapultaron a la carrera presidencial. Una bendición para un animal político como él, sin embargo colisiona con las necesidades y sensibilidades de una cartera que implica racionalidad de Estado. El descabezamiento del alto mando de la Fach, que incluyó la salida del jefe del comando de combate, culminó con el convencimiento de que Allamand está “más preocupado de la interpretación mediática que se haga de él y no de la conducción del ministerio”.
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¡Se siente, se siente, Allamand Presidente! La aclamación marcó la cena del aniversario número 25 de Renovación Nacional celebrada el pasado lunes en el Estadio Italiano, donde el ministro de Defensa fue protagonista desde su ingreso al encuentro, cuando su nombre fue vitoreado de pie por los asistentes.

Espaldarazo que se vio coronado por los agradecimientos a la gestión de los ministros de la tienda que el Presidente Sebastián Piñera realizó durante el encuentro y en el que —cuidadamente—, nombró a Allamand en el último lugar, como corresponde a la estelaridad del caso.

La popularidad de Allamand —que según la última encuesta Adimark llega a 69% (4 puntos menos que en marzo)— tuvo un antes y un después luego de las dos semanas en que encabezó la búsqueda de los restos de los 21 pasajeros fallecidos en el accidente de Juan Fernández en septiembre del año pasado, marcando un punto de inflexión en sus aspiraciones políticas y perfilándolo como la carta presidencial de RN. El ministro supo aprovechar la coyuntura. Y las cámaras.

Su rol en el caso que terminó con el descabezamiento del Alto Mando de la FACh, ha sido decisivo en la percepción sobre el secretario de Estado dentro de las Fuerzas Armadas (FF.AA). Esto, porque según un experto del sector, a los militares “les quedó claro que más que cualquier otra consideración, Allamand está preocupado de la interpretación mediática que se haga de él y no de la conducción política del ministerio”.

El candidato

El aterrizaje de Allamand en el ministerio de Defensa a principios 2011 estuvo precedido por una serie de escándalos que instalaron en la opinión pública, según explica un experto del área, “la percepción de un ambiente de corrupción, que venía desde hace tiempo, al interior de la cartera”, refiriéndose al episodio del puente mecano sobre el río Bío Bío, que le costó la salida a su antecesor, Jaime Ravinet; o la compra de una lujosa casa para el jefe del Estado Mayor Conjunto que costaba más de un millón de dólares.

En este escenario, explica la misma fuente, “él venía por mandato presidencial a poner orden interno. Llega con la decisión de tomar el control del ministerio en su conjunto y sobre la marcha se va liberando la mal denominada doctrina de Allamand, que tiene que terciar entre las áreas de poder en manos de militares, considerando al personal en servicio activo como en retiro, y aquellas propias del ministro. Y todas al final se cruzan por la presidencialización de su figura”. Su llegada a la cartera que catapultó a Michelle Bachelet a la presidencia del país, asegura el experto, fue, además, con “un equipo propio escaso”.

Su perfil de presidenciable “genera incomodidad en las Fuerzas Armadas porque va rompiendo esquemas respecto a la Concertación, como el hecho de no vestirse con uniforme, como lo hacía Francisco Vidal, o subir a los aviones, como Ravinet”. A lo que se suma un giro en la conducción de la cartera, que Ravinet “había gestionado bajo la lógica de la continuidad de lo hecho por la Concertación”.

Según un ex miembro del alto mando de la FACh, “un ministro de Defensa haciendo búsquedas aéreas no se justifica. En mi experiencia, solo molesta y es mucha palabrería. De hecho, dijo que tenía que ir a Quellón para equilibrar con Juan Fernández: en el fondo el ministro quería cámara…”.

Estas, “eran señales políticas importantes: en los 20 años de Concertación se produce una cooptación de los militares sobre el poder político, lo que era rentable para ambos, ya que las FF.AA. fueron siguiendo determinados criterios políticos, dejando de lado los conflictos por Derechos Humanos y, por otra parte, frente al silencio militar había retribución económica a través del Fondo Reservado del Cobre. El escenario de conducción de Allamand intenta superar el pasado concertacionista, e instalar una fórmula que respondiera a los objetivos del Presidente, entre los que se cuentan ordenar las finanzas, hacer modificaciones presupuestarias y derogar el Fondo Reservado del Cobre. Y que le diera un estilo propio al mando del ministerio”.

El episodio de Juan Fernández, que trajo aparejado su despegue mediático y la consecuente proyección presidencial, ha causado molestia al interior del mundo militar. Entre otros puntos, según explica el analista en Defensa Eduardo Santos, porque “a los militares no les gusta la sobreexposición mediática. Con lo que pasó creen que los civiles se están vengando de ellos”.

Para Santos, “Allamand ha participado en algunas operaciones de alta connotación pública que excedieron la ocupación real de un ministro de Defensa. No debería estar dos semanas buscando cuerpos: tiene muchas otras cosas que hacer”.

La misma percepción existe al interior de las FF.AA. Esta se ha visto reforzada por varios episodios, como la alta visibilidad pública de Allamand en el accidente aéreo de Chiloé, donde al igual que en Juan Fernández asumió la vocería y las riendas de la búsqueda en terreno, lo que ha sacado ronchas internamente. Así lo señala un alto oficial retirado del Ejército, que también ejerció cargos políticos, quien explica que con estas actuaciones envía la señal de que “los militares son ineptos. Significa que el comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y su equipo son todos inútiles”. Además, explica la misma fuente, en su opinión existe la sensación de que el ministro está utilizando el cargo para impulsar su carrera presidencial. "Efectivamente, en una serie de acciones, el ministro está usando el puesto para fines políticos, como una especie de trampolín". A pesar de que es una situación difícil de probar, asegura que hay un sentimiento generalizado dentro de oficiales en retiro y entre los que aún están en funciones.

Según un ex miembro del alto mando de la FACH, “un ministro de Defensa haciendo búsquedas aéreas no se justifica. En mi experiencia, solo molesta y es mucha palabrería. De hecho, dijo que tenía que ir a Quellón para equilibrar con Juan Fernández: en el fondo el ministro quería cámara…”.

Para cercanos al mundo militar la alta sensibilidad dentro de las FF.AA. al respecto se ve reforzada porque  “cuando gran parte del manejo del ministro responde a reacciones frente a situaciones coyunturales, partiendo por Juan Fernández hasta la reunión con el ministro de Defensa estadounidense a quien habría ofrecido colaboración militar para Afganistán, entonces ¿quién conduce el ministerio?”. Y agrega que Allamand “tiene una conducción política acotada sólo a determinados temas, que no responde a una conducción política de la Defensa que el mundo militar maneja en términos doctrinarios”.

La prioridad mediática del ex senador de RN también se advierte en la orden emanada del entorno del ministro relativa a que “no haya ninguna vocería si no es visada por Allamand, para no crear conflictos institucionales. Antes no era así”.

Garrote y zanahoria

Según expertos, con la llegada de Allamand “se está repolitizando la conducción de las FF.AA. luego de 20 años de Concertación: quizás ahí se nota más el ajuste y el distanciamiento entre los militares y la centro derecha”.

Distanciamiento que según Eduardo Santos es histórico. “Todos los gobiernos de derecha han sido tremendamente duros con las FFAA. Lo que pasa ahora no es ninguna novedad”.

En todo caso, asegura que la conducción del actual ministro y del Gobierno se ha basado en la política del “garrote y la zanahoria. Por una parte ha sido muy duro, generando autoridad civil sobre los militares, pero —por otro lado— el año pasado el gasto efectivo real de la Ley del Cobre para compra de armas fue 1.145 millones de dólares, restando plata para reconstrucción militar y civil, reconstrucción por el terremoto. Nunca se había dado tanta plata para comprar armas”.

El tema de fondo es que, a juicio de un experto en Defensa, “Allamand no ha quitado poder al interior de las FF.AA. Una cosa es que aparezca como el gran sancionador y otra cosa es cómo se están manejando efectivamente en los temas institucionales”.

Esto se refleja especialmente en torno a propuestas legislativas que no han sido tratadas, “porque hay un fuerte lobby institucional en torno, por ejemplo, a la reforma presupuestaria plurianual, la creación del Reglamento de la Ley del Ministerio de Defensa, la reforma a la Justicia Militar y la modificación a la carrera militar, ya que implican un impacto directo que genera ruido entre los militares. Para impulsar este tipo de reformas falta conducción. Allamand no lo ha hecho porque requiere capacidad técnica que hoy no tiene. Y la que existe es la que tienen los propios militares”.

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Envíada por Pietro Sferrazza T | 7 diciembre, 2019

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