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Mandatario hizo 'check list' de logros y se cuidó de generar grandes expectativas

Acarreo de adherentes y bono de 40 mil pesos para revertir baja popularidad marcan cuenta de Piñera

por 22 mayo, 2012

Acarreo de adherentes y bono de 40 mil pesos para revertir baja popularidad marcan cuenta de Piñera
Sin ninguno de los incidentes cacareados por la oposición transcurrió la cuenta presidencial del 21 de Mayo. Pero ante el riesgo que fuera empañado por manifestaciones, hubo un evidente “acarreo” de partidarios, tanto para las tribunas interiores del Congreso como para las afueras del edificio, donde las personas estaban en gradas y con pancartas de apoyo al Mandatario. El otro gran anuncio fue reestudiar el Puente para Chiloé y no hubo ni una palabra para avanzar sustantivamente en las acuciantes reformas políticas.
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No hubo escaramuzas ni desalojos y las manifestaciones anunciadas no pasaron de un par de carteles y chapas con consignas en las solapas. Ninguno de los negros presagios de descrédito a los ritos y “tradiciones republicanas” se cumplieron y el Presidente Sebastián Piñera, finalmente, dio una cuenta pública de poco más de dos horas, sin interrupciones, salvo los incansables y exagerados aplausos de sus “invitados” a las tribunas. Un mensaje, el tercero de su administración, que dejó en evidencia los esfuerzos desesperados por revertir el adverso escenario de apoyo ciudadano que no supera el 26%, al sucumbir a la tentación de los bonos —otrora duramente criticados por la derecha—, para intentar seducir los sectores populares, los más distantes de la actual administración.

El grueso de la cuenta pública fue precisamente eso, un amplio repaso por lo que el Gobierno considera sus logros en estos dos años: la eliminación del 7% a los jubilados, el posnatal, 3/4 de cumplimiento en la reconstrucción pos terremoto, 60 liceos de excelencia y el “caballo de batalla” de los índices económicos, ítem en que el mandatario recalcó el 6% de crecimiento y que “hemos creado 700 mil nuevos empleos, casi cuadruplicando la creación promedio anterior”.

El académico de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, recordó que “el mensaje del 2011 era un llamado a generar expectativas y ahora se dieron cuenta que ese no era el camino. Concentrarse en los logros era lo correcto desde lo comunicacional, porque a estas alturas no tiene mucho sentido incentivar una ola de expectativas”.

De hecho, recién al minuto 49 comenzaron a aparecer los anuncios en el discurso: la creación del Instituto de Desarrollo de la Pesca, figura equivalente al INDAP y la licitación del puente sobre el Canal de Chacao para unir Chiloé con el continente. Sin embargo, el as bajo la manga era el bono de 40 mil pesos —más 7 mil 500 pesos por hijo— destinado a las familias más vulnerables para contrarrestar el alza en el precio de los alimentos, que beneficiaría a unas seis millones de personas, y que busca paliar lo que Roberto Méndez patentó como la inflación de los pobres.

Es que la inflación, para muchos en el oficialismo, es uno de los principales factores que explican el bajo apoyo del mandatario en las encuestas y por ello, desde hace unos meses que se discutía ceder ante esta fórmula, una decisión difícil para un sector que durante la administración de Michelle Bachelet fustigó con rudeza este instrumento, argumentando que a la gente hay que enseñarle a pescar y no regalarle pescado.

El analista y abogado DC Jorge Navarrete precisó que “quedó claro que el contenido de este mensaje es consecuencia del coletazo que significó para el gobierno la encuesta CEP. El Presidente está obsesionado con ser popular, más que en gobernar y eso se refleja con el anuncio del bono y la construcción del Puente Chacao”.

Guzmán señala que el bono “es una medida que nadie puede decir que no”, pero también reconoció como “cierto que desde el punto de vista de las ideas más liberales, no es acertada”.

El puente de Chacao es otra arista que no dejó de llamar la atención. Idea original del ex Presidente Ricardo Lagos, fue desechada por Bachelet y ayer Piñera anunció que “he instruido al ministro de Obras Públicas (Laurence Golborne) para que, estableciendo un monto máximo de inversión de US$ 740 mil millones, cifra que asegura la rentabilidad social del proyecto, llame a una licitación internacional que presente soluciones técnicas para la construcción de un puente de tres o cuatro pistas”.

Junto con precisar que la idea obedece a un “populismo de derecha”, algunos ya advierten —como el ex ministro de Obras Públicas, Eduardo Bitrán— que el puente “hoy se justifica menos que en el 2006”. Precisó que “el precio del acero ha subido, que (hace seis años) se licitó en US$ 926 millones y hoy costaría más caro” y agregó que el tráfico en la zona ha disminuido, ya que parte de la industria del salmón se trasladó a Aysén”.

De jugos y Chocman

El mensaje de treinta carillas fue afinado y revisado minuciosamente por el propio Piñera, tarea a la que se abocó durante el fin de semana en el Palacio de Cerro Castillo. Considerando el intento por mostrar un país de logros, no es ilógico pensar que al Mandatario, al menos, le quedó una sensación de frustración cuando todo quedó reducido a la polémica del “Chocman”, ese bizcocho rectangular relleno con manjar y bañado en chocolate, que en los quioscos no cuesta más de 200 pesos.

El académico de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, recordó que “el mensaje del 2011 era un llamado a generar expectativas y ahora se dieron cuenta que ese no era el camino. Concentrarse en los logros era lo correcto desde lo comunicacional, porque a estas alturas no tiene mucho sentido incentivar una ola de expectativas”.

Ante el riesgo que el mensaje fuera empañado por manifestaciones, hubo un evidente “acarreo” de adherentes, tanto para las tribunas interiores del Congreso, como para las afueras del edificio, donde las personas estaban en gradas y con pancartas de apoyo al mandatario. Este escenario transformó la llegada de los ministros al Congreso en una verdadera “alfombra roja hollywoodense”, al mejor estilo de la entrega de los premios Oscar. Una imagen amigable ideal para la televisión.

Pero una nota de Chilevisión mostró que ese afecto ciudadano era sólo producto del acarreo. “La presidenta que nos defiende a nosotros por los problemas de luz que tenemos, nos invitó (…), pero no sabía a qué venía”, dijo una señora de edad, mientras otra relató que “nos dieron un jugo, unas galletas y un Chocman para todo el día”.

“Nadie se puede sorprender porque gobierno y oposición movilicen a gente para generar ciertos climas, no es raro que se hagan esfuerzos por instalar personas que ayuden a generar un cierto ambiente, pero es penoso que para este gobierno sea difícil encontrar gente que lo haga por convicción”, criticó Navarrete.

La directora de MORI, Marta Lagos, añadió que el episodio refleja solamente que “este gobierno hace más de lo mismo que otros, pero lo hace mal, ¡no saben ni acarrear gente! Hay formas y formas de hacer las cosas”.

Todo el esfuerzo del acarreo era para contrarrestar las posibles manifestaciones anunciadas tras la guerra desatada la semana pasada por el intento del oficialismo de rasguñar el liderazgo de Bachelet en las encuestas, acusándola de negar información la noche del 27/F y por tanto, atribuyéndole responsabilidades por las víctimas del tsunami.

Con todo, al final sólo hubo chapitas de los parlamentarios de la Concertación que decían “No más abusos ni letra chica”, mientras otros optaron por una con la foto de Bachelet y el slogan “Estoy Contigo”. Durante todo el mensaje, los diputados Lautaro Carmona (PC), Alberto Robles (PR) y Sergio Aguiló levantaron en silencio unas pancartas que decían “no más represión en Freirina”, actitud que también fue replicada por la senadora (PS) Isabel Allende.

El perdón

Y es que al inicio del mensaje, Piñera optó por hacerse cargo del clima de beligerancia de los últimos días. “Hemos vivido un clima de confrontación, y a veces de descalificación, que ciertamente no es lo que merecen los chilenos. Pero más allá de las diferencias, estoy seguro que todos compartimos que la responsabilidad de construir ese Chile más próspero es una causa que compromete a todos quienes componen este Congreso Nacional".

No sólo eso, Piñera —acusado siempre de soberbia— se disculpó públicamente por las equivocaciones de su gestión: "Sé que hemos cometido errores y pido perdón por ellos, pero también sé que hemos trabajado incansablemente y hemos entregado lo mejor de nosotros mismos para cumplir con nuestros compromisos". No fue la única vez, repitió el gesto al terminar: “Más allá de nuestras legítimas diferencias, nunca olvidemos que todos somos chilenos, que en la unidad está nuestra fortaleza y en la división nuestra debilidad (…) estoy muy consciente de que hemos cometido errores y pido perdón por ello”.

Intentó apelar a una cierta empatía cuando dijo que "gobernar nunca ha sido fácil y a nosotros nos ha tocado particularmente difícil", aludiendo al terremoto, las manifestaciones y “una ciudadanía más exigente de sus derechos y más impaciente con los resultados”. Y en un guiño a los parlamentarios, afirmó que "el Congreso y el Gobierno son aliados y no adversarios”.

Para Guzmán “el gesto de pedir perdón tiene dos lecturas. El gobierno entendió muy, muy tarde, que la Concertación no iba a ser beligerante en el Congreso Pleno, porque no era buena idea promover un escenario de desorden en el mensaje. Por otra parte, es innegable que el Presidente está atrapado por la paradoja de tener un buen nivel de crecimiento económico y poca popularidad”.

Navarrete, en tanto, destacó que el perdón de Piñera “fue un gesto de modestia que no se había percibido en este Presidente, de hecho algo extraño en él”, pero si bien hubo un esfuerzo por “marcar un tono menos grandilocuente, ese gesto no tuvo relación después con la autocomplacencia de los logros y las evidentes falencias del discurso en seguridad ciudadana, fortaleza del sistema democrático y energía”.

El estilo de siempre

Salvó algunos episodios propios del estilo de Piñera, como cuando afirmó que “si maneja no conduzca”, que “el día tiene 24 horas” y las reiterativas menciones a Dios, en esta ocasión el mandatario se vio más tranquilo e incluso con menos tics nerviosos que en otras ocasiones.

A la hora de los balances, como siempre, oficialistas aplaudían y destacaban el intento de Piñera por mostrarse más sensible, mientras que la oposición habló de autocomplacencia y que se había “dibujado un país color rosa, que no existe”. Se criticó la excesiva retórica sin contenidos, como en el caso del sistema democrático, tema en que Piñera señaló que “no hay progreso ni justicia posible sin una buena democracia y sólidas instituciones”, aunque no hizo mención alguna a reformar el sistema binominal, clave en los problemas de representatividad.

No hubo nada nuevo en educación. Sacó a colación el nivel de becas entregadas y el retiro de la banca privada del financiamiento de la educación superior, pero tampoco hizo eco de la demanda del movimiento estudiantil de una reforma estructural. "Algunos proponen educación gratuita para todos. Francamente, en un país con tantas carencias y desigualdades como el nuestro, no nos parece justo que se financie la educación de los más favorecidos", aseveró Piñera.

Habló de una sociedad de las oportunidades sin plantear ningún cambio de fondo y lo más potente en términos de equidad fue recordar la reciente aprobación del Ingreso Ético Familiar, que el Ministerio de Desarrollo Social lo había instalado literalmente en el “corazón” de La Moneda y los mejoramientos a la ficha de protección social.

Es más, usó el recurso de la puesta en escena y puso como familia modelo de su gobierno a los Landeros González, quienes representan el impacto positivo de los programas sociales emprendidos por su administración. “Una familia de trabajo y esfuerzo como tantas otras de nuestro país. Ella representa el nuevo Chile que estamos construyendo (…) ¡Querida familia Landeros González, bienvenida a la sociedad de oportunidades, seguridades y valores”.

Cada 21 de Mayo, a las 12:10 horas se marca el instante en que La Esmeralda se hundió en Iquique, el instante más solemne en las ceremonias de conmemoración de la gesta naval. Sin embargo, ayer lo extenso del discurso presidencial hizo que Piñera saliera del Congreso Pleno sin que se diera por cerrada la sesión y llegara con más de veinte minutos de retraso al acto en Valparaíso, considerado otro de los hitos y tradiciones de la república.

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