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Según expertos el sistema de acreditación hizo agua

Caso Universidad del Mar coloca entre la espada y la pared a las agencias acreditadoras de la educación superior

por 8 junio, 2012

Caso Universidad del Mar coloca entre la espada y la pared a las agencias acreditadoras de la educación superior
Los negocios para obtener la acreditación entre la cuestionada U. del Mar y el ex miembro del Consejo de Acreditación, Eugenio Díaz, agregan sal a los fuertes cuestionamientos que enfrentan la educación superior y el lucro, poniendo el foco en uno de los pilares del sistema educacional chileno. Vínculos, conflictos de interés y la extendida práctica de las “sillas musicales” en el ambiente de las acreditaciones son algunas de las características que hacen agua en el sistema que en 2006 abrió las puertas a las agencias acreditadoras privadas. Estas entidades, según la ex secretaria ejecutiva del Consejo Superior de Educación, María José Lemaitre, deberían ser eliminadas.
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El allanamiento realizado por la PDI a la casa y oficina del ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA-Chile), Eugenio Díaz, forma parte de una trama que desde hace varios meses tiene a la Contraloría y a la Fiscalía Oriente investigando el cuestionado negocio que había montado con la Universidad del Mar. Sin embargo, más allá de los millones que se embolsaría Díaz, la historia saca a la palestra la poca credibilidad que para muchos tiene el actual Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad, en el cual el juego de las “sillas musicales” y los conflictos de interés en el negocio de la acreditación empañan la fórmula que opera desde 2006.

Para Rodrigo Cornejo, del Observatorio Chileno de Políticas Educativas (OPECH), el conflicto de Díaz y las serias críticas que paralelamente enfrenta la Universidad del Mar, sólo demuestran que “la acreditación no tiene credibilidad”. Y recalca que “lo importante para generar conciencia en la gente es entender que esto podría pasar con muchas otras universidades y gente con puestos importantes en la CNA”.

Si bien un contrato de las características del firmado por Eugenio Díaz con la cuestionada entidad universitaria es un caso extremo, los vínculos en el ambiente de la acreditación y las casas de estudio superior se dan en distintos niveles. Uno de ellos es el traspaso de profesionales encargados de acreditar instituciones a puestos directivos en las mismas, lo que se ha dado tanto en CNA-Chile —donde 7 de sus 15 miembros son asignados por las propias instituciones que deben fiscalizar— así como en las agencias acreditadoras, responsables de dar garantía pública de la calidad de carreras y programas impartidos por las instituciones de educación superior autónomas.

Ejemplos sobran. Entre ellos la cuestionada designación como rectora de la Universidad de las Américas de la vicepresidenta del entonces Consejo Superior de Educación (CSE), apenas dos meses después de que por primera vez y en contra de lo resuelto por la CNA, el organismo le diera el ansiado sello que permite acceso a financiamiento estatal y becas a dicha casa de estudios. El escándalo fue tal que los ejecutivos de Laureate, la agrupación educacional dueña de la universidad, dieron pie atrás y no la nombraron en el cargo.

“Fue un error. Cuando se propuso la creación de agencias privadas de acreditación promoví su existencia, pero no pensé que llegaríamos al nivel de inconsistencia y cosas muy poco serias que existen hoy. Creo que hay que eliminarlas”, señala Lamaitre.

Por otro lado, en general las agencias acreditadoras, que son ocho y han acreditado a más del 90% de programas y carreras que han evaluado, están en manos de personas directamente ligadas a universidades. Situación que alerta sobre la validez y credibilidad de las acreditaciones.

Como botón de muestra: la Agencia Akredita QA en cuya constitución jurídica figura el ex rector de la Universidad de Chile, Luis Riveros, fue sancionada por parte de la CNA en 2010 por el conflicto de intereses que enfrentaba el académico, que a pesar de ser presidente del Instituto Profesional Los Leones y miembro del Consejo Académico Superior de ese instituto, entregó la acreditación a través de Akredita QA a la carrera de Educación Parvularia.

En octubre de 2011 la Universidad Andrés Bello, logró acreditar por cinco años el Programa de Formación de Especialistas en Psiquiatría del Adulto en manos de la agencia Apice Chile. Un par de meses antes el decano de la Facultad de Medicina de la UNAB, Pedro Uribe, renunciaba al cargo para hacerse cargo de la rectoría. Con la salvedad que también renunciaba al directorio de Apice Chile.

Pablo Baraona, fue uno de los fundadores de la Universidad Finis Terrae. Esto no impidió que en 2011 la Agencia Acreditadora de Chile, de la que es presidente, visara la carrera de Educación de Párvulos de la casa de estudios.

Agencias acreditadoras bajo la lupa

Hace seis años, la ex secretaria Ejecutiva del Consejo Superior de Educación, María José Lemaitre, valoraba y promovía la creación de agencias privadas de acreditación. Hoy, su visión ha cambiado.

“Fue un error. Cuando se propuso la creación de agencias privadas de acreditación promoví su existencia, pero no pensé que llegaríamos al nivel de inconsistencia y cosas muy poco serias que existen hoy. Creo que hay que eliminarlas”, señala Lemaitre.

Esta mirada es compartida por el académico de la Facultad de Educación de la PUC, Andrés Bernasconi, quien asegura que estas agencias “no tienen razón de existir” y está de acuerdo con su desaparición.

Ambos, junto a José Joaquín Brunner, académico y consultor de políticas de educación superior y Hernán Araneda, gerente del Centro de Innovación en Capital Humano de Fundación Chile, forman la subcomisión de expertos del Mineduc como parte de la Comisión que evalúa el actual sistema de certificación de la educación superior. Hace unas semanas presentaron una serie de propuestas al Mineduc sobre el tema, entre las que destaca la creación de una agencia acreditadora pública que sea la única encargada de certificar la calidad de las instituciones académicas, ya que como explica Bernasconi, “las privadas por más bien que hagan su trabajo siempre tendrán problema de inconsistencia de dónde ponen la vara en la medición de las carreras. No hay ninguna forma de garantizar que 3 años en la carrea de Periodismo acreditado por una agencia es lo mismo a que lo acredite otra agencia”.



Lemaitre aclara que casos como el de Díaz y su relación con la Universidad del Mar “es corrupción y no tiene que ver con que funcione o no la acreditación”. Junto a Bernasconi son enfáticos a la hora de respaldar la existencia de un sistema de acreditación, pero recalcan que necesita profundos cambios. Entre ellos, por ejemplo, que los miembros de la CNA sean designados por un sistema como el de Alta Dirección Pública y que sea un trabajo de tiempo completo, como en el Banco Central, lo que “tendría dos ventajas: mayor independencias de la institución de origen y mayor tiempo para dedicarle a la acreditación de las carreras”, asegura el Máster en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard.

Además, proponen que la acreditación se realice por tramos más gruesos. Bernasconi explica que hoy “la única consecuencia de no obtener la acreditación es la no elegibilidad para ayuda financiera. Conexión que no debiera existir”.

Según Lemaitre, “se cayó en la situación de que para no perjudicar a los estudiantes y dejarlos sin créditos se acreditaron instituciones por un año, lo que es una barbaridad. No tiene sentido ni lógica: es no entender que la acreditación está para proteger a los alumnos de no ir a instituciones de mala calidad. Eso no pasó”.

Hace unas semanas el ministro de Educación, Harald Beyer, anunció que para poder acceder al nuevo sistema de financiamiento estudiantil, las instituciones de educación superior deberán contar con al menos tres años de certificación. Anuncio que en vista de la caja de Pandora que ha destapado la Universidad del Mar podría una vez más no entregar garantía a los estudiantes de que accederán a una educación con estándares mínimos de calidad.

Bernasconi concluye que el actual sistema “no está dando las garantías de confianza que está llamado a dar. La palabra acreditación viene de creer, en este caso, en que una institución acreditadora cumple normas mínimas de funcionamiento que garantizan viabilidad en el mediano plazo. Y que no se producirán problemas como los que vemos hoy en algunas”.

En todo caso aclara que existen avances, especialmente porque “hace seis años la gente no aceptaba como una buena idea tener un sistema de acreditación: creían que el mercado debía regularlo”.

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