Como nunca, los indicadores macro son buenos: crecimiento, desempleo e inversión al alza. Aunque también como nunca antes ninguno lo celebra o alaba mucho. Es que hay algo incómodo en el aire. Un ruido nuevo, un malestar que llegó de la mano de los movimientos sociales y que empieza a hacer crujir la política. De fondo, los coristas de la elite perpleja, siguen tocando la misma partitura conceptual, como si fueran la Orquesta del Titanic. Pero Mayol trae una nueva sinfonía y en esta anuncia que “hemos construido una economía, pero no una sociedad”.
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