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La proyección y trastienda del resultado que remeció a la Pontificia UC

Solidaridad: el 'Tea Party' que amenaza el poder de la UDI en su cuna

por 8 noviembre, 2012

Solidaridad: el 'Tea Party' que amenaza el poder de la UDI en su cuna
Hoy se realiza la segunda vuelta de la elección de la FEUC. En la final hay dos listas de candidatos: Nueva Acción Universitaria (NAU) y Solidaridad. Este último, un movimiento que no sólo se abrió paso y logró echar a un lado a los históricos gremialistas, sino que triza la hegemonía y control que éstos han tenido en el semillero del partido más influyente y decisivo de la derecha chilena.
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El 4 de septiembre de 2010, Juan José Silva, presidente del Movimiento Gremial de la Universidad Católica (MGUC), firmaba una declaración pública que entonces sólo capturaba la atención de unos pocos. En sus primeros párrafos se leía así: “Hace un tiempo nos enteramos que desde el mes de enero el Consejero Superior, Pablo Varas, estaba colaborando y trabajando activamente en la organización de un nuevo movimiento universitario, rompiendo el compromiso que había adquirido con quienes lo elegimos por ser el candidato gremialista. Considerando la gravedad de la situación, nuestra primera acción fue aclarar las cosas con él directamente. Pablo Varas reconoció el hecho y decidió desvincularse del Movimiento Gremial”.

Pese a que el comunicado hablaba solamente de Varas, escogido en su cargo de consejero por el Movimiento Gremial, el texto tiraba una hebra enredada en el corazón del tradicional grupo de la UC, fundado por Jaime Guzmán en 1967: el revoltijo de críticas internas —no tan aisladas— respecto a si verdaderamente estaban siguiendo el camino trazado por su mentor o si estaban siendo capaces de interpretar los requerimientos de los alumnos de la Universidad Católica, eran preguntas que intentaban una respuesta común.

A más de dos años del episodio, Silva recuerda que fue un golpe fuerte para el MGUC. “Nos cayó muy mal, porque en ese entonces el gremialismo estaba pasando por un tiempo de introspección y autocrítica; y a estas personas se les abrió un espacio para hacer críticas internas y abordarlas propositivamente, cosa que no hicieron. Después de 6 meses nos enteramos con mucho pesar por parte de terceros, que Pablo trabajaba a escondidas en un movimiento nuevo. En ese momento lo abordamos para que nos dijera la verdad y preguntamos por las críticas que tenían hacia el Movimiento Gremial. Junto con argumentar diferencias personales y de forma, nos hizo ver que junto con ello, existían diferencias ideológicas con el gremialismo”, explica Silva.

Esa fue la primera señal de que la situación se movía en escala Richter. Y fue también, por cierto, la primera luz que tuvo el gremialismo de que en el futuro competerían con quienes conocían de cerca, con quienes compartían valores políticos similares, casi el mismo útero, una mirada religiosa con acentos comunes. Pero también, muy distinta.

Solidarios y Confesionales

Solidaridad nació formalmente en 2010. A la cabeza estaban Pablo Varas, Ruggero Cozi y Cristián Loewe. El primero había sido consejero superior; el segundo, presidente del Centro de Alumnos de Derecho; y el tercero, fue candidato a consejero superior de la FEUC en las primeras elecciones en las que participó Solidaridad, en noviembre de 2010. Entre los fundadores también se menciona a Jorge Ramírez, consejero de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política.

El movimiento explica en su sitio que compartían un diagnóstico común: “Descrédito de la política universitaria, descontento con los espacios de participación existentes, la poca capacidad de enfrentar crisis que aquejan a la UC y a la sociedad, una masa crítica que participa fuera de la UC y, finalmente, una amplia polarización de tendencias dentro de la UC con poca focalización en las ideas”.

A diferencia del gremialismo, Solidaridad viene, con todas sus letras, a defender sus principios desde la política.

Lo anterior es uno de los puntos que más separa al nuevo movimiento del gremialismo. “Ellos se asemejan más a lo que fue la primera etapa de Guzmán, que era corporativista. En el fondo apuntan a politizar todos los ámbitos de la sociedad en pos de lo que ellos creen correcto. Nosotros somos más partidarios de la libertad y de que se creen autonomías sociales”, apunta Silva y enfatiza en uno de los puntos que dejan a gremialistas y “solidarios” en lados distintos del río: “Ellos creen que la federación debe tener un rol político, más allá del ámbito gremial de la educación. Por eso, al momento de formar su movimiento se apoyaron en sectores más conservadores de Renovación Nacional, que habían sido detractores históricos del gremialismo”, dice Silva.

Cristián Stewart, candidato de Solidaridad a la presidencia de la FEUC niega cualquier relación con partidos: “No tenemos ningún vínculo, somos autónomos y libres de cualquier institución, fundación o partido político. No hay simpatías extraoficiales con ningún ala de algún partido tampoco”, asegura y suma uno de los puntos fundamentales del movimiento que representa: “Nosotros creemos profundamente en la dignidad de la persona, es nuestro eje con el cual ejercemos la acción política”.

Uno de los fundadores de Solidaridad, Loewe, también descartó que reciban financiamiento de partidos, como comentó hace unos días a El Mercurio, donde afirmó que “nacimos para estar fuera de la estructura política de Chile, que viene hace años, por eso rechazamos esos fondos tajantemente”. Al mismo tiempo comentó que financian las campañas con donaciones de sus adherentes y de empresarios “que creen en su proyecto”.

Carlos Larraín asegura no conocer muy a fondo al movimiento, pero explica que uno de sus hijos postuló por el movimiento a un cargo en la universidad. Se trata de Raimundo Larraín, quien en 2011 fue Consejero Territorial. A pesar que niega el vínculo, Larraín lanza una idea al corazón de la UDI: que el movimiento constituye “un desafío frontal al gremialismo que no tiene efectiva independencia del partido. Son simplemente expresiones de gente joven idealista que les exige a los políticos volar alto, lo mismo que el NAU. Piden consecuencia y yo aplaudo eso”.

El año 2001 Cristóbal Bellolio fue candidato a presidente al centro de Alumnos de Derecho de la UC. Ahí pudo observar de cerca cómo empezaba a crecer, como una bola de nieve, cierto descontento con el gremialismo en el mismo seno del grupo creado por Guzmán. Bellolio siempre vio, además de la frontalidad para tratar los temas también desde la política, diferencias en mirar el modelo económico: “El gremialismo más pragmático, hegemónico, viene de Ingeniería Comercial, no de Derecho —que es de donde proviene Solidaridad—. Esto es relevante porque el primero es bastante liberal en lo económico, es heredero de los Chicago Boys. Y el de Solidaridad, es menos liberal, integrista y más confesional. En ese sentido, el último se parece mucho también al discurso de Carlos Larraín que, en algunos aspectos, está más a la derecha que la propia UDI”, sostiene Bellolio.

Otra de las diferencias con el gremialismo, según Silva, es que Solidaridad tiene una vertiente “bastante confesional, sobre todo porque en su planteamiento no hacen mucha distinción entre religión y política. Ya que, si bien nosotros nos inspiramos en principios cristianos, ellos son de una vía más integrista. Yo siento que el gremialismo es mas transversal”, dice. De hecho, Solidaridad sigue en sus fundamentos a la doctrina social de la iglesia.

“Es muy similar al Tea Party gringo”, comenta un dirigente estudiantil, refiriéndose al movimiento conformado por diversas organizaciones de Estados Unidos en 2009 y que los ha unido en la oposición a la agenda de Obama y que ha tenido como a una de las líderes a la conservadora congresista Sarah Palin.

Solidaridad hoy cuenta con decenas de seguidores en la Universidad Católica. Tanto así, que desplazaron a las histórica lista del gremialismo para competir una segunda vuelta con Nueva Acción Universitaria (NAU), que hoy tiene en sus manos la presidencia de la FEUC y que cuenta con emblemáticos líderes, como Giorgio Jackson o Noam Titelman.

En opinión de Jaime Retamal, académico del departamento de Educación de la Usach, es preocupante para el futuro de la sociedad chilena “que el integrismo religioso y católico que representa Solidaridad haya asumido una estrategia de conquista del poder en la Universidad Católica. Es un tinglado que además de poseer toda clase de redes y privilegios con el poder económico per se, ahora quieren hacerse del poder político, empezando por las universidades. Es un proyecto político de élites conservadoras que se creen dueñas de la moral, del bien y de la justicia que usarán todo su poder e influencia para avanzar desde la universidad hacia la sociedad y la cultura chilena”.

Desafío frontal

En el mundo político, Solidaridad no ha pasado inadvertido. Principalmente, desde la UDI y RN algunos han seguido con atención su corta, pero a la luz de los primeros resultados, exitosa trayectoria. El diputado gremialista Gonzalo Arenas tiene una visión un tanto desalentadora del rol que potencialmente podría llegar a cumplir este movimiento en la UDI propiamente tal. Ello, porque ha basado su acción en la Doctrina Social de la Iglesia, algo que hasta ahora, dice el legislador, estaba representado en las doctrinas de Renovación Nacional, la UDI y la Democracia Cristiana. Por lo mismo, no descarta que en un futuro cercano los jóvenes que antes se sentían atraídos a participar en política desde estas trincheras, ahora podrían sentirse más identificados con Solidaridad. “Olfateo que aquí hay algo. Una energía que puede dar fruto, ocupar un espacio que ni la UDI, ni RN ni la DC están llenando. Pero en todo caso no es un peligro para la UDI, pero sí una señal de alerta, porque hay una juventud que antes ingresaba a la UDI y que hoy nosotros no estamos captando”.

Arenas conoció un poco más del movimiento, cuando tras las municipales fue invitado por IdeaPaís a comentar el proceso, una ONG que “contribuye a la gestación de un movimiento social, político y cultural, mediante la formación de jóvenes y la difusión de ideas en los medios de comunicación, con vistas a promover un desarrollo humano integral”, según ellos mismos cuentan en su página. Aunque varios dirigentes relacionan a Solidaridad con esta fundación —levantada entre otros por Diego Schalper (electo consejero superior de la UC en 2008, como candidato del gremialismo)—, Schalper niega el vínculo y dice que “Solidaridad pareciera ser que como movimiento intenta defender las enseñanzas sociales del cristianismo, entonces hay una especie de sintonía en los principios. Sería muy patudo de mi parte pretender que es inspirador en IdeaPaís”.

Arenas comenta que Solidaridad “no tiene mucho apoyo en la UDI, aunque hay mucho ex UDI y ex RN que lo integra” y que su objetivo es hacer “la síntesis de un nuevo humanismo cristiano”. Según Arenas, Solidaridad “retomó un nicho que está ahí y donde puede estar la gente que no fue a votar en la municipal”. Para ellos es muy relevante la encíclica “Caridad en la Verdad”, del Papa Benedicto XVI, porque el tema valórico es particularmente importantes para ellos. Pero en materia económica “plantean que dejar libre el mercado es un error, porque estiman que el liberalismo económico está destruyendo las bases sociales del país”.

En este contexto, Arenas adelanta que Solidaridad “tiene más potencial para crecer”.

Desde calle Suecia advierten que Solidaridad “no puede ser más distinto” que el movimiento gremialista y la propia UDI. Particularmente, porque llegaron a la conclusión de que “en lo valórico son más extremistas y en lo económico mucho más estatistas. Sin llegar a la izquierda”. Pero también desprenden otra diferencia fundamental y es que estiman que es un grupo “elitista” en abierta contraposición al mundo popular de la UDI. En este sentido, el diputado Arturo Squella que ha seguido la trayectoria del movimiento, descarta que sea una amenaza para el gremialismo. Además plantea que Solidaridad tiene dos defectos de “nacimiento”: por un lado, que está basado en liderazgos con visiones muy personales. Lo que es negativo, porque la mayoría de los proyectos que han empezado de esa manera, explica Squella, terminan cuando los fundadores salen de la universidad. Y, por otra parte, que no son irrestrictos defensores de la libertad, porque estiman que en materia económica el Estado debe regir a la sociedad que no está capacitada para hacerlo. Y “en estos tiempos una organización que no es irrestricta defensora de la libertad, tiene los días contados. Sin embargo, quienes somos del alma gremialista valoramos que nazcan y se desarrollen nuevas organizaciones, por lo que celebro el nacimiento de este nuevo grupo”.

En un aspecto más universitario, también están los que en la UDI estiman que el gremialismo debe hacer una análisis acerca de cuáles serían las razones por las que este movimiento emergente los desplazó de disputar la presidencia al NAU.

Pero el comentario en la Alianza, después de la sorpresiva performance de Solidaridad en la Católica, es que el timonel de RN, Carlos Larraín, es quien apoya económicamente al movimiento, justamente porque habría visto en él la posibilidad de desplazar al gremialismo a un segundo plano. Y el grupo ha sido semillero de las más importantes figuras políticas de la derecha en las últimas 4 décadas, como el recién nombrado ministro del Interior, Andrés Chadwick; el ministro de la Segpres, Cristián Larroulet; y senadores como Hernán Larraín y Juan Antonio Coloma, entre muchos otros personeros públicos y no tan  públicos, muy influyentes en la elite chilena.

Carlos Larraín asegura no conocer muy a fondo al movimiento, pero explica que uno de sus hijos postuló por el movimiento a un cargo en la universidad. Se trata de Raimundo Larraín, quien en 2011 fue Consejero Territorial. A pesar que niega el vínculo, Larraín lanza una idea al corazón de la UDI: que el movimiento constituye “un desafío frontal al gremialismo que no tiene efectiva independencia del partido. Son simplemente expresiones de gente joven idealista que les exige a los políticos volar alto, lo mismo que el NAU. Piden consecuencia y yo aplaudo eso”.

Jaime Retamal cree que el triunfo de Solidaridad por sobre el gremialismo, en la primera vuelta por la FEUC 2013 es la expresión de la pérdida de confianza que las nuevas generaciones de la elite tienen hacia el partido que naturalmente representó a sus padres: “Ya no creen ni confían en la UDI, ni en sus políticos ni en sus estrategias de incidencia social efectiva”. Tampoco en cómo se manejan comunicacionalmente: “Esta nueva élite de jóvenes no sólo no soporta que un diputado UDI baile el koala con una chica medio desnuda o que Joaquín Lavín estampe coqueto su firma en las piernas de una chica de la noche, sino que lo considera una verdadera traición que ya no están dispuestos a soportar. Quieren el poder de la UDI, la primera batalla fue en la PUC, y ganaron”.

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