En diversos e-mails, a los que tuvo acceso El Mostrador de modo íntegro y que están fechados entre 2013 y 2014, tanto el arzobispo de Santiago como el cardenal que lo precedió en el cargo, dan cuenta de una estrecha relación con la que no solo evitaron, en conjunto, que Felipe Berríos fuera capellán de La Moneda –para lo cual pidieron que intercediera el conocido lobbista–, sino también que Juan Carlos Cruz, víctima de Karadima, no integrara la comisión que creó el Papa Francisco para la tutela de los menores.
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