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Irritación con precandidato RN-UDI gestó punto de inflexión en liderazgo de la Mandataria

Piñera: el responsable de la estrategia política tras el discurso de Bachelet

por 2 junio, 2017

Piñera: el responsable de la estrategia política tras el discurso de Bachelet
La jugada presidencial no fue algo improvisado ni elaborado en los últimos días. Se venía gestando y madurando desde finales de marzo, cuando el ex Presidente, en la proclamación de su candidatura, prometió desmantelar las reformas bacheletistas si se cruza la banda tricolor por segunda vez. Pero la estrategia no solo busca el contrapunto sino también dejar amarrada la agenda pública con los temas que precisamente complican al candidato de la derecha, una jugada con la que rayó la cancha del debate que tendrá la campaña presidencial y parlamentaria.
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“El Gobierno de la Nueva Mayoría ha sido un mal Gobierno para Chile. Los chilenos lo sabemos, lo sentimos y lo sufrimos (…). La Nueva Mayoría prometió regalarnos el presente, pero la verdad es que nos está arrebatando el futuro. Sabemos que prometió muchos derechos en el papel, pero los está destruyendo en la realidad. Los que se dicen progresistas están frenando el impulso del país”, fue una de las frases más duras que lanzó Sebastián Piñera la noche del 21 de marzo durante el acto en la Quinta Normal, cuando dio el vamos a su candidatura para regresar a La Moneda. Ese fue el momento, el factor clave que gatilló –explicaron en Palacio– un giro radical en la Presidenta Michelle Bachelet: el de asumir a plenitud el liderazgo político de la coalición, entrar nuevamente a la arena política y no quedarse como una mera espectadora en los últimos 9 meses de su mandato.

Mucho se dijo en los días previos a la cuenta pública, se mencionó que el discurso de la Mandataria tendría mucho de balance y que el foco estaría, precisamente, en defender su legado y obra, pero Bachelet fue mucho más allá. No solo enumeró los logros obtenidos sino también, durante las más de dos horas que habló ante el Congreso Pleno, de principio a fin, hizo un contrapunto entre su Gobierno y la administración de Piñera, marcando permanentemente las diferencias, estrategia que la puso en un rol protagónico en la crispada campaña presidencial para las elecciones de noviembre.

“Si impera la pura lógica de mercado, temas vitales como la educación, la salud o la vivienda pasan a ser bienes de consumo, que crean divisiones entre quienes pueden y quienes no pueden pagarlos (…) si entre 2010 y 2014 se aumentó en cerca de 24 mil los cupos para niños y niñas de 0 a 4 años, nosotros quisimos ir mucho más lejos: hemos aumentado en 50 mil cupos y llegaremos a cerca de 70 mil el 2018 (…). Queridos compatriotas, no nos engañemos: quien quiera echar pie atrás en una política seria, inclusiva y responsable –como es la gratuidad en la educación superior–, les estará dando la espalda a Chile y a las familias chilenas", sentenció Bachelet, quien incluso aseguró que “en mi Gobierno se han creado 325 mil empresas, 60 mil más que en la administración anterior”.

Mientras hablaba era evidente la incomodidad de los parlamentarios de derecha y la cara de grata sorpresa en las filas oficialistas, especialmente entre congresistas y dirigentes de la Nueva Mayoría, que desde el año pasado, al menos, venían implorando a la Jefa de Estado que asumiera el liderazgo como eje ordenador y aglutinador de las huestes. “Esta cuenta pública no fue solo una lista de supermercado, el permanente contrapunto con Piñera la puso de vuelta en la arena política”, explicó un asesor de Palacio.

En La Moneda explicaron que la jugada presidencial no fue algo improvisado ni elaborado en los últimos días, sino que efectivamente se venía gestando, conversando y madurando desde finales de marzo, cuando se hizo público y evidente –recalcaron– que el candidato Piñera va a desmantelar las reformas del gobierno bacheletista si se cruza la banda tricolor por segunda vez.

El tema fue conversado y discutido varias veces por la Presidenta –en conjunto y por separado– con los cuatro ministros del comité político: Mario Fernández (Interior), Nicolás Eyzaguirre (Segpres), Paula Narváez (Segegob) y Rodrigo Valdés (Hacienda). “Fue una reflexión conjunta”, aseguraron en Palacio, aunque algunos señalan que ha sido clave en el último tiempo el mayor empoderamiento interno que ha tenido Eyzaguirre y que, no por nada, fue con él y Valdés con quienes afinó el miércoles, en Cerro Castillo, los detalles del discurso.

Pero no fue solo el hecho de que Piñera partiera su campaña criticando a su Gobierno lo que irritó y motivó a la Mandataria, ni tampoco que el 25% con que aparece en las encuestas, sumado a la división de fuerzas en la Nueva Mayoría con Alejandro Guillier y Carolina Goic, hagan que sea muy probable que se repita la foto del 11 de marzo de 2010, cuando Bachelet se sacó la banda presidencial para dejarla en manos del empresario, sino que –agregaron en el Ejecutivo– fue clave en estos meses la constatación de que el discurso del candidato de derecha “está más duro” que el año 2009. “Lo que sucede es que hay preocupación real, hasta el año pasado no se había entendido bien lo que estaba en juego, pero ahora hay temor de la verdadera regresión que representa Piñera y ese es el trasfondo del nuevo tono que usó la Presidenta”, explicó un alto asesor gubernamental.

No hay que olvidar que en más de una ocasión Piñera ha dicho que “la reforma tributaria ha sido un atentado al crecimiento, a la inversión, a la innovación y al emprendimiento; la reforma educacional ha sido un atentado a la libertad y a la calidad de la educación; y la reforma laboral ya está siendo un atentado a la capacidad de crear empleos, de mejorar los salarios, y a la libertad de los trabajadores de tomar sus propias decisiones". De esas palabras tomó nota Bachelet y fue esa “narrativa extrema del candidato” la que la hizo finalmente reaccionar, comentaron en La Moneda.

Nadie en Palacio ni en la coalición oficialista desconoce que una de las debilidades que ha tenido la Mandataria, desde que estalló el caso Caval en febrero del 2015, fue la de esquivar deliberadamente asumir un papel realmente político, ser una líder real que está por sobre los partidos, que los conduce y no que está ajena a ellos. Por eso fue que, una vez que concluyó su cuenta pública, lo que más se escuchó entre asesores gubernamentales, dirigentes y parlamentarios de la Nueva Mayoría, fueron comentarios como que Bachelet “al fin entendió”, que “se demoró pero lo hizo”, que “no tenía mucho margen, era lo que había hacer”, que se convenció de “retomar el papel que le corresponde”, que “se jugó todas las cartas en el discurso”.

Este último aire de Bachelet no debería ser un hecho aislado. En La Moneda recalcaron que la estrategia apunta precisamente a que este “tono políticamente más potente”, con un rol activo en terreno y de líder de la centroizquierda es lo que se planteó como el diseño hasta el último día de su mandato, que esta cuenta pública fue el hito para marcar ese nuevo estilo y dar inicio a la etapa de las inauguraciones de las obras concluidas. “Asume la responsabilidad política que le corresponde en esta etapa y también les pide a los demás que hagan lo mismo”, afirmaron en el Gobierno.

Es que la estrategia no solo pasa por hacer el contrapunto con Piñera sino también por dejar amarrada para los próximos meses la agenda pública con los temas que precisamente más complican al candidato de la derecha y a su sector, una jugada con la que rayó la cancha del debate que tendrá la campaña presidencial y parlamentaria. No por nada, Bachelet habló de los proyectos de matrimonio igualitario, de aborto en tres causales, del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, del envío del texto de la nueva Constitución y la iniciativa que mejora las pensiones, con una cotización adicional obligatoria del 5%, del cual 3% irá a una cuenta personal del trabajador y el 2% restante a un fondo de ahorro colectivo.

Este último aire de Bachelet no debería ser un hecho aislado. En La Moneda recalcaron que la estrategia apunta precisamente a que este “tono políticamente más potente”, con un rol activo en terreno y de líder de la centroizquierda es lo que se planteó como el diseño hasta el último día de su mandato, que esta cuenta pública fue el hito para marcar ese nuevo estilo y dar inicio a la etapa de las inauguraciones de las obras concluidas. “Asume la responsabilidad política que le corresponde en esta etapa y también les pide a los demás que hagan lo mismo”, afirmaron en el Gobierno.

Lo más probable es que casi ninguno sea despachado por el Congreso y promulgado antes que termine el mandato de Bachelet, pero el objetivo presidencial es cumplir con los compromisos de enviar al Parlamento los respectivos proyectos y emplazar a los partidos de la Nueva Mayoría a que cumplan el rol que les corresponde durante la tramitación. “Claramente dejó a los partidos en una encrucijada, les dijo ‘yo haré mi parte, ustedes hagan la suya también’. Hay que ver cómo reaccionan”, aseguró un alto asesor de Palacio.

Es que la cuenta pública tuvo un tono “potente” de arenga a las huestes del oficialismo, la clara intención de motivar tanto a quienes votaron por Bachelet como a los que han trabajo en su Gobierno. En La Moneda explicaron que fue un llamado a los parlamentarios, a los dirigentes, a las bases de los partidos y a su electorado a “recuperar el orgullo”, a comprender que, cuando se habla de “legado”, no se trata solo de su Gobierno o su rol de Presidenta, sino de lo que representa realmente la centroizquierda en el país. “El problema principal que tenemos hoy en la Nueva Mayoría es la falta de convicción de las propias huestes y este fue un claro llamado a hacernos cargo de lo que hemos hecho, de lo que hemos representado, a recuperar la confianza”, sentenció un diputado cercano a Bachelet.

La parte final de la cuenta pública fue un abierto llamado a la unidad, especialmente a la de la Nueva Mayoría, fraccionada y enfrentada por la contienda entre Guillier y Goic, que refleja la fisura en el histórico entendimiento político-electoral entre el PS y la DC, que ha repercutido en la capacidad de los partidos de sellar un acuerdo parlamentario para enfrentar la elección, en cinco meses más, con una lista única de candidatos al Congreso.

“Hace poco más de tres años abrimos las puertas a nuevas esperanzas. Tomamos la bandera que, de mano en mano, llegó hasta las nuestras. La bandera de O’Higgins, la bandera de Aguirre Cerda, Frei Montalva y Allende. La bandera de Chile (…). Quiero pedirles especialmente a los demócratas progresistas de Chile, a quienes me acompañan en el Gobierno, unidad en la acción y lealtad a los principios que nos convocan (…). Lo que ha dado gobernabilidad al progreso es nuestra unidad y es lo que debe asegurar la consolidación de nuestras reformas y los avances en el futuro. Hemos puesto en marcha una historia y somos responsables ante el país de llevarla a cabo”, sentenció Bachelet, desatando una ovación en la Sala del Congreso Pleno.

En la Nueva Mayoría hubo consenso en señalar que, con sus palabras, hizo un claro emplazamiento a la candidatura de Goic, de quien siempre pensó que iría a primarias, lo que coincide con aquellos que en Palacio precisaron que, con este discurso, la Mandataria dejó la neutralidad y fue clara en cuanto a en qué posición está hoy sobre la situación de la coalición oficialista: candidato único, programa único, acuerdo con lista única parlamentaria y de gobernadores regionales.

Entre parlamentarios oficialistas agregaron que, si bien la Presidenta asume ese liderazgo político a última hora, igual puede ser efectivo.

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