Sintió tristeza después de las declaraciones de Bergoglio, quien dijo que no había una sola prueba contra el obispo de Osorno, Juan Barros, contó que en ese momento su primer impulso fue pensar en las víctimas de abusos sexuales a quienes siempre les ha creído y confesó que respecto de aquellas anteriores al año 2015 tiene dudas “de cuán cristianamente les hemos acogido como Iglesia”. No tiene dudas que la credibilidad de la institución católica ha caído, precisamente, a consecuencia de los escándalos de abuso cometidos por sacerdotes, pero cree fervientemente que existe un camino claro de recuperación: “la Iglesia creíble es la que acompaña y reconforta, no la que prohíbe y discrimina”.
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