El año pasado, Constanza Acuña relató ante la justicia canónica los 10 años de abuso que vivió a manos de un religioso. Envió correos al obispo de Villarrica; copió su causa a Juan Ignacio González, entonces integrante del Consejo para la Prevención de Abusos; a Fernando Ramos, administrador apostólico de Rancagua; y a Cristián Roncagliolo, obispo auxiliar de Santiago. Nadie movió un dedo por ella, hasta que acudió a la justicia civil. “Hay una mafia de cultura de encubrimiento. Hay una red que te impide avanzar, es terrible, porque estás sola contra una mole”, dice.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo