Opinión

Pandemia: ¿una maldición o una bendición disfrazada?

Esta crisis podría desatar energía y voluntad para transformar la forma de vivir actual, enfrentar el gran desafío del cambio climático, la desigualdad y el individualismo. Será prolongada y ardua, pero creará una gran oportunidad de construir un mundo mejor. Dependerá de la resolución política, la conciencia social y lo que haga cada uno de nosotros. Entonces, esta pandemia podría devenir una bendición disfrazada.

Si se maneja bien, esta pandemia del coronavirus podría crear condiciones propicias para impulsar transformaciones cruciales. Podría devenir una “bendición disfrazada”. Esta pandemia, cuyos efectos serán mucho más sustanciales y duraderos que los que percibimos ahora, puede ser una señal anticipada, una potente advertencia y una alerta para que el ser humano se disponga a cambiar de manera radical su forma de vivir y organizarse.

Hasta días antes de la difusión exponencial de los contagios, el tema más angustiante era el cambio climático. Los datos se iban tornando alarmantes. Los últimos informes nos advertían los riesgos de escasez de alimentos, subidas del mar, amenazas a poblaciones costeras, calor y sequía, incendios, deshielos, desplazamientos de población. Esta pandemia ha pospuesto esas preocupaciones, pero no las ha hecho desaparecer. Por el contrario, ambos fenómenos globales –pandemia y cambio climático– se imbrican entre sí. Cabe reflexionar, entonces, cómo transformar la crisis sanitaria, económica y ecológica en una oportunidad para efectuar reformas que permitan a la humanidad, y a cada gobierno, abordar con audacia y responsabilidad lo que vendrá.

Así lo advierte Hans Joachim Schellnhuber, director emérito del Potsdam Institute: “El cambio climático está llegando al fin del juego, muy pronto la humanidad deberá elegir entre tomar acciones sin precedentes o aceptar que ya es muy tarde y sufrir las consecuencias… si continuamos por el camino actual hay un alto riesgo de terminar con nuestra civilización. La especie humana sobrevivirá de alguna manera, pero habríamos destruido casi todo lo construido en los últimos 2000 años” (Existential climate-related security risk: A Scenario Approach, David Spratt & Ian Dunlop, mayo 2019).

Siendo esta pandemia la primera crisis realmente global y sistémica, ella se propaga a todas las esferas de la vida. Abarca a todos los países, sectores sociales, razas, religiones, grupos etarios; amenaza la salud; se entrelaza con el cambio climático; destruye empleos y daña la actividad productiva y financiera; aumenta la pobreza, y modifica los comportamientos de cada uno de nosotros.

No tenemos claro cómo se retroalimentarán todos estos procesos, pues no hay experiencias que nos guíen. Pero sí intuimos que cambiará la organización de la vida, veremos transformaciones institucionales y de comportamiento, de gran magnitud. La vulnerabilidad personal, que no exime a nadie, nos dispondrá a prevenir y actuar de forma radical. Transformaciones urgentes, que han sido peligrosamente postergadas, serán más viables de realizar. Dependerá de la conciencia de la sociedad y del liderazgo político. Por primera vez el ser humano encara a un mismo enemigo desconocido. Sin duda, este trauma nos sensibilizará también sobre la trascendencia del cambio climático para el futuro de la especie humana.

Anticipación y diseño de nuevas estrategias

Inevitablemente, la atención de los gobiernos y de cada persona, en medio de la incertidumbre y el temor, se vuelca a lo inmediato. ¿Qué podemos atisbar si levantamos la mirada?  Es imprescindible analizar escenarios futuros. La prospectiva, o foresight en inglés, es un método para pensar y situarnos en distintos horizontes, incluso los más dramáticos. Solo así podremos identificar los obstáculos y oportunidades que pueden surgir. La prospectiva complementa la atención a lo inmediato, al explorar y detectar futuros plausibles. Nos da tiempo para adelantarnos, diseñar nuevas estrategias y salir mejor parados. Al analizar distintos escenarios, desde los más moderados, de continuidad, hasta los extremos, de disrupción, se puede disminuir la incertidumbre y seleccionar los que parecen más plausibles para concentrase en ellos y deducir cursos de acción más efectivos.

Esta herramienta es aún más requerida cuando distintos pensadores vaticinan que “la actual pandemia global COVID-19 será vista en retrospectiva como un gran acelerador que nos hizo transitar desde la continuidad del pasado a una nueva era. Solo un acontecimiento como este, que desarma todas nuestras nociones preconcebidas, un quiebre epistémico, tiene el poder transformador general para alterar la condición humana”, así registra Nathan Gardels (The World Post, 21 marzo de 2020).

Hacer sistemáticamente el ejercicio de prospectiva ayuda a los gobiernos, organismos internacionales, instituciones, empresas y sociedad civil. Facilita una reflexión sobre estrategias para encarar diversos escenarios. A partir de ese ejercicio es posible identificar qué iniciativas son transversales y cuáles conviene poner en práctica lo antes posible.

Algunos países avanzados cuentan con capacidades de prospectiva, otros emergentes tienen muy escasos recursos humanos e institucionales para escrutar futuros y anticipar. Es indispensable, por tanto, crear unidades de futuro en los principales centros de gobierno, fortalecer los existentes y conectarlos con equipos de las regiones, empresas y universidades.

¿Qué amenazas se avizoran en el horizonte?

Advertido de los riesgos de errar en circunstancias tan inciertas, aventuro cinco amenazas principales.

Las oportunidades de cambio

Paralelamente a las amenazas, se crearán circunstancias favorables para realizar transformaciones institucionales, políticas, económicas y sociales que se hallaban pendientes, bloqueadas, o que nunca se habían viabilizado. Es importante vislumbrar esos cambios para anticipar la acción. Veamos algunos.

Chile y América Latina

La anticipación de escenarios y tendencias ayuda a identificar cursos de acción y a preparar programas de futuro en América Latina. La situación actual podría desatar un gran impulso transformador y con ello evitar que se acentúe el rezago, social, económico y democrático de la región.  Surge una gran oportunidad de realizar transformaciones como las siguientes.

Anticipar para construir un mundo mejor

La prospectiva sirve para anticipar y actuar. Es un modo de pensar que mejora las decisiones al advertir riesgos y detectar oportunidades. América Latina, y Chile en particular, debe reforzar su capacidad de estudio de escenarios posibles y de estrategias nacionales. Cuando se anticipan las transformaciones pueden impulsarse con antelación, es lo que hay que realizar ahora, no esperar la “nueva normalidad”. “Los líderes que ganaron la guerra no esperaron la victoria para planear lo que seguiría. (…) El mismo tipo de prospectiva se necesita ahora” (El virus desnuda la fragilidad del contrato Social, Editorial Financial Times, 3 de abril de 2020).

En esta pandemia cada uno de nosotros se siente vulnerable, frágil y solo o sola. Y también constata que se puede vivir consumiendo menos productos superfluos y conspicuos, viviendo con más igualdad y protegiéndose mutuamente, contaminando menos.

Esta crisis podría desatar energía y voluntad para transformar la forma de vivir actual, enfrentar el gran desafío del cambio climático, la desigualdad y el individualismo. Será prolongada y ardua, pero creará una gran oportunidad de construir un mundo mejor. Dependerá de la resolución política, la conciencia social y lo que haga cada uno de nosotros.  Entonces, esta pandemia podría devenir una bendición disfrazada.