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Felipe Kast y los liberales. Una alianza razonable

por 29 junio, 2017

Felipe Kast y los liberales. Una alianza razonable
Puede ser ingenuo soñar con un gran referente liberal que vaya desde el Partido Liberal hasta Evópoli, pasando por los integrantes de Sentido Futuro. No somos muchos; tiene sentido que los pocos que somos estemos juntos. Ciertas contingencias han separado a nuestros mejores dirigentes. No es necesario que todos piensen igual. Habrá algunos más orientados a la derecha y otros hacia a la izquierda. Las familias liberales son tolerantes a la divergencia de opinión. Lo importante es que el liderazgo que está construyendo Felipe Kast es un activo del proyecto liberal de largo plazo en Chile.

La mayoría de los liberales chilenos se sienten frustrados ante la ausencia de candidaturas presidenciales que los representen. La coalición que lleva por nombre “Sentido Futuro” –que agrupa a Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal– estaba llamada a portar dichas banderas. Por diversas razones, que no viene al caso referir, dicha alianza fue incapaz de parir una carta presidencial. Existen, sin embargo, otras fuerzas liberales. El Partido Liberal del diputado Vlado Mirosevic ha optado por integrar el Frente Amplio y apoyar a Beatriz Sánchez. Es una decisión políticamente legítima, pero que genera otras tantas preguntas legítimas sobre la consistencia entre ideología y estrategia. En la derecha agrupada en Chile Vamos, los pocos liberales que conozco participan del proyecto presidencial de Felipe Kast. Sobre este último, he llegado a la convicción de que se trata de un proyecto valioso, no solo para la renovación de la propia derecha sino también para fortalecer la proyección del discurso liberal en Chile.

Salgamos altiro de dudas: ¿es Felipe Kast un liberal? Hace poco, sostuvo que estaba en contra del proyecto de aborto del Gobierno justamente por su calidad de liberal. Creo que en aquello se equivoca. Tal como varios hemos señalado respecto del aborto, la posición liberal en general es aquella que se abstiene de colocar sobre los hombros de los ciudadanos cargas demasiado onerosas, es decir, aquellas que afectan radicalmente la igualdad de estatus en una determinada sociedad. Exigir a la mujer, bajo sanción penal, que cargue con un embarazo que pone en riesgo su vida o la expone a situaciones traumáticas o indignas, no es propio de liberales. Para nosotros no existen los deberes jurídicos de sublimación.

Kast cree que responde la pregunta del aborto desde la perspectiva liberal porque defiende la vida del embrión o feto. Es razonable. Pero suponer que ese embrión o feto dispone de la misma categoría moral de la madre es una posición controvertida. Ni siquiera es necesario tacharla de religiosa, como si Kast estuviera escondiéndonos que su posición –en el fondo– no es más que la consecuencia de su creencia en que Dios creó ahí una vida especial e irrepetible. No es la religiosidad de su postura el problema, al menos no desde la perspectiva liberal. Su posición podría estar igualmente fundada en una filosofía secular antiabortista. El problema va por otro lado.

Los liberales entienden que, en sociedades pluralistas, existen convicciones profundas y antagónicas sobre temas como el aborto. Son controversias que dependen de aquellos desacuerdos morales y metafísicos que Jonathan Quong llama fundacionales. Por su importancia, el liberalismo no busca zanjarlos definitivamente, imponiendo la tesis de un partido sobre su contrario. Pero también existen otros acuerdos fundamentales en torno a principios y valores comunes. Uno de ellos es que no impondremos a los ciudadanos deberes supererogatorios. Es esta convicción política profundamente liberal –que nace del encuentro entre la igualdad democrática y la idea de autonomía moral– la que debería guiar el razonamiento de Felipe Kast, sin abandonar en ningún minuto su propia convicción filosófica sobre la misma materia.

Creo, por lo anterior, que el candidato de Evópoli yerra el marco de análisis. Citar a Sandel –un gran comunitarista crítico del liberalismo– en esta batalla no le será útil.

Más allá de sus definiciones doctrinarias y programáticas, Felipe Kast le hace bien a la derecha chilena. La saca de su zona de confort, allí donde todavía mandan los Baby Boomers. Dentro de su tribu, les genera una opción razonable a las generaciones que son genéticamente más liberales que sus padres. Por lo mismo, su aventura le hace bien al proyecto liberal en general. Es cierto que hoy Evópoli está dentro de una coalición con la UDI y RN. Es natural que esta combinación sea matapasiones en el mundo liberal.

Pero esta no es, obviamente, razón suficiente para descalificarlo como liberal. De hecho, sus posiciones en varios otros temas del mismo talante “valórico” suelen zanjarse con un marco típicamente liberal, como es el caso del matrimonio igualitario (con posibilidad de adopción), el derecho a eutanasia y la despenalización del cannabis. En otros clivajes contemporáneos, Kast también toma la posición liberal: celebra la inmigración y reconoce el valor público de la ciencia. En la dimensión económico-social, la insistencia casi majadera en la importancia de poner a los niños al comienzo de la lista de prioridades resuena en el principio liberal de la igualdad de oportunidades. Su argumento de justicia para oponerse a la gratuidad universitaria proviene del repertorio liberal. Más todavía, Felipe Kast cree que sin esa igualdad de oportunidades no es posible hablar de libertad.

Es decir, del mismo modo que muchos liberales modernos, cree que la libertad a perseguir no es puramente ausencia de interferencia sino autonomía. Esto implica separarse en dos sentidos de la tradición dominante en la centroderecha.

Por un lado, que las libertades relevantes no son solo las económicas. Por el otro, que generar capacidad de autonomía requiere de ciertas condiciones positivas de actividad pública. Si no fuera por su postura sobre el aborto, diría que personifica una versión criolla del socioliberalismo de Emmanuel Macron.

Más allá de sus definiciones doctrinarias y programáticas, Felipe Kast le hace bien a la derecha chilena. La saca de su zona de confort, allí donde todavía mandan los Baby Boomers. Dentro de su tribu, les genera una opción razonable a las generaciones que son genéticamente más liberales que sus padres. Por lo mismo, su aventura le hace bien al proyecto liberal en general. Es cierto que hoy Evópoli está dentro de una coalición con la UDI y RN. Es natural que esta combinación sea matapasiones en el mundo liberal. Pero no eran muy distintas las sospechas que generaban, en otro lado del espectro, las alternativas a Andrés Velasco en la primaria neomayorista. Aun así, la mayoría de los liberales apoyó a Velasco. No sería mala idea que esta vez hiciéramos lo mismo con Felipe Kast.

Puede ser ingenuo, a estas alturas, soñar con un gran referente liberal que vaya desde el Partido Liberal –probablemente estaría escribiendo algo parecido si fuese Vlado Mirosevic el candidato del Frente Amplio– hasta Evópoli, pasando por los integrantes de Sentido Futuro. No somos muchos; tiene sentido que los pocos que somos estemos juntos. Ciertas contingencias han separado a nuestros mejores dirigentes. No es necesario que todos piensen igual. Habrá algunos más orientados a la derecha y otros hacia a la izquierda. Las familias liberales son tolerantes a la divergencia de opinión.

Lo importante es que el liderazgo que está construyendo Felipe Kast, el cuerpo de profesionales que lo rodea –que redactaron un programa en serio– y su naciente pero aceitada estructura partidaria, son todos activos en el proyecto liberal de largo plazo en Chile. Por todas estas razones, me parece atractiva la idea de concurrir a la primaria a pedir el papelito donde sale Kast y hacerle una raya que no pide nada a cambio, pero guarda una cierta esperanza en que, algún día, el puzle se va a armar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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