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Una política de migraciones integral e integradora para Chile

por 20 marzo, 2018

El fenómeno, y no problema, de las migraciones es muy antiguo y constante en la historia de la humanidad. Todos los países del mundo, lo reconozcan o no, se han conformado o transformado por personas que llegaron más allá de sus fronteras. Ejemplos en Chile tenemos muchos.

Hoy, la agenda de nuestro país trata de nuevo esta realidad de los emigrantes, de los extranjeros y, en definitiva, de la libre circulación de las personas naturales a nivel internacional (otro tema es el de las personas jurídicas). ¿Cómo debería ser una política moderna de migraciones para Chile?

Sin que sea un análisis exhaustivo, en mi opinión, algunos puntos de interés serían los siguientes.

En primer lugar, conforme al derecho internacional actual todo estado soberano no está obligado a admitir extranjeros en su territorio. Pero si se les autoriza a entrar, se les debe tratar de forma correcta conforme a un estándar mínimo internacional sin ningún tipo de arbitrariedad ni racismo. Por otra parte, el extranjero debe respetar las costumbres y leyes del país donde reside.

No caigamos además en la esquizofrenia de exigir o haber exigido a otros estados de la comunidad internacional derechos humanos para todos los chilenos que residen en el exterior, no siendo capaces de otorgar esos mismos derechos a otras personas que viven entre nosotros.

En segundo lugar, nos guste o no una política de puerta cerrada en esta materia, de flujo cero, es imposible en un mundo globalizado como el actual. Lo que hay que lograr es una política de migraciones integral. Son múltiples las dimensiones que hay que trabajar para ello, no sólo la policial de control de fronteras y flujos migratorios. El país de forma responsable y solidaria tendrá que evaluar cuántos inmigrantes puede asumir, sabiendo que no sólo vienen trabajadores, llegan personas llenas de dignidad, con sus culturas, tradiciones, sueños y formas de entender el mundo. Ellas necesitan un trabajo decente, pero también una vivienda decente, una salud decente, una educación decente,… sin precarización, como todo ser humano.

En tercer lugar, la política de migraciones debe ser integradora. Ello nos exige a todos, estado y ciudadanos, nacionales y extranjeros, un esfuerzo mutuo de diálogo, acogida, encuentro y mediación para disolver un imaginario de miedos, gestionar las diferencias y generar un país cohesionado y unido en la diversidad desde una perspectiva intercultural.

Y, por último, no olvidemos mirarnos a los ojos y ver lo positivo y el aporte multidimensional de las personas migrantes en el desarrollo humano del país. No caigamos además en la esquizofrenia de exigir o haber exigido a otros estados de la comunidad internacional derechos humanos para todos los chilenos que residen en el exterior, no siendo capaces de otorgar esos mismos derechos a otras personas que viven entre nosotros.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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