Discurso de Adolfo Zaldívar ante la Junta Nacional del PDC - El Mostrador

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Discurso de Adolfo Zaldívar ante la Junta Nacional del PDC

por 26 enero, 2003

[Texto íntegro]

VOLVER AL CORAZON DE CHILE (Adolfo Zaldívar Larraín, Presidente Nacional PDC)

Chilenos y chilenas: A muchos les llamará la atención que inicie mis palabras con una invocación a nuestros compatriotas y no a ustedes, camaradas, miembros de esta Junta Nacional, y por tanto, depositarios de la soberanía partidaria.

Estimé necesario hacerlo porque todos los partidos políticos, sin excepción, le debemos a nuestro pueblo una explicación. Ellos la esperan, es más... la necesitan. La Democracia Cristiana, pese a la profunda crisis que afecta a la institucionalidad política puede y debe dársela. No en palabras sino con hechos y nadie se humilla si pide perdón por los errores cometidos. Nosotros lo hacemos hoy con la convicción y el deseo de reencontrarnos con los chilenos y chilenas que siempre creyeron en nosotros.

Hace un año, en esta sala, ustedes confiaron en nuestra propuesta de dirección partidaria y nos eligieron con una amplia mayoría. Veníamos de recibir un serio revés electoral, el pueblo nos sancionaba por no haber sabido escucharlo, y nuestros aliados habían competido dura y abiertamente contra los nuestros. Cayeron en la brega democrática diputados y senadores, el desánimo nos inundaba y si bien las directivas anteriores hicieron una suma de esfuerzos por evitar el desastre, éste resultaba inevitable, principalmente, por nuestros propios errores.

No es del caso volver sobre ellos. En ese momento ninguno de nosotros imaginó que viviríamos uno de los años más duros del quehacer político nacional y si podemos hoy llegar a esta junta, con conciencia del descrédito de la política ante la opinión pública, es porque ya en enero del año pasado habíamos hecho un diagnóstico correcto del mal que venía corroyendo esta noble acción humana.

Cuando hablamos de rectificar y cuando ustedes nos mandataron con facultades especiales para proceder, estábamos actuando con la intuición de quien percibe que se avecina el peligro o la tormenta.

Eso demuestra una gran virtud y reserva de las bases del Partido, existe conciencia y formación política. Fuimos capaces de reconocer nuestros errores y estuvimos anímicamente listos para proceder. Tomamos decisiones dolorosas, que afectaron a camaradas e hijos de camaradas. Y lo hicimos no porque creyéramos que eran culpables de delitos, sino porque sus actuaciones dañaban la credibilidad del Partido, que ya estaba en entredicho y que queríamos recuperar.

Quisiera detenerme un momento para referirme a Luis Pareto, con quien he hablado antes y después del fallo por los desafueros. En ningún momento una mala palabra o una recriminación destemplada. Con coraje y dignidad mantuvo y mantiene la fe en su hijo y en el Partido. Comprendió, aunque no compartió la decisión de la mesa, y no ha tenido hacia ella, ni hacia este presidente nacional, gesto alguno de deslealtad o pequeñez política; tengo la obligación moral de contárselo no sólo a la Junta Nacional sino al país. Podemos los Demócrata Cristianos equivocarnos y cometer errores, pero Chile debe saber que eso no puede destruir los aciertos y virtudes de miles camaradas que esta tarde personifico en Luis Pareto y en el duro trance que ha vivido.

Amigas y amigos, nada hubiese sido posible sin ustedes. Cuando recorríamos el país, previo a los sucesos que nos conmueven, escuchábamos tanto en Arica como en Punta Arenas un diagnóstico común: El Partido debe volcarse a la ciudadanía, debe ser capaz de volver a interpretar a los más humildes y recuperar la defensa de la clase media. Más preocupación por la gente que por nosotros mismos, nos decían.

Buscando cumplir con esas aspiraciones y con el programa de rectificación que les propusimos nos abocamos de lleno a esas tareas. Ya el Secretario Nacional y los demás dirigentes a cargo de áreas específicas se han explayado sobre los avances, planes y proyectos que apuntan a lograr los objetivos de recuperación y reinserción del partido en el corazón de los chilenos y chilenas.

No tendremos título político o moral para pretender seguir en el poder si no somos capaces de concretar este desafío. Las correcciones internas están en pleno desarrollo y maduración, el desafío para esta Junta Nacional y esta Directiva es culminarlas a la brevedad para volcarnos a los barrios, campos y caminos de Chile.

Cuando en medio del vendaval la gente en la calle nos para y nos dice que sigamos adelante, cuando viejos camaradas se nos acercan para decirnos que ya nos les da vergüenza reconocer que son demócratas cristianos y jóvenes estudiantes nos señalan que quieren venir a sumarse a nuestras tareas, es porque estamos volviendo a la senda correcta.

No es irresponsable político quien busca recuperar la identidad, o quien constata que la coalición que ayudamos a crear y a sustentar se había agotado, poniendo de paso en riesgo la existencia misma del Partido.

Persistir en una fórmula agotada sería irresponsable. Asirnos al poder por el poder, justificar la existencia del Partido y de la Concertación para que los mismos de siempre profiten sería un suicidio, tal como la dura realidad lo ha dejado en evidencia. Si el Partido no reacciona como lo hizo, camaradas, esta Junta Nacional sería un funeral.

Pero el país espera de nosotros algo más que reacciones oportunas, requiere de acciones y proposiciones que permitan generar empleos, demanda interna y oportunidades para mujeres y jóvenes.

Cuando afirmé que la Concertación se acabó y que debemos refundarla, es porque todo aquello de épico y positivo que tuvo, en su gestación y mantención en el tiempo, se agotó.

Al margen de los éxitos políticos de la transición, del crecimiento económico, de la inserción en el mundo y las potenciales expectativas que abren los tratados de libre comercio gestados bajo las administraciones concertacionistas y culminados exitosamente por el Presidente Lagos; la gente siente que creamos una élite ajena a sus problemas reales, que se autocongratula de sus actuaciones y que vive distante de la realidad del chileno medio. Y que para colmo de todo, el capital moral que podía exhibir, por su lucha por la libertad y los Derechos Humanos, lo dilapidó en una serie de hechos impropios y de corrupción que ha minado su confianza a grados superlativos.

El fenómeno es tan grave que cuando algunos han querido disculpar esas malas prácticas, recordándole a la derecha que ella las hizo mayores y en total impunidad, amparados por el régimen militar y amparando las violaciones a los Derechos Humanos, la misma gente nuestra nos dice que hasta cuando nos justificamos con las embarradas de aquél gobierno.

Una coalición además de sustentarse en éxitos materiales debe tener una justificación superior. El pueblo quiere progreso, pero junto a eso quiere dignidad y la oportunidad de realizarse como personas.

Hoy la degradación de la educación pública alcanza niveles escandalosos, de una desigualdad brutal y que divide al país peligrosamente. No sacaremos ventajas de la inserción internacional si terminamos de yanaconas de las grandes transnacionales y esclavos de la globalización, por no estar a la altura de sus desafíos. Para usar virtuosamemnte esa oportunidad debemos apostar a la educación.

Ahí, hay un desafío superior. Llamo la atención de esta Junta Nacional sobre este punto, ya que la ministra del ramo es una distinguida camarada. Les recuerdo que a la cabeza de esa cartera, durante los gobiernos nuestros, estuvieron destacados políticos, relevantes economistas, eruditos educadores, sin embargo el problema de fondo persiste, pese incluso, a esfuerzos presupuestarios especiales. No es un problema de la gestión actual.

He ahí camaradas, tal vez, el punto sobre el cual la nueva coalición podría hacer girar su eje espiritual para un próximo gobierno. Creánme que pienso, al inicio del Siglo XXI, que si la derrota de Pinochet, en el plebiscito, permitió recuperar la libertad a la misma generación que la había dilapidado, derrotar la brecha educacional será pasar a un estadio superior en la formación de nuestro pueblo y asegurarle la libertad con mayúscula a las generaciones que nos seguirán.

Como Presidente Nacional anuncio que convocaré a nuestros más calificados maestros y profesionales del área para conformar una entidad similar a la Comisión Económico Social para que se aboque específicamente al análisis de esta materia, que para los Demócrata Cristianos es el modo más eficaz de asegurar la movilidad social, la libertad personal y la dignidad de los seres humanos.

Sólo con mejor educación para todos nuestros niños y jóvenes seremos capaces de darnos marcos morales, éticos y culturales que ayuden a erradicar las lacras sociales que amenazan la existencia misma de la familia y de nuestra sociedad.

Eso será un aporte concreto y efectivo y lo propondremos como eje prioritario del programa de gobierno de la nueva coalición que resulte del proceso de refundación en que estamos empeñados.

Camaradas, debemos tener una visión de lo que queremos hacer mañana. El actual Gobierno pasará y es responsabilidad de los partidos, que hoy lo sustentan, pensar en el futuro. Chile seguirá con sueños y desafíos, debemos estar a su altura para seguir avanzando como nación.

En cuanto a lo inmediato, que no haya dudas de nuestro apoyo a la gestión del Presidente de la República, se lo hemos expresado como Directiva Nacional y en términos personales. A él debe irle bien, pues de por medio están 15 millones de compatriotas que merecen que se hagan bien las cosas.

Contará con la Democracia Cristiana en todas aquellas iniciativas administrativas y legales que se acuerden en bien de los chilenos; por ejemplo, la agenda pro crecimiento y probidad, y en tal sentido pido ante esta Junta Nacional a nuestras bancadas parlamentarias actuar de consuno y a quienes desempeñan labores político-administrativas superiores, intermedias y menores, dar el ejemplo como demócratacristianos de servir sus cargos con diligencia, honradez y espíritu de sacrificio.

Quisiera hacer un paréntesis e informar a la Junta que el Partido, a través de la Comisión Económico Social, elaboró una propuesta para el Consejo Nacional relacionada con la reforma del Estado para la transparencia y probidad.

Esta ha sido puesta en conocimiento del Gobierno y se entregará a los demás partidos políticos, como un signo claro y fuerte que la Democracia Cristiana en esta materia está dispuesta a realizar todos los esfuerzos para corregir las malas prácticas y erradicar todo foco de corrupción. Cada vez que se birla un peso del fisco o se evaden impuestos, se le está robando a los chilenos y chilenas más pobres.

Volviendo a la línea de apoyo y cooperación, le pediremos al Ejecutivo un particular empeño en dar apoyo real y efectivo a las micro, pequeñas y medianas empresas, urbanas, rurales y mineras.

También insistiremos en la necesidad de revisar la política minera, ya que siendo Chile un país minero por excelencia, debe radicar en esa área sus ventajas comparativas. Allí debe poner su acento para desarrollarse, crecer y generar recursos para las áreas sociales. Cada dólar que generen los recursos no renovables debemos invertirlos en capital humano. Esa será la materia prima que generará divisas en el futuro cuando se acaben los minerales.

Respecto de iniciativas legales referidas a la sociedad y a la agenda valórica debemos ser categóricos; estaremos por apoyar todas aquellas que propendan a defender la vida y la familia en su concepción natural. Rechazaremos la manipulación genética de seres humanos, la eutanasia y el aborto.

Jamás aceptaremos legislar a su favor , pero sí lo haremos para impedir los casi 200 mil abortos anuales que se practican en el país. Esa tarea no debe hacerse por coerción o aumento de penas, sino por educar y dar mayores oportunidades a las mujeres. Pero sí debe haber sanciones duras para quienes los efectúen, promuevan y lucren de ello.

Cuando una mujer aborta, comete lo más parecido a un suicidio. Parte de ella dejará de existir y arrastrará de por vida una pena infinita. Nuestra responsabilidad con la mujer chilena es crear las condiciones para que ella jamás se vea obligada a enfrentar ese trance.

Cuando hemos defendido a ultranza el subsidio maternal, y deberemos en el Senado corregir el error cometido en la Cámara, es porque la maternidad para nosotros tiene un valor sublime, no tiene precio, ni puede estar condicionada a que una mujer gane más que otra. Camaradas, las mujeres adineradas, que son muy pocas, no necesitan subsidio. Pero a las mujeres que trabajan, que ayudan a financiar su hogar, las que con esfuerzo llegan a ser profesionales, ¿a ellas las vamos a limitar en su esencia?¡No camaradas! lucharemos por mantener inalterable el subsidio maternal para la mujer chilena que trabaja, sea cual sea su renta.

En esa misma perspectiva de protección a la familia impulsaremos, todas aquellas leyes destinadas a fortalecerla, pero de igual forma nos hemos abierto a la realidad de los miles de matrimonios destruidos, donde la desprotección, generalmente de mujeres y niños, genera situaciones dramáticas.

Para ello hemos conversado y dialogado con entidades religiosas y civiles de tal forma que una nueva Ley de Matrimonio Civil, si bien permita terminar con las situaciones irregulares existentes, propenda a fomentar los matrimonios y dar estabilidad a las familias.

Camaradas, somos en su gran mayoría cristianos, aunque como Partido no somos confesionales. Sí sentimos afecto, compromiso y respeto por la Iglesia Católica, más aún cuando en la historia reciente jugó un papel tan decisivo por la libertad y dignidad de muchos chilenos que, curiosamente, al vivir ella momentos de angustia, por el comportamiento extraviado y repudiable de algunos de sus integrantes, algunos no han vacilado en atacarla, velada o abiertamente.

En esta hora de dolor para la Iglesia Católica le expresamos, como Partido, nuestra solidaridad y comprensión. No seremos nosotros quienes les demos la espalda.

Aprovecho esta ocasión para agradecer a los Obispos de las Iglesias Evangélicas su apertura y disposición para dialogar en materias que al Partido le interesa para intercambiar opiniones de orden, espiritual, ético y moral. También quiero destacar que la opulencia de la ley de Culto fue un paso importante de igualdad y justicia.

Amigas y amigos, en la línea de apoyar los tres años que restan de Gobierno con sus tareas urgentes y pendientes, resulta imperioso afirmar que es un contrasentido adelantar debates electorales que vayan más allá del desafío municipal del 2004. Lo primero será esperar ese resultado; ver si concordamos, en la nueva coalición, un programa de gobierno común y recién entonces se verá quien de los nuestros encarna de mejor forma el liderazgo frente a la coyuntura de ese momento. Adelantarnos es debilitar el actual liderazgo presidencial, particularmente necesario cuando la crisis político-institucional parece no amainar.

Si bien esta advertencia es válida para nosotros, respecto de nuestras prioridades y tareas, también vale para los dirigentes de otros partidos a quienes les decimos que, si desean participar de las decisiones internas de la Democracia Cristiana, se hagan militantes de ella; en caso contrario mejor es que gasten sus energías en labores de asepcia interna, condición necesaria para volver a respetarlos.

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