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La compleja posición del ministro jefe de las finanzas públicas

Felipe Larraín transpira frío

por 7 octubre 2011

Felipe Larraín transpira frío
No pudo estar en la cadena nacional exponiendo la Ley de Presupuesto como lo han hecho todos los ministros de Hacienda. No consiguió que, desde su ministerio, el Presidente anunciara el envío del proyecto que rebaja la tasa de interés. Acostumbrado a destacar sus logros, su paso por Estados Unidos, su libro de macroeconomía, observar como Longueira le invade su parcela debe ser, quizás una de las experiencias más duras de su vida profesional.

Es difícil imaginar al contenido Andrés Velasco, al flemático Alejandro Foxley, al impulsivo Eduardo Aninat o al sanguíneo Nicolás Eyzaguirre enviando mensajeros a La Moneda para intentar que el Presidente de la República los incluyese en el anuncio de la Ley de Presupuesto.

No era necesario: en Chile siempre fueron los ministros de Hacienda los encargados de exponer en cadena nacional, pero Sebastián Piñera -presidente economista- rompió la tradición. Aunque Felipe Larraín conocía la decisión de Piñera, el mismo día de la transmisión mandó a su jefe de gabinete y a su jefa de prensa a hacer gestiones a La Moneda para lograr aparecer, al menos, junto al Presidente. Tal como Joaquín Lavín, el ex ministro de Educación que acompañó a Piñera en la cadena nacional en la cual lanzó el plan GANE para la Educación.

Ninguno de sus antecesores en Hacienda tuvo que trabajar para hacerse un espacio; lo traía aparejado el cargo. Larraín, en cambio, está atento a no dejar pasar oportunidad: cuando Piñera anunció el envío del proyecto para bajar la tasa de interés máxima convencional, se la jugó porque la ceremonia fuese en su ministerio, porque era materia de su competencia, pero se hizo en La Moneda. Aspiraba a tomar la palabra durante la ceremonia en la que también estaría presente el ministro de Economía, Pablo Longueira, pero no pudo. Se acordó previamente que ninguno hablaría durante el anuncio.

Si Larraín compitió con Juan Andrés Fontaine, el ex ministro de Economía, a quien se le adelantó con las medidas anti-abusos para los clientes de la banca mientras Fontaine estaba en Silicon Valley, y creó la “Mesa de Trabajo para la Competitividad” días después de que Piñera le encomendara a Fontaine la agenda "Impulso para la Competitividad", ahora el asunto es al revés. Longueira es quien le invade su predio y él tiene que defenderlo.

Ninguno de sus antecesores en Hacienda tuvo que trabajar para hacerse un espacio; lo traía aparejado el cargo. Larraín, en cambio, está atento a no dejar pasar oportunidad: cuando Piñera anunció el envío del proyecto para bajar la tasa de interés máxima convencional, se la jugó porque la ceremonia fuese en su ministerio, porque era materia de su competencia, pero se hizo en La Moneda. Aspiraba a tomar la palabra durante la ceremonia en la que también estaría presente el ministro de Economía, Pablo Longueira, pero no pudo. Se acordó previamente que ninguno hablaría durante el anuncio.

Por qué no te callas

Economista doctorado en Harvard, mejor alumno de su promoción en Ingeniería Comercial en la UC, es conocido por hablar con entusiasmo de sí mismo, de sus logros en Estados Unidos, de su libro de Macroeconomía escrito junto a Jeffrey Sachs, de su paso como profesor de Harvard. Esa actitud despierta recelo entre algunos de sus pares que apuntan a que el autobombo es exagerado tomando en cuenta algunos aspectos: su libro es para alumnos de pre-grado, lo que le resta valor; el número de citas de sus papers es infinitamente inferior a los de otros chilenos como Eduardo Engel, Andrés Velasco, Sebastián Edwards o Felipe Caballero, y la cátedra de profesor visitante en Harvard siempre tienen que dársela a un latinoamericano.

Debe ser duro para el ego de Larraín tolerar que Longueira le quite protagonismo en materias de su competencia. Que frente a la iniciativa del ex senador UDI de impulsar una reforma tributaria para mejorar la educación, el gobierno se abriera a la idea con un “no es un tema tabú”. El se oponía rotundamente a la idea y después la matizó con la que promete ser una de las frases más recurridas del año: “no es un tema tabú”.

Longueira hizo suya la moción de varios parlamentarios de bajar la tasa máxima convencional, surgida en la discusión del Sernac Financiero y, tras una negociación con el senador PPD Eugenio Tuma, quien había introducido una indicación que alargaría la tramitación, logró transformarla en proyecto de ley. Otra materia que compete a Hacienda.

Reducir el impuesto específico a los combustibles, también planteado por Longueira, fue un punto a favor de Larraín, lo que, dicho sea de paso, se encargó de destacar. “Más allá de las opiniones personales, aquí existe una sola posición que es la posición del Gobierno, es la que ha planteado el ministro (Andrés) Chadwick, es la que he planteado yo”.

Longueira busca y está logrando posicionarse como el ministro de la clase media y como político fogueado no aparece peleando con su compañero de gabinete por la prensa. “Tengo muy claros los roles de Hacienda y Economía”, sostuvo en La Tercera, dándole una connotación novedosa al mayor equilibrio en los roles a las dos carteras. Sin embargo, a su par de Hacienda se lo ve enrabiado con tanta intromisión. No por nada se despachó una frase que linda con la del picado: “Yo también podría hablar de la Ley de Pesca, pero para qué hacerlo… yo puedo tener mis opiniones y al final la opinión que vale en cada tema es la opinión del responsable de tema”.

O sea, un no te metas. O un ¿por qué no te callas?

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