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Campaña presidencial: Los desafíos del último tramo

por 17 noviembre, 2005

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La preocupación colectiva en las filas de la Concertación con la última encuesta CEP, obliga a detenernos y reflexionar en varios puntos, sin paralizar de ninguna manera la campaña, porque a solo tres semanas de su desenlace no hay minuto que perder.



Es fundamental fortalecer los equipos de trabajo, con militantes de los partidos de la coalición con cargos de responsabilidad en sus organizaciones y con gente con experiencia en campañas electorales. Militantes y personalidades de los partidos, provenientes del mundo intelectual, deben aportar al programa y a las actividades de las candidata en su entrega de propuestas al espectro social impaciente por escuchar sus propuestas.



Los independientes de la Concertación deben, como en toda la historia de ésta, tener el espacio que han ganado con su inmenso y desinteresado aporte en todos los planos, que ha sido de mutuo respeto y no de competencia como sí se ha dado con quienes dirigen las redes ciudadanas, existente solo superestructuralmente, con una cultura fuertemente anti partidos.



Se debe desterrar cualquier ambiente de futuros cargos gubernamentales en los cargos directivos e intermedios del Comando Presidencial, que sin duda ha generado rasgos de autoritarismo, arrogancia, triunfalismo, no en pos del objetivo principal sino de objetivos personales o grupales.



El objetivo de esta coyuntura es el triunfo de la Concertación en las presidenciales y las parlamentarias y no desarrollar escenarios para futuros ministerios, subsecretarías o jefaturas de servicios públicos. Todos aquellos que han hecho de su paso por el comando un entrenamiento de la defensa de su metro cuadrado, de la excomunión a todo aquel que disiente, deben ser reforzados en sus responsabilidades con gente con criterio formado para grandes proyectos y no para administrar parcelas con rótulo de propiedad privada.



Nuestra fortaleza para hacer campaña es la infantería y nuestra debilidad son los recursos materiales y financieros. Los primeros voluntarios deben ser los miles de funcionarios públicos que deben sus espacios laborales a la recuperación de la democracia en nuestro país y a los exitosos gobiernos de los que han sido parte. Muchos de ellos han demostrado una gran capacidad de movilización en acciones reivindicativas, paros sectoriales e incluso paros nacionales; deberían multiplicar sus fortalezas poniéndose al servicio de la candidatura de Michelle Bachelet.



Los recursos escasos con que cuenta la Concertación en relación a la derecha, deben ser administrados y distribuidos de manera eficiente, racional y equitativa. Por otra parte, no se puede dejar de denunciar el compromiso militante de la mayoría de los empresarios chilenos con las fuerzas políticas de oposición, incluso en medio de las declaraciones de amor a Ricardo Lagos de conspicuos dirigentes.



La coincidencia de elecciones presidenciales con parlamentarias, establecía casi un obligatorio escenario en donde la primera alimentaba a la segunda; habiendo cambiado esta situación, el comando presidencial está obligado a humildemente establecer un pacto con todos los candidatos, de trabajo conjunto en las tres semanas que restan de campaña y en el más probable escenario de segunda vuelta en que la Concertación derrotará a la derecha en la contienda parlamentaria.



Las puertas del Comando Presidencial deben estar abiertas y a disposición para recibir a los senadores y diputados electos y no electos, en directa relación al aporte distrital, regional o nacional que puedan hacer. No debemos responsabilizar a una fuerza política aliada de no hacer campaña por Michelle Bachelet, porque en el bloque PS-PPD-PRSD existen emblemáticas candidaturas que están haciendo lo mismo, en la mayoría de los casos porque no se pudieron ajustar a los relajados tiempos del Comando Presidencial quizás por las extensas sobremesas de algunos de sus miembros. En discurso gubernamental quien aporta a la candidata es el Presidente de la República, no los ministros que arriesgan la evaluación positiva que se tiene de él, adjudicando carácter de plebiscito a la primera vuelta presidencial.



Michelle Bachelet, tal como lo hizo Ricardo Lagos hace casi seis años, debe escuchar la voz del pueblo; y el pueblo le pide empleo, y el porcentaje mayor de empleo lo dan la PYMES; y estas son víctimas de todo tipo de abusos por parte de las grandes empresas y los bancos. Comprométase con ellas.



El pueblo pide mano firme con la delincuencia, porque sus más directas víctimas son los que a diario conviven con ellos No podemos soslayar una realidad indesmentible que los afecta a diario, que los deja sin sueldos, corrompen a sus hijos, se adueñan de sus espacios comunes de esparcimiento. Michelle Bachelet debe comprometerse con ellos a ser inflexible con la delincuencia, porque puede hacerlo, porque fue una ministra que le pusieron metas a cumplir y las cumplió.



Si el optimismo ya se perdió, lo que corresponde es salir a la calle, trabajar el entorno familiar, amical y laboral como labor individual. Crear comités pro-Bachelet en todo Chile, que deben tener la principal atención del comando y de los partidos de la Concertación.



Michelle Bachelet debe recorrer Chile sin descanso, debe transmitir nuevamente la calidez y confianza que encantó a la gente, lejos de la imagen del funcionario inalcanzable que proyecta buena parte de la burocracia que hemos instalado durante los gobiernos de la Concertación. Los asesores o asesoras más directos de la candidata deben dar el ejemplo, y si no lo hacen no le sirven a la candidata y no sirven al patrimonio común que se llama Concertación de Partidos por la Democracia.



La amistad política que permitió liberar a Chile de la dictadura se debe reinstalar para no perder lo avanzado en estos quince años, el motor de este desafío deben ser las directivas de los partidos, correspondiéndole a cada uno la propia tarea de su frente interno dañado en mayor o menor medida.



Finalmente, es menester conformar un Comité Ejecutivo, representativo del alma de la Concertación. Ejecutivo de verdad, con personalidades, no más de uno por partido y dos independientes, que proyecten en función de nuestra historia y las capacidades demostradas que aún el pueblo requiere de nosotros y nosotros de él.



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Darío Contador es analista político.






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