Crecimiento económico: desastre en dictadura, promedio en transición - El Mostrador

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Crecimiento económico: desastre en dictadura, promedio en transición

por 23 enero, 2007

Milton Friedman y sus discípulos, que se califican de libertarios, han tenido notables victorias ideológicas. Comenzaron con el "Milagro de Chile", vía Pinochet/Chicago Boys. Siguieron con la "revolución conservadora", estrenada por Reagan y Thatcher, con la participación de neoconservadores y fundamentalistas judeocristianos. Influyeron hasta en la Real Academia, que aceptó el neologismo "neoliberalismo" con la definición: "teoría política que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado", aún cuando en su idioma original, el inglés americano, es "un movimiento político... que combina la preocupación liberal tradicional por la justicia social con el énfasis en el crecimiento económico". Finalmente, impusieron sus ideas en la enseñanza de la economía, en especial en EEUU, aunque hay influyentes disidentes.



A pesar de nuestra transición a la democracia, que Friedman la atribuyó a su milagro, y de más de un tumbo recio en el camino, seguimos, con leves y positivas adiciones, esa moda del capitalismo de cátedra. Un reciente Índice de Libertad Económica, elaborado por la Heritage Foundation y The Wall Street Journal, dos prominentes propagandistas de esa revolución, que ahora encabeza Bush II, nos da altísimas calificaciones. Ocupamos el primer lugar entre los países en desarrollo, el tercero en las Américas, después de EEUU y Canadá, y el décimo primero (décimo, si no consideramos a Hong Kong, que es una Región Administrativa Especial de la República Popular China), de 146 países calificados (la lista la cierra Corea del Norte e Irak es expresamente excluido).



Según los autores de ese índice, somos "el líder regional" de la libertad económica "por más de una década" y nos dan altos puntajes en las 10 áreas que califican y, muy en especial, en "libertad fiscal", ya que pese a altas tasas en el impuesto a la renta, el tributo a las sociedades "es un extremadamente bajo 17%". También destacan la "libertad del gobierno", debido a gastos públicos "muy moderados, 20,4% del PIB"; la "libertad monetaria", baja tasa de inflación; la "libertad de los derechos de propiedad", porque están "bien protegidos", "la administración de justicia es transparente y eficiente" y "la corrupción rara", y la "libertad del trabajo" debido a que "la flexibilidad del mercado laboral es una de las 20 más altas del mundo". Sólo critican el procedimiento de quiebras y las barreras no arancelarias a productos agrícolas y alimentos procesados.



Por consiguiente, parece que la oposición, el empresariado y casi todos los medios, la derecha dura chilena, es más obtusa que sus pares norteamericanos. Cometen un error similar la CUT y sus amigos políticos al rechazar la "flexiseguridad" danesa en nombre de su actual seguridad. Nuestra flexibilidad laboral recibe, en ese índice, con un máximo de 100 puntos, un altísimo 85,3, y Dinamarca, bastante menos, 74,4.



Los informes internacionales que nos califican tan bien, como el de libertad económica, refuerzan la ilusión del gobierno, medios y ciudadanía acerca de que lograremos el desarrollo dentro de poco, para el Bicentenario. Por desgracia, las estadísticas comparativas no condicen con esa esperanza. Sabemos que son relativas, pero, cuando coinciden, indican una probabilidad bastante aproximada.



Así, por ejemplo, el PIB per cápita chileno, en dólares ajustados por su poder de compra local, ha sido superado, entre 1960 y 2004, por los de Japón, España, Chipre, Grecia, Corea del Sur, Portugal, Islas Mauricio y África del Sur (se excluyen Hong Kong y Singapur, puertos comerciales, y Omán, nuevo exportador petrolero) y sobrepasó solamente a los de Uruguay y Venezuela. A ello se suma que nuestro PIB per cápita en dólares corrientes, entre 1965 y 2004, fue superado por los de Portugal, Corea del Sur, Malta, Barbados y México (se excluyen, además, los micro Estados de Saint Kitts y Nevis y de Seychelles y a Guinea Ecuatorial, reciente exportador petrolero) y pasamos únicamente a los de Argentina y Venezuela.



La brecha de esos incrementos entre nuestro país y en los que entretanto se desarrollaron es gigantesca. En dólares ajustados, el número de veces que aumentó el PIB per cápita entre 1960 y 2004 en Chile es 3,1, Corea, 29,6, Portugal, 12,1, Grecia, 11,2, Chipre, 11,1, Japón, 10,8, y España, 9,3. Y en dólares corrientes, entre 1965 y 2004, en Chile es 8,3, Corea, 134,5, Japón, 39,0, España, 30,7, Malta, 27,5, Portugal, 27,2, y Grecia, 22,6; cierto es que superamos el promedio sudamericano, que fue de 6,6 veces, pero el nuestro es más bajo que el del conjunto de los países en desarrollo, 12,1, y del mundo en general, 10,9.



En realidad, parece no haber una fuerte correlación entre crecimiento y libertad económica. Todos los que crecieron más tienen un lugar más bajo que el nuestro en dicho índice: Chile, 11, Japón, 18, Chipre, 20, España, 27, Barbados, 28, Mauricio, 34, Corea, 36, Malta, 42, Portugal, 43, México, 49, África del Sur, 52, y Grecia, 94. Además, los países en desarrollo más dinámicos del presente no tienen una buen lugar, China, 119, e India, 104. Si agregamos Brasil, 70, y Rusia, 120, para completar el llamado BRAS, la situación no cambia.



Para determinar una política de desarrollo debemos aprender también de nuestra experiencia, en comparación con la del mundo. Así, por ejemplo, si desagregamos las cifras, vislumbraremos que el crecimiento de la economía chilena, en términos compartidos, fue respetable antes del golpe y un desastre durante la dictadura. En los gobiernos de la concertación, es similar al de los países en desarrollo, aunque bastante mejor que los de la dictadura, América del Sur y el mundo en general; pero estamos lejos de ser un país desarrollado debido al lastre Friedman/Pinochet.



En efecto, entre 1965 y 1973, ocho años de pregolpe, nuestro PIB per cápita en dólares corrientes aumento 132%, el de América del Sur, solamente 100%, el de los países en desarrollo, 74%, y el del mundo, 96%. Entre 1973 y 1989, 16 años de dictadura, el nuestro subió únicamente 34% y el de América del Sur, 93%, el de los países en desarrollo, 180%, y el del mundo, 227%. Y durante la Concertación, desde 1989 al 2004, 14 años en transición, el nuestro se elevó 174%, igual que el de los países en desarrollo, 173%, y el de América del Sur, 73%, y el del mundo, 71%.



Con la promesa de que seremos dentro de poco un país desarrollado y con los rendimientos económicos antes indicados, los políticos concertacionistas deberían abandonar sus pequeñeces y rencillas y pensar en serio qué hacer, consultando también a economistas disidentes, como Ricardo Ffrench-Davis y Alexis Guardia. Lo dudo. Nuestra única autoridad representativa, elegida según la norma un ciudadano un voto, es el Presidente. En el caso de los demás, en especial de los congresales, es al revés, ellos eligen a los ciudadanos, una corruptora consecuencia del sistema binominal y sus blindajes. Y mientras ello no cambie, lo más probable es que sigamos con una irresponsable política de frondas y farándulas.



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Iván Auger. Consultor chileno en asuntos políticos radicado en Nueva York

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