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Segunda etapa: Bachelet y los partidos

por 19 enero, 2008

Los partidos políticos son los instrumentos que organizan a la masa colectiva, son los encargados de canalizar las ideas, su trabajo es crear y potenciar las políticas publicas y no sólo crean la instancia para que uno de sus miembros acceda a la presidencia, sino que deben apoyar a su candidato durante la campaña y, posteriormente, darle gobernabilidad por lo que dure su mandato. El caso de Bachelet no es ajeno a este dogma, pero tampoco es asiduo.



Basta mirar el primer gabinete de Bachelet. El hecho de que hubiese paridad de género, en su mayoría rostros nuevos entre los secretarios y que, además, hubiese tres ministros independientes, ya marcaba una diferencia. Pero esto sumados a la explícita promesa de Bachelet de entregar un nuevo estilo de gobierno, nos muestra algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados.



El clásico gobierno en Chile (post 1990) estaba compuesto por un Presidente fuerte (casi figura autoritaria) y por un gabinete de ministros altamente politizados e institucionales. Además de esto, el engranaje de cómo funcionaba el alto nivel ejecutivo, estaba categorizado por la imperiosa necesidad de crear y seguir avanzando como una máquina.



Bachelet, en cambio, aplicó el estilo más humano e horizontal de gobierno ciudadano. Donde si bien también eligió avanzar, se detuvo a mirar para dónde y cómo, en vez de simplemente hacerlo, creando un quiebre con lo anterior. Su gobierno no es distinto porque Bachelet es mujer, su gobierno es distinto porque ella eligió una forma diferente de operar.



Mi argumento es que Bachelet comprendió que su "nuevo estilo" no es, ni será efectivo para los propósitos que exige Chile, y que los cambios que hay que hacer merecen ser hechos más temprano que tarde. Y me parece que es por eso que cuando le restan alrededor de dos años de gobierno, Bachelet hizo un cambio hacia la institucionalidad, mostrando claras señales de apoyo y de confianza en los partidos, que al parecer había olvidado.



Los desafíos que Bachelet deberá superar desde ahora hasta que termine su gobierno no son menores. Pero la característica esencial de ellos es que no va a bastar su estilo carismático para tener éxito en esta travesía. Congruente con mi argumento, Bachelet necesitará del peso de los partidos políticos y la experiencia de los avezados estrategas para lidiar con lo que se viene.



Por ejemplo, el Transantiago. Este ha sido el co-gobernante estrella del periodo. Bachelet ha debido ejercer su mandato teniendo siempre presente las causas y efectos del Transantiago. Ha sido el principal enfoque de los medios, de los analistas políticos y de las críticas de la oposición. Ha sido su talón de Aquiles. Y la peor noticia para Bachelet es que una solución definitiva aún esta lejos. Si bien logró zafarse de las duras y extensas críticas momentáneamente, queda un tema de fondo por solucionar. El extenso trabajo que hay que hacer debe empezar a gestionarse ya, creando una normalización del sistema para la gente, y eventualmente lograr un cierre completo en este tema.



Otra importante barrera que Bachelet deberá saltar sin problemas en esta carrera son las elecciones municipales de octubre. Estos comicios se constituyen como un hito para ver la real popularidad de la Presidenta. Es la instancia donde se inclina la balanza. El que gane estas elecciones tendrá todo el ímpetu para seguir hacia las elecciones presidenciales de 2009. Si la Concertación gana, dará la sensación de que ha hecho un buen gobierno y que la gente apoya las causas y políticas que ha proyectado. Si gana la oposición, en cambio, indudablemente será el mejor momento para atacar una alicaída Concertación y llegar de la mejor manera a la gente para persuadir un cambio de voto.



Por otro lado, tendrá que intentar poner su sello y dejar un legado poniendo en el tapete proyecto de leyes como el cambio al sistema electoral y la ley de cuotas. Iniciativas como esta le harán honra a su principal intención de crear cambios inclusivos a las minorías, a las mujeres y los grupos vulnerables. Además me parece que atacar estos problemas en conjunto con el apoyo de los partidos de la Concertación, no solo es una medida noble y necesaria a estas alturas del partido, sino que es una excelente iniciativa, por ejemplo, de cómo conseguir apoyo popular.



Finalmente, y a nivel internacional, Bachelet tendrá que resolver los problemas limítrofes con Perú en el Tribunal de La Haya y, por otro lado, buscar soluciones definitivas para los temas energéticos con Evo Morales, en Bolivia, y la recién electa Cristina Fernández, en Argentina.



Para todos estos temas es necesario gobernar con los partidos. Aunque para algunos Bachelet tiene mucho carisma y su estilo de gobierno horizontal ha resultado atractivo y necesario, se ha probado que como sistema de gobierno, es una manera ineficiente e ineficaz de crear políticas públicas exitosas.



Los partidos contribuirán con un respaldo institucional importante y político que le dará fortaleza e ímpetu al equipo de gobierno. Y la inclusión de ministros como altos perfiles políticos, para llevar a cabo esta misión, no es mera casualidad. Bachelet sabe que necesita el apoyo de los partidos y por eso los ministros fueron seleccionados con pinzas. Edmundo Pérez Yoma, Francisco Vidal, Alejandro Foxley y José Antonio Viera-Gallo son los operadores para asegurar el retorno de los partidos al poder.

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