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Fotos del backstage de SYNCO: la serie sobre Allende y Pinochet

por 30 junio 2010

Finalmente, tenemos la gran noticia. SYNCO, LA SERIE, tiene coproductora española: PORTOCABO. Los guiones están terminados, coescritos por el trío Baradit-Amoedo-Santana, y la meta se ve cada vez más cercana.

La nota de El Mercurio, de hoy 27 de junio, cuenta algo de los planes y estrategias que la productora de López y Miguel “Obi-wan” Asensio están llevando adelante para concretar esta obra. Frente a cualquier otra empresa, levantar una película o una serie es cosa de titanes, de talentos y motivaciones muy especiales, realmente los admiro. Y en especial los admiro por la decisión de sacar adelante un proyecto que ellos saben que es conflictivo, que es … raro (por decirlo de algún modo) y que puede acarrear decenas de dificultades de todos orden incluso productivo (el aspecto retrofuturista, sci-fi, va a ocasionar exigencias nuevas para una producción nacional como nunca antes). Por eso, cuando me han preguntado “por qué López?”, mi respuesta es inmediata, porque es el único con los suficientes cojones y demencia como para atreverse a sacar adelante semejante locura.

La filmación del trailer fue otra aventura, el casting fue rápido. Nos juntamos con Marcial Tagle y Alcaíno en el Tavelli de Manuel Montt y la decisión fue rápida, Marcial había interpretado previamente a Allende, tenía el tono de voz adecuado (esa profundidad solemne del Allende más icónico) y Alcaíno la capacidad de caracterización que una caricatura con patas (como era Pinochet) necesitaba. Daniel es un gran actor dramático y sumado a su lado más camaleónico lo hacen perfecto para quizá EL papel más complicado de nuestra historia.

Lo siguiente fueron pruebas de cámara y maquillaje. Ahí conocí a la que sería nuestra Martina, al menos para el trailer. Una nena perfecta, linda, frágil, que se iba a ver perfecta en una sala de torturas de la DINA. Probamos uniformes y comenzó a sentirse un algo especial en el aire. Ahí en vestuario se le cortaba el pelo y la barba a Alcaíno, incapaz de quedarse callado y no bromear (es un sitcom ambulante) y más acá se le fabricaba el bigote a Tagle. De pronto salieron de la sala y entraron al lugar donde se harían las pruebas. Hubo risitas nerviosas, ahí teníamos a los dos fantasmas predilectos de nuestra patria.

Luego salió Martina, herida por el maltrato infligido. Un ángel en las manos del GAP y la DINA del gobierno policíaco en que se había convertido la administración SYNCO.

El equipo se veía conforme, López me instaba a opinar, buscaba involucrarme en las decisiones. Claramente yo estaba paveando. Comencé a opinar sobre el contexto histórico, detalles de producción como qué tipo de uniforme debería usar Pinochet, los grados militares y el tipo de gorro, etc; hasta si Allende usaba o no pañuelo en el bolsillo o que actitud debería tener frente a las cámaras. La sensación fue de haber entrado en un mundo completamente diferente que fabrica realidades con materiales físicos, no palabras; con personas y gestos, no adjetivos. Alucinante.

Luego vinieron las filmaciones. Otro enorme esfuerzo tras cámaras que mueve camionetas llenas de gente y equipos para conseguir un shoot diminuto y preciso. Me tocó ser vestido, maquillado y peinado para una escena que se filmó muchas veces y que en pantalla no significó más de dos segundos quizá. Un cameo para la posteridad, vestido como un chileno de medio pelo caminando por la calle, tal vez discutiendo con su amigo acerca de estrategias revolucionarias o de lo poco agresiva que era la marcha del gobierno hacia la revolución. La verdad era que le contaba a mi partner de toma sobre aspectos de la historia de la Unidad Popular, lo llamada al fracaso que estaba y del fantasma trágico que pende sobre nuestras cabezas con la forma del presidente Allende.

“De dónde sacan un auto de la época y con patente?”, pregunto y me miran con cara de sorpresa. Cómo no sabía algo tan obvio, hay empresas que se encargan de mantener en lista objetos de todo tipo. Tu los llamas y les pides, por ejemplo, un taxi chileno con patente de 1975, y se arrienda por días. Listo

Fabricando la retrotecnología SYNCO en un taxi de la época. Acá un prototipo de T-syn, modelo Arauco-S2, los retiraron en 1976 porque estallaban espontáneamente cuando la temperatura subía más allá de 38 grados.

En plena filmación de la dramática entrevista que tienen Allende y Pinochet, mientras permanece en recuperación luego del atentado donde fallecieran Lucía Hiriart y su hijo Marco Antonio; Daniel mira a Tagle y le dice “El medio chocolatito que me trajiste”. la risa fue general. De verdad era complicado mantener a Alcaíno callado y serio, pero cuando se indicaba “acción”, el tipo se transformaba.

La última grabación se hizo en el cerro San Cristóbal. Ahí se grabaría el discurso de Allende, quizá la más emotiva de todas. Cuando Marcial Tagle se terminó de vestir, con algo de dificultad porque se había lesionado el pie y andaba en muletas (de hecho había una banquita tras el podio donde apoyaba la rodilla), la sensación de nervios creció aún más. Tras el podio, hablando en el tono que todos recordamos de las grabaciones de Allende, los pelos se ponían de punta. Varias personas se detuvieron a mirar la filmación y un par de carabineros en moto desaceleraron para mirar la extraña escena que se desarrollaba a media tarde, la “hora mágica” luego de la puesta del Sol. Ahí estaba Salvador Allende, declamando desde su podio, revivido por Tagle, López y Cia. Cuando se terminó de filmar la última toma del discurso, la gente reunida aplaudió espontáneamente y luego lo increíble: una fila para tomarse una foto con “Allende”, algunos levantando el puño, otros nerviosos abrazando al ícono. Extraño, weird, ucrónico, real, … de algún modo real.

Ahora a esperar la decisión del Consejo de Televisión. Si no hay decisión favorable a buscar cofinanciamiento. Me quedo con la frase de Nicolás López, con cara de loco-serio-decidido, “Ésto se va a hacer. no hay duda de que se va  hacer”. Con partners así, nada que temer. No hay fuerza en el universo que pueda detener a un sicópata con una idea fija, ahora imagínate a dos.

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