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Plan de fomento de la lectura, tarea pendiente

por 17 marzo 2011

No hay mejor estrategia para legitimar una política pública que mostrar cuánto se ha discutido con y escuchado a la ciudadanía. Recibí una invitación para participar en la discusión sobre el plan de fomento de la lectura del Gobierno, conocido como “Lee Chile Lee“, y fui y me sumé con la mejor de las intenciones. Verónica Abud y Gonzalo Oyarzún dieron cuenta de los avances (básicamente una definición de las línea de acción) y luego se abrieron mesas temáticas de debate entre los invitados. Me tocó participar en una sobre nuevos soportes y fue muy poco lo que se pudo sacar en limpio, primero porque el grupo era grande y el tiempo escaso y, segundo, porque se agolparon temas demasiado diversos para una mesa que tenía un objetivo acotado (las personas tienden a hablar de lo que saben o de lo que a ellas les interesa). La mesa se levantó sin conclusiones.

Espero que haya otras oportunidades para que esa ciudadanía convocada tenga la posibilidad de cercar definiciones, proponer ideas concretas y que éstas sean acogidas en el plan. Si no es así, será un evento más de legitimación de un diseño al que alguna vez fuimos invitados a participar, pero que luego se zanjó entre cuatro paredes.

Quiero, sin embargo, rescatar un par de cosas de la presentación del plan, o de la idea de plan que tiene el grupo que coordina su diseño.

En primer lugar, se han definido tres líneas de acción: 1) la de acceso, que se supone transversal a las acciones del plan con el ánimo de lograr el objetivo más básico: que los lectores no tengan dificultades para acercarse a los libros; 2) la de formación de mediadores, en el entendido que no es suficiente con colocar libros en las estanterías sino que es imprescindible la formación de personas que hagan de puente y que fomenten el gusto por la lectura; y 3) la de fomento a la industria del libro. Me parece un diseño óptimo, aunque deje afuera la promoción del valor simbólico de la lectura, un eje fundamental que está en otros planes de lectura de la región.

En segundo lugar, se dijo que está en proceso el diseño de un “estudio de línea base”, esto es, de un informe estadístico que fijará los parámetros a partir de los cuales se podrá medir el impacto del plan. Aunque no se dieron más detalles –quién lo diseña, qué datos pretende levantar y en qué fecha estará disponible– es una buena noticia porque supone la posibilidad de evaluar con datos objetivos las acciones del plan, una medida necesaria en el diseño de una política pública bien pensada.

Sobre las fechas del plan no se dijo nada. Se trata de un programa en proceso y sin presupuesto. Ya se fue el primer año del gobierno de Piñera y quedan sólo tres. Aunque la presentación de las líneas centrales del plan y el posterior debate de las mesas es un avance, “Lee Chile Lee” sigue siendo una tarea pendiente.

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