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Niños Que Aprenden Cosas

por 15 abril 2014

Hace un tiempo escribí en este blog que si algunos parlamentarios realmente estaban preocupados por la desigualdad de los ingresos en el país, podrían perfectamente aportar en algo a remediar esa situación y dar un ejemplo renunciando  a parte de su dieta y subsidiando con ella a algún número de trabajadores con salario mínimo. Porque la dieta parlamentaria representa unos 40 salarios mínimos y, considerando las demás asignaciones de que gozan los representantes del pueblo, la desproporción podría acercarse a cien veces el referido salario mínimo, mayor que la desigualdad en Chile, tan criticada por los parlamentarios de izquierda.

Ahora dos diputados jóvenes, Jackson y Boric, han acogido parcialmente  mi idea, lo que habla bien de ellos, y han propuesto la reducción a la mitad de la dieta, para ser redistribuida la otra mitad a personas que ganen el salario mínimo o, en caso de estar desempleadas o en el mercado informal, todavía menos. Aplausos para ellos, aunque así no solucionarían todavía el problema de la desigualdad, porque quedarían ganando veinte veces más que los trabajadores con el mínimo.

Recuerdo que cuando fui diputado, en 1973, un representante de la Izquierda Cristiana, Luis Maira, presentó también una moción igualitarista: que la máxima remuneración pagadera en Chile no pudiera ser mayor a, si mal no recuerdo, 36 mil escudos, moneda de la época. Pero como esa cantidad era bastante inferior a la dieta parlamentaria de entonces, se puede imaginar la suerte que corrió su iniciativa en la Cámara.

El igualitarismo de algunos políticos llega exactamente hasta el punto en que les toca sus propios  bolsillos. Hay un antiguo cuento de la Unión Soviética, donde a un campesino le preguntaban si no sería justo que una persona que tuviera dos fábricas fuera privada de una por el Estado para darla al pueblo, y él contestaba que sí; y si tenía dos casas, si sería justo que se le expropiara una, y también contestaba afirmativamente; pero cuando le preguntaron si alguien que tuviera dos gallinas debía ser privado de una rechazó la idea. Repreguntado por qué, dijo simplemente: “Porque yo tengo dos gallinas”.

Es la naturaleza humana, ese algo tan singular que los socialistas siempre han pasado por alto. Y es justamente por eso que el socialismo ha fracasado en todo el mundo. Como asimismo lo hará en Chile, porque los tres pilares básicos de su programa de gobierno contravienen la naturaleza humana, deseosa de libertad y progreso. Pues la Reforma Tributaria no generará más recursos porque desalentará la inversión; la Reforma Educacional reprimirá la libertad de enseñanza, esencial para el progreso; y la Reforma Constitucional debilitará el derecho de propiedad, sin cuya garantía el ser humano es reacio a crear e invertir.

Pero nada obsta ni ha obstado nunca a que, en uso de su libertad, espíritus generosos entreguen la mitad de lo que ganan, como están dispuestos a hacerlo los diputados Jackson y Boric, dando un ejemplo de lo que cualquiera puede hacer para disminuir la desigualdad.

Y, por mi parte, como premio a su generosa disposición estoy dispuesto a cederles gratuita e indefinidamente la paternidad de la idea lanzada originariamente en este blog.

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