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Sergio Muñoz queda a cargo de todas las causas pendientes en esta materia

El zar de los Derechos Humanos

por 14 mayo 2009

El zar de los Derechos Humanos
Con poco más de 50 años, el magistrado ha cultivado un perfil de "busquilla" y lo apodan "la hormiguita" por su capacidad de trabajo. Resolvió el homicidio del líder sindical Tucapel Jiménez, siguió con el caso Spiniak y luego con las cuentas de Pinochet en el Banco Riggs. En el máximo tribunal, lo más complejo siempre cae en sus manos y según se comenta en los pasillos de tribunales, "está trabajando para ser presidente en algunos años más".

El viernes de la semana pasada el Pleno de la Corte Suprema resolvió que el ministro Sergio Muñoz se hará cargo de coordinar todas las causas de Derechos Humanos que se tramitan en las Cortes de Apelaciones y los juzgados del crimen del antiguo sistema.

La designación no fue mera casualidad, dicen en el máximo tribunal. Finalmente pesó la experiencia del magistrado en estas lides, pero también el perfil ejecutivo que ha ido desarrollando durante su gestión en distintas comisiones de modernización.

Muñoz es un ministro con un acento muy marcado en la investigación. Es inquieto, impetuoso, a veces díscolo, algo que le trajo más de algún problema al inicio de su trabajo cuando fue designado por Lagos en 2005. Y todo por su juventud -48 años- al momento de ascender.

Uno de sus compañeros de sala -consultado por este medio-  reconoce esta situación, "pero la juventud es un problema que se pasa con el tiempo, y todo lo que emprende resulta en un 99 por ciento de las veces". Por esta razón los trabajos más complejos siempre  se los asignan a él. De hecho, uno de sus apodos es "la hormiguita", no sólo por su estatura, sino por lo trabajador.

De fondo también existe una preocupación de la Suprema para terminar con un período de la historia chilena reciente. No es que Muñoz vaya a interferir en las decisiones de los magistrados que sustancian estas causas, pero lo cierto es que el próximo año se termina la vigencia del antiguo sistema y todas se radicarán en el Primer Juzgado Civil de Santiago. Por eso es que la Suprema solicitará al Parlamento un año más para poder terminar los procesos pendientes.

La historia reciente

Algo que ha caracterizado a Muñoz en estos años en la Suprema, es la construcción de poder dentro del tribunal. Si bien no es un hombre que logre fácilmente acuerdos, ha logrado imponerse a punta de logros y voluntad.

Es un ministro menos formal que sus colegas. Quienes le conocen aseguran que es posible hablar con él  en confianza olvidando el cargo, pero en los pasillos prevalece su creencia firme en la "dignidad del cargo".

Abogado de la Universidad Católica de Valparaíso, ingresó al Poder Judicial en 1982; casado y con hijos, a sus 52 muchos creen que en pocos años será el presidente de la Suprema. "Está trabajando para ello. Es la renovación", reconocen en tribunales. Por eso que la actividad académica en la Universidad del Desarrollo le ha permitido crear redes en el mundo jurídico más conservador, ya que el decano, Pablo Rodríguez Grez -ex lìder del Frente Nacionalista Patria y Libertad- , es defensor de Augusto Pinochet y su esposa Lucía Hiriart.

Y aunque no se le identifica con ningún partido, algunos aseguran que es cercano a la Concertación, cuestión que no compromete su independencia. Algunos abogados aseguran que vota en las materias que le corresponde resolver siempre caso a caso, por lo que es imposible establecer una tendencia en sus fallos.

Rápido y furioso

La carrera de Muñoz ha sido meteórica y no exenta de problemas. En 1999 le fue entregada la causa por el homicidio del líder sindical Tucapel Jiménez. Debutó con diligencias novedosas, como los careos múltiples, es decir más de una docena de agentes de la desaparecida CNI, entregando versiones y contra versiones. En este sentido y con una investigación que muchos consideran "un lujo", logró la confesión del autor material del crimen, el mayor (R) Carlos Herrera Jiménez, hoy condenado a presidio perpetuo en el penal de Punta Peuco.

Le siguió el caso Spiniak, donde estableció cómo funcionaba la red de prostitución infantil en torno al empresario y sufrió un revés con la confesión de Gemita Bueno, quien reconoció que todas sus declaraciones fueron inventadas y mediadas por el ex sacerdote José Luis Artiagoitía, el Jolo.

En 2004 llegó a sus manos el proceso por las millonarias cuentas de Augusto Pinochet en el Banco Riggs y otras entidades de Europa. Su investigación, junto a las gestiones del Consejo de Defensa del Estado (CDE), permitieron armar el tinglado que el ex dictador montó en los paraísos fiscales para blanquear capitales obtenidos por el uso de gastos reservados y por las gestiones en la venta de armas. Fue en ese contexto que el gobierno de Lagos lo "ascendió" al máximo tribunal. Muchos leyeron en su designación una manera de sacarlo del caso, mientras otros consideraron que era la justa recompensa por su trabajo.

La vida profesional de Muñoz está llena de anécdotas. Abogados que litigan en la Corte recuerdan un caso que sustanció por tráfico de drogas cuando era el titular del Duodécimo Juzgado del Crimen de Santiago. "Por un pequeño dato de un vendedor de drogas, casi llega hasta Lima deteniendo a los narcos involucrados", recuerdan.

Ver además (Formato PDF)

Declaración de patrimonio de Sergio Muñoz

Declaración de intereses de Sergio Muñoz

Currículum de Sergio muñoz

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