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El publicista que quiere salvar al mundo en 21 días

“Las personas están muy apegadas a la idea de que alguien, llámese Obama o Rajoy o quien sea, les cambie la vida”

por 24 septiembre, 2013

“Las personas están muy apegadas a la idea de que alguien, llámese Obama o Rajoy o quien sea, les cambie la vida”
En marzo pasado, una ola de bondad fue detectada por primera vez en algún sitio de Ciudad de México. Desde allí y cada vez con mayor potencia, las marejadas han comenzado a expandirse por el resto de Latinoamérica y el mundo entero. Se trata de la iniciativa “Humanity, 21 días de bondad”, un activismo creativo diseñado por Nicko Nogués que apunta a mejorar la vida de las personas y a solucionar sus problemas. “La protesta o la queja o la indignación ya no son suficientes”, afirma el publicista venezolano.
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Nicko Nogués es un publicista de 33 años, medio hippie y residente de Ciudad de México. Actualmente es director regional creativo de la agencia internacional Flock (con sede en Chile) y se declara un “activista creativo”. Esto, en síntesis, se trata de identificar problemas que pueden llegar a ser masivos y animarse a solucionarlos, generando desde el individuo común y corriente una especie de reacción en cadena que lleve a su entorno a animarse también. “Actuar is the new protestar”, explica él. Un ejemplo de esta forma de hacer las cosas, y que le ha valido a Nogués un importante reconocimiento en la prensa internacional durante los últimos meses, es su proyecto más reciente —y tal vez el qué más se ha propagado—, lanzado en marzo pasado: “Humanity, 21 días de bondad”. La idea nace de los programas de ejercicios que buscan hacer perder peso a las personas durante un plazo de 21 días. En este caso a lo que se apunta es a abandonar la inercia y a seguir durante el mismo período una rutina de actos de bondad para ayudar al prójimo y mejorar el karma propio. Cada vez son más los seguidores del mundo entero que están sumándose a la iniciativa y compartiendo a través de las redes sociales sus propias experiencias.

-¿De dónde nace 21 días de bondad?
-Todo este tipo de iniciativas yo les llamo activismos creativos. Yo llevo varios años emprendiéndolos en paralelo a mi trabajo como publicista. Todos siempre surgen a raíz de un problema que identifico en el contexto donde vivo y que creo que puede ser relevante para muchos. Lo que intento es aportar una solución de manera creativa que involucre a muchísima gente para que entre todos se intente solucionar ese problema. En el caso de “Humanity, 21 días de Bondad”, el problema parecía evidente y es que en estas ciudades tan grandes donde cada vez solemos vivir más, llámese México D.F., New York, Berlín, Madrid, finalmente las personas dejan de ser personas y acaban siendo un número. Primero eres tú y el resto te termina importando un pepino. Terminas peleando por tonterías como agarrar un taxi o salir primero del ascensor. A esto le sumas que también en este tipo de ciudades están muy de moda cosas que te invitan a preocuparte por ti en exceso como los programas de entrenamiento. Por ejemplo, Insanity que es el más representativo y en el que en un número de días te invitan a perder kilos. Me pareció que estaría súper y que sería muy sano una contrapartida de que te entrenases para ganar un poco más de humanidad. Y la propuesta es esta, “Humanity”. La persona que lo hace durante 21 días seguidos mejora su manera de ver las cosas y con eso también su mundo, entendido como lo que le rodea. 21 días no es un número random ni arbitrario. Es el tiempo en el que se estipula que tú puedes modificar o adquirir un hábito.

-¿Puede generar un cambio definitivo en la forma que tiene una persona de mirar el mundo o lo que le rodea?
-Sin duda. Yo digo que la revolución de este siglo no es la tecnológica sino la individual. Creo que hoy en día, la protesta o la queja o la indignación ya no son suficientes. Están bien y son una mecha. Es un inicio pero no podemos seguir protestando o manifestándonos en plazas como lo hacían nuestros bisabuelos teniendo 40 veces más tecnología y más herramientas y más medios que los que tenían nuestros bisabuelos. Por eso digo que “actuar is the new protestar”. La protesta empieza desde uno mismo actuando y realmente intentando solucionar el problema.

-¿Recuerdas si hubo algún momento o conversación en particular que te generara darte cuenta de esto, de que ya no bastaba con protestar?
-Fue el contexto en el que me encontraba por ese entonces en España, en el año 2010, que fue cuando me vine a México. Una de las razones que me hizo emigrar fue el ver cómo la gente sólo se quejaba, se quejaba, se quejaba. Creo que las personas están muy apegadas a la idea de que una persona, llámese Obama, llámese Rajoy, llámese cómo se llame, te cambie la vida o te cambie tu destino. Eso es una 'gilipollez' desde mi punto de vista. No es la solución a nada y creo que en vez de estar esperando a que te arreglen la casa deberías tú empezar a barrerla e intentar solucionar aquello por lo que te estás quejando.

El mayor miedo y el mayor enemigo somos nosotros mismos, el tener siempre la excusa de que la culpa es del gobierno, la culpa es de mi jefe, la culpa es de mi novia. Todo el mundo tiene la culpa excepto yo, y creo que cuando todo el mundo tiene la culpa, el único culpable eres tú porque no puede ser que el mundo este complotando en contra tuyo. Dentro de las posibilidades de cada persona siempre hay alguna que te permite lidiar con ese entorno y ese contexto. Si no te gusta tu jefe, o te cambias de trabajo o te inventas aún mejor tu propio trabajo. Si no te gusta tu gobierno, lárgate de tu país. Si no te gusta tu gobierno y no te puedes ir de tu país, cámbiate a una ciudad o a un pueblo, cambia de aires, haz lo que sea.

Hacer sonreír a 20 personas, plantar un árbol, aprender algo nuevo, invitar a cenar a un total y completo desconocido, son algunos de los actos de bondad que conforman el programa de los 21 días de “Humanity”. Hay  otros que son más complejos como donar un día de sueldo, encontrarle trabajo a otra persona, regalar algo que ya no uses pero con lo que estés muy encariñado, o pasar 24 horas sin decir una sola palabra. Una acción equivale al desafío de un día. Nicko Nogués fue el primero en hacerlo y luego subir a YouTube un breve resumen con los resultados. Sin embargo, hoy se pueden encontrar los videos de otros que quisieron compartir su propia experiencia.

-¿Cuál fue la que más te costó?
-Encontrarle trabajo a alguien estuvo complicado porque 21 días no es mucho tiempo. Veía muchas ofertas de trabajo pero no acababa de encontrar la manera de compatibilizar eso con las personas que yo podía ayudar. Lo bueno es que meses más tarde se cumplió con creces y las personas a las que pude contribuir en ese sentido fueron seis. Me costó más de 21 días pero también logré ayudar a más de una persona. Lo que también me costó bastante fue darle la razón a alguien a quien no se la habría dado en mi vida. Es una cosa muy simple pero muy complicada a la vez. Si tienes un poco de carácter o si estás acostumbrado a tomar decisiones sin preguntarle a los demás, el tema de aceptar los argumentos o no rebatirlos tanto…. Parece simple pero cuesta bastante.

-¿Qué te llamó la atención de las reacciones que fuiste notando en las demás personas que interactuaban contigo a medida que iban pasando los 21 días?
-Lo que me llamó mucho la atención, aunque te mentiría si te dijera que no me lo esperaba, fue que la reacción resultó muy positiva y el número de personas que se empezó a involucrar fue brutal. Hasta tal punto que hoy es una idea que sigue súper viva y si tú buscas el hashtag #21DíasDeBondas en Twitter vas a ver la cantidad de personas que lo están haciendo. Es una idea atemporal, siempre estará viva mientras haya alguien que la esté haciendo. Me sorprendió la cantidad de personas. Van 23 países, tres continentes, más de 20 colegios y universidades que lo están implementando.

LOS MILAGROS DE NICKO
-Volvamos al activismo creativo: ¿Qué otras campañas han surgido de esta nueva forma de protestar que ideaste?
-Para la Navidad pasada saqué una que se llamaba “Vete” y #VeteYoTePagoElBillete era el hashtag. Apuntaba a toda la gente que vivía en España y que estaba harta de vivir ahí, que decía que se iría del país porque ya no soportaba la crisis y que no tenía nada que la atase a ese lugar. Cansado de ver a todas esas personas quejándose, comencé un proyecto que invitaba a la gente a largarse. Yo les quitaba la última excusa pagándoles el pasaje al lugar que les diera la gana con la única condición de que cumplieran y se largaran. Participaron más de mil personas y al final no se fue nadie. Pero hay gente en Chile, en Canadá, en Alemania que me ha escrito meses más tarde diciendo que esa iniciativa los impulsó a irse de ahí. Me parece muy interesante que la gente, a raíz de algo, empiece a actuar. Antes de “Vete”, creé un activismo que se llamaba “Gracias Barcelona” que fue mi manera de despedirme de mi ciudad en la cual había estado durante once años. Si tú te fijas, en todas las ciudades del mundo los teléfonos públicos como el 911 son para llamar a los bomberos, a la policía, al hospital porque estás enfermo. Pensé que estaría muy bueno regalarle a Barcelona una línea telefónica donde tú llamas no para dejar tus problemas sino para decir “oye, muchísimas gracias”. La gente llama, deja su mensaje y ese mensaje se sube a un sitio donde puedes escuchar los mensajes que las personas van dejando.

Y antes de eso, en 2009, nació un proyecto que se llamaba “365 días de festivales”. Era una plataforma de música donde cualquier artista del mundo podía convertir su espacio físico en un escenario digital para poder transmitir sus conciertos. La idea era democratizar los escenarios porque a las salas de conciertos sólo tienen acceso los grupos de música que ya tienen cierto renombre. Aquí la idea era darle espacio y visibilidad a cualquier grupo de música independientemente de la fama que tuviese para que su música llegara a sus  pares. Ese proyecto fue muy grande. En 2010, un diario español que se llama Expansión lo calificó como el segundo proyecto más innovador del mundo en música.

-¿Hacia dónde va la revolución del “actuar is the new protestar” en el futuro?
-Mi ambición es que ya no se queden sólo en experimentos desmembrados en el tiempo. Mi próximo paso va a ser aglutinar todo este potencial de activismo creativo y de revolución individual en una única plataforma donde la gente pueda elegir qué tipo de problema quiere resolver y aportar su solución para que así sea. Este proyecto, que se llama “Miracle”, es para mí lo que debería ser la evolución de las ONG. Las ONG son una industria al igual que todas las demás industrias, como la publicidad y el periodismo. Estas últimas están evolucionando porque no les queda otra alternativa, porque la tecnología las obliga a hacerlo y si no lo hacen se mueren. Es lo que le está pasando con la música. Pero la industria de la protesta, que son las ONG, sigue igual desde sus comienzos. Exactamente igual, intentando solucionar problemas que son enormes para la mayoría de la gente. Salvar a las ballenas, reforestar el Amazonas, combatir el descongelamiento de los polos. Sí, son problemas, pero a la mayoría de la gente les vienen muy grandes y los ven imposibles de resolver. No ven que su aporte realmente ayude a la solución de ese problema. Pero creo que hay muchísimos problemas mucho más pequeños, y por eso mismo mucho más fáciles de resolver, que no están siendo atendidos por la industria de la protesta. Entonces, la idea es evolucionar hacia un nuevo concepto que es “Miracle”, una plataforma que voy a lanzar a fines de este año y que consiste en ofrecer una determinada oferta de “milagros”. La gente se va a poder suscribir y elegir qué milagro quiere hacer realidad, igual como se suscribe a Spotify para escuchar música o a Netflix para ver películas. Los “milagros” son los activismos creativos. Por ejemplo, va a estar “Vete”, de modo que tú puedas ayudar a alguien de un país en guerra, en conflicto o en crisis, y con un aporte —el mismo que haces cuando te suscribes a Spotify o a Netflix, que son menos de diez dólares— vas a poder subvencionar esa historia y pagar el billete a esa persona.

-En algunos temas, el sistema de las ONG ha monopolizada el derecho a luchar por una causa y muchas veces lo que le ofrecen a la gente común es simplemente donar plata o recolectar firmas. ¿En estas propuestas hay una crítica implícita a cómo funcionan las ONG hoy en día?
-Creo que esa industria ha hecho cosas muy buenas pero creo que hoy en día debe evolucionar. Me parece bien cualquier alternativa que suponga un empuje para que esa industria evolucione y recupere el prestigio que, desde mi punto de vista, ha perdido justamente por la cantidad de escándalos relacionados con que uno no sabe dónde va su aporte o uno no ve el resultado de su esfuerzo. Me parece que es hora de que, al igual que el resto de las industrias están evolucionando a la fuerza, esta industria también evolucione. Cualquier propuesta alternativa es válida. Mi propuesta es “Miracle” y se centra en que cualquier activismo creativo podría ser perfectamente  el camino hacia donde evolucione la labor de las ONG.

-¿A qué líder o poderoso del mundo le recomendarías hacer el programa de los 21 días de bondad?
-(Risas) Yo empezaría por invitar a todos los políticos del mundo y, especialmente, creo que le hace mucha falta limpiar su karma al actual gobierno español, entre muchísimos otros. Creo que es gente a la cual le urge predicar con el ejemplo cosa que no están haciendo.

LA REVOLUCIÓN INDIVIDUAL VS. LA FRUSTRACIÓN COLECTIVA
-En los últimos años, en Chile, la gente se ha volcado masivamente a las calles para demandar mejoras y derechos relacionados con la educación, la salud, el trabajo y la democracia, entre otros. Pero la protesta es un mecanismo que suele estar profundamente cargado de rabia e impotencia, y de una carga negativa que puede inhibir lo que tú llamas el activismo creativo. ¿Cómo hacer para que toda una sociedad logre hacer esa transición de forma masiva?
-Hoy en día, independiente de si el contexto es Chile, el mundo árabe o Europa, hay un contexto donde los problemas son cada vez menos locales y más globales. Constantemente hay réplicas, con las peculiaridades de cada país, pero que afectan a todas las naciones, sino a la vez, casi al mismo tiempo. Creo que las transiciones siempre son dolorosas y en ese sentido no hay nada más sano que dejar de esperar a que alguien te solucione los problemas. Creo que hoy el poder de la colectividad es brutal pero siempre y cuando ese poder empiece a ser utilizado desde el individuo. Creo que si muchas personas ejercieran su derecho a actuar según lo que piensan o creen, serían capaces de crear una absoluta revolución individual que avanzaría desde ellos mismos hacia sus amigos, su familia, su pequeño contexto. Si eso contagiara a la colectividad, a una comunidad y a un país, los resultados serían otros. Por ejemplo, en el caso de la Primavera Árabe, derrotar una dictadura de tantos años no fue sólo una protesta como fueron por ejemplo las protestas en Sol (Madrid, 2011) que quedaron sólo en eso. Estuvo muy bien pero fue efímero porque siguieron movilizándose como lo hacían nuestros abuelos. No basta con protestar. Creo que sea cual sea el precio que estés dispuesto a pagar, tienes que pagarlo por tu dignidad porque sino indignarte no te vale de nada. Creo que no tienes derecho a indignarte si no estás dispuesto a pagar un precio por ello.

-¿Qué pasa cuando lo que yo quiero lograr y por lo que yo quiero luchar choca con los intereses de los más poderosos, de los que tienen más dinero, de los políticos o de las mismas leyes que impone el Estado?
-Evidentemente eso depende también mucho de las posibilidades de cada persona pero creo que el mundo es muy grande, no se limita a un solo país. Yo viajé a 12.000 kilómetros de mi país para poder seguir haciendo lo que quería hacer. Entiendo que hay gente que no tiene esa oportunidad pero entiendo también que siempre tienes alguna posibilidad de hacer algo. Tu enemigo no es el Estado, tu peor enemigo eres tú, tus miedos, miedos absurdos que la mayoría de las veces nunca se llegan a concretar. Tememos cosas que la mayoría de las veces, y está demostrado científicamente, nunca llegan a ocurrir. Y creo que el mayor miedo y el mayor enemigo somos nosotros mismos, el tener siempre la excusa de que la culpa es del gobierno, la culpa es de mi jefe, la culpa es de mi novia. Todo el mundo tiene la culpa excepto yo, y creo que cuando todo el mundo tiene la culpa, el único culpable eres tú porque no puede ser que el mundo este complotando en contra tuyo.  Dentro de las posibilidades de cada persona siempre hay alguna que te permite lidiar con ese entorno y ese contexto. Si no te gusta tu jefe, o te cambias de trabajo o te inventas aún mejor tu propio trabajo. Si no te gusta tu gobierno, lárgate de tu país. Si no te gusta tu gobierno y no te puedes ir de tu país, cámbiate a una ciudad o a un pueblo, cambia de aires, haz lo que sea. Creo que independientemente de tus recursos económicos las opciones están ahí. Y sí, es verdad que hay situaciones muy duras donde la gente va a poder actuar dentro de sus limitadas posibilidades, pero lo importante es que siempre hay una.

-Tú eres publicista y en todas las partes del mundo la publicidad es un rubro que tiene una reputación bastante ensuciada. En tu sitio 'web' hablas de darle este giro a la publicidad, ya no para crear necesidades sino para crear soluciones. ¿En qué consiste eso y cómo se subsana esta reputación que a través de los años se ha ganado la publicidad?
-La publicidad es supuestamente una de las industrias más creativas del mundo  y me parece que es una obligación de los publicistas el no estar pensando la mayor parte del tiempo en cosas que no le importan a nadie. Hay demasiadas marcas compitiendo por lo mismo y son cosas que a la gente no le importan, cuando hay muchos más problemas y necesidades que son reales para las personas. Nuestro rol como publicistas hoy en día justamente se trata de ayudar a las marcas, que son las que tienen el dinero, a no gastárselo desesperadamente en cosas que no le importan a nadie, sino intentar mejorar la calidad de vida de las personas. Lo menciono en mi blog y no me canso de repetirlo, no por una cuestión altruista sino por una cuestión absolutamente egoísta y económica. Si tú como marca quieres que esa gente te siga consumiendo, vas a tener que ayudarla a que viva en unas condiciones como mínimo un poquito mejor, aceptables, para que te pueda seguir comprando. Entonces aunque sólo sea por esa razón tan consumista, creo que estamos obligados a ayudar a las marcas para que se den cuenta de que cada vez más les va a tocar adoptar ese rol. O nos reinventamos la profesión o la publicidad es una industria del pasado.

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