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Los nuevos tipos de nubes que aparecen en el horizonte de los científicos

por 1 abril, 2017

Financial Times
Los nuevos tipos de nubes que aparecen en el horizonte de los científicos
Aunque la Sociedad de Apreciación de Nubes tiene toda la razón en regocijarse en la estética y poesía de las formas que aparecen en el cielo, los científicos han enfatizado la necesidad de estudiar más el papel central que desempeñan las nubes en los fenómenos meteorológicos y climáticos.

Por Clive Cookson

Ha habido una auge en la apreciación de nubes. El Atlas Internacional de Nubes oficial acaba de añadir una nueva especie: Volutus es una masa nubosa, en forma de rodillo que rota lentamente sobre un eje horizontal.

La nueva edición del atlas, publicada esta semana por la Organización Meteorológica Mundial, describe a Volutus como “un ejemplo de una onda de hueco ondular”. Pero este aburrido término científico describe un espectacular evento que emociona a sus observadores cuando esta especie única se despliega por el cielo.

Otra inclusión en el atlas, que ha sido la biblia de nubes de los meteorólogos desde 1896, es Asperitas. La caótica  base de la nube parece un mar turbulento visto al revés. El reconocimiento oficial de Asperitas le dará gran placer a los 43.000 miembros de la Sociedad de Apreciación de Nubes con sede en el Reino Unido, que han estado haciendo campaña para su inclusión desde 2008.

Como señala su fundador Gavin Pretor-Pinney, la clasificación de Asperitas es un clásico ejemplo de “ciencia ciudadana”, o sea observaciones del público en general, ayudados por la tecnología actual. Fotografías dramáticas de nubes, tomadas por miembros alrededor del mundo con teléfonos inteligentes y enviadas a la sociedad, han influenciado en el desarrollo de este sistema de clasificación oficial.

Nube volutus.

Otras nubes nuevas incluidas en la primera actualización del atlas en 30 años son Homogenitus (nubes resultantes de la actividad humana, como las estelas de condensación producidas por los aviones); Flumen (nubes conocidas como cola de castor, normalmente asociadas con tormentas eléctricas intensas); y Flammagenitus (nubes causadas por el calor de convección de los incendios forestales).

La actual clasificación de nubes se deriva del sistema, basado en el latín, propuesto en 1803 por Luke Howard, el químico y meteorólogo aficionado, en su ensayo “Sobre la modificación de las nubes”. Se asemeja a la taxonomía de los seres vivientes creada en el siglo XVIII por Carl Linnaeus. Los nombres de las nubes comienzan con el “género”, que denota su apariencia general y dónde se forman en el cielo, seguido por su “especie”, que describe su forma y estructura interna, y que puede ser subdividida en una variedad de subespecies. Pero el reino de las nubes, que contiene 100 clasificaciones reconocidas, es pequeño en comparación con millones de especies de plantas y animales.

Aunque la Sociedad de Apreciación de Nubes tiene toda la razón en regocijarse en la estética y poesía de las formas que aparecen en el cielo, los científicos han enfatizado la necesidad de estudiar más el papel central que desempeñan las nubes en los fenómenos meteorológicos y climáticos.

Dependiendo de las circunstancias, las nubes pueden tener un efecto de enfriamiento, al reflejar la radiación solar antes de que pueda alcanzar la superficie de la Tierra; o un efecto de calentamiento, al actuar como una cobija que impide que calor se escape de la Tierra y de la capa inferior de la atmósfera. El balance de ambos efectos depende de la iluminación y temperatura de la parte superior de las nubes, las cuales dependen de dónde y cuándo se forman las nubes y de su profundidad.

La respuesta de las nubes ante el calentamiento global es uno de los campos más activos de la investigación climática. En general, los científicos creen que los cambios en la nubosidad han moderado los aumentos de las temperaturas en los últimos años.

De hecho un controvertido plan de “ingeniería climática”, que ha sido propuesto para batallar el calentamiento global si el cambio climático llega a acelerarse descontroladamente, incrementaría la nubosidad de bajo nivel sobre los océanos, rociando sal marina en la atmósfera. Esto proporcionaría más núcleos alrededor de los cuales se podrían condensar moléculas de agua, generando una capa gruesa de Stratus nebulosus homogenitus.

Sin embargo, con respecto al futuro inmediato — ya que voy a pasar el fin de semana en el norte de Inglaterra donde William Wordsworth anduvo como una nube solitaria — yo sólo quisiera ver cielos azules y no apreciar ni una sola nube durante los próximos días.

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