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Análisis Político

La DC: el lado débil de la candidatura Frei

por 25 junio 2009

La DC: el lado débil de la candidatura Frei
Las directivas del PDC, desde hace más de una década, han estado integradas por personas del reducido círculo que trabajó en el Gobierno o en el Congreso. Su actual timonel, el diputado Juan Carlos Latorre, es el  menos conocido de la lista de 34 políticos incluidos en la encuesta CEP de Mayo, con un 40 por ciento.

En una columna anterior, "El debilitamiento de los partidos de la Concertación", examiné los graves problemas que aquejan a los partidos de la Concertación. En esta quiero referirme al PDC, que fue el principal partido de Chile durante cuatro décadas, jugando un rol de vanguardia con ideas y dirigentes, que le permitió ganar la presidencia en 1964 con Eduardo Frei Montalva (1964-1970). Impulsó profundas transformaciones, que buscaron llevar adelante una modernización tardía, que incluyó la organización popular y la chilenización del cobre, que permite al Estado tener los recursos para financiar sus programas, como el de protección social y enfrentar la crisis financiera internacional.

El PDC siguió siendo la organización política más sólida y tuvo un rol muy importante en la recuperación de la democracia, cuando los partidos de izquierda estaban proscritos y duramente reprimidos, con personalidades que trabajaron activamente en la defensa de los Derechos Humanos, como Jaime Castillo Velasco, Andrés Aylwin y otros. Junto a personalidades de otras colectividades, fue determinante en el fortalecimiento de la oposición democrática y Patricio Aylwin fue el portavoz del No en el plebiscito de 1988. La estrategia de Aylwin de derrotar al régimen en las urnas, planteada en un seminario del ICHEH en 1984, criticada por dirigentes de izquierda, fue correcta. Su gobierno y el de  Eduardo Frei Ruiz-Tagle, fueron exitosos y contaron con el apoyo leal y decidido de los partidos de la Concertación, especialmente el PS.

Desde hace algunos años, el PDC está muy lejos de ser ese partido de vanguardia cuya acción cambió el desarrollo político del país. Las causas son variadas y complejas, "externas" al partido, como los cambios en la sociedad y los costos de la democratización, e "internas", los errores de sus dirigentes. Las causas "externas" afectan a todos los partidos oficialistas y de ahí la necesidad de mirar los factores internos.

Los errores se cuentan desde que sus dirigentes aceptaron la recomendación de sus asesores electorales (ninguno era DC) de quitar el nombre y lo símbolos del partido en las campañas, que favoreció a los "nuevos" partidos -PPD, UDI y RN- y perjudicó a los históricos -PDC, PRSD y PS-. En las parlamentarias de 1997, cuando la economía estaba en su mejor momento y el general Contreras había sido condenado por la Corte Suprema, el PDC perdió medio millón de votos.

Siguió con las debilidades de la candidatura presidencial de Andrés Zaldívar en 1999, sin tener un programa y una estrategia para derrotar a Ricardo Lagos, el postulante del bloque PS/PPD/PRSD, llegando a seguir una campaña del terror en su contra.

Continuó con el error de la inscripción de la lista parlamentaria en las elecciones del 2001 por la directiva presidida por Ricardo Hormazábal, requiriendo un cambio legal patrocinado por la UDI, bajo la presidencia de Pablo Longueira, que quiso derrotar al PDC en las urnas y no por secretaria. Adolfo Zaldívar, timonel de la colectividad para las elecciones del 2005, se empecinó en ser el abanderado presidencial, sin tener visibilidad en la opinión pública y después obstruyó la postulación de Soledad Alvear, proclamada  muy tardíamente como la abanderada del falangismo y no le apoyó en su breve experiencia presidencial.

Y culminó el 2007, siendo Soledad Alvear la presidente de la colectividad, cuando se expulsó a Adolfo Zaldívar, que provocó la renuncia de cinco diputados, privando a la Concertación de la mayoría en la Cámara que tenía desde 1990. Este hecho llevó a la oposición a acusar constitucionalmente a la ministra de Educación, Yasna Provoste (PDC), por irregularidades encontradas por la Contraloría, siendo destituida por el Senado.

El PDC no tiene el liderazgo nacional que tuvo en el pasado y ello se manifiesta en múltiples aspectos, comenzando por su ausencia en el debate de ideas, que se expresa en el debilitamiento de su principal centro de formación política y de pensamiento, el ICHEH, (Instituto Chileno de Estudios Humanísticos). Esta institución, apoyada por la Fundación Adenauer, tuvo un papel fundamental para el PDC y la oposición al régimen militar bajo la dirección de Claudio Orrego y Francisco Cumplido después, con publicaciones, encuentros y  seminarios. Desde mediados de los años 90, es una sombra de ello, sin actividades relevantes para reflexionar sobre el futuro del PDC y el país.

No tiene presencia en el movimiento estudiantil de las principales universidades del país, a pesar que lo fue hasta hace una década. Sus dirigentes de entonces ven bloqueadas sus aspiraciones de asumir puestos de responsabilidad; no tiene una presencia importante en el movimiento sindical, que contrasta con el que tuvo en los años 80 con Rodolfo Seguel y Manuel Bustos.

El PDC, como otros partidos después, se encerró en un grupo reducido de dirigentes, que entendió la política como una actividad entre amigos y camaradas, sin abrirse a nuevas figuras. Su preocupación principal fue lograr el control del "partido", sin una democracia interna, que significa diversidad, pluralismo y tolerancia.

Las directivas del PDC, desde hace más de una década, han estado integradas por personas del reducido círculo que trabajó en el Gobierno o en el Congreso. Su actual timonel, el diputado Juan Carlos Latorre, es el  menos conocido de la lista de 34 políticos incluidos en la encuesta CEP de Mayo, con un 40 por ciento.

Se confirma con los nuevos ministros que ingresaron en enero del 2008 al gabinete, no sólo de mayor edad que los que salieron (Alejandro Ferreiro, entre otros), con el consiguiente envejecimiento del gabinete, sino también porque tres de ellos eran cercanos a la timonel del PDC: el de Economía, Hugo Lavados, de Agricultura, Marigen Hornkohn y el de Interior, Edmundo Pérez Yoma.

La relación de Hornkohn con Alvear viene del gobierno de Aylwin, cuando fue su secretaria y jefa de gabinete en el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), de la cual fue ministra, y la acompañó al ministerio de Justicia en la administración de Frei.

Hornkohn, asistente social, sin estudios de postgrado en el exterior, es un caso ilustrativo de una militante del PDC que ha estado en el gobierno desde 1990 y lo ha hecho en distintos ministerios, seis en total, sin destacarse en ninguno. Además de las dos carteras indicadas, estuvo en otras dos con el presidente Lagos: Trabajo -fue  subsecretaria de Previsión Social (2000-2003)- y Educación, siendo subsecretaria  (2003-2005) y ministra cuando Sergio Bitar se trasladó a la campaña presidencial para la segunda vuelta. Con la Presidenta Bachelet trabajó en otros dos ministerios: Relaciones Exteriores, pues fue embajadora en Alemania (2006-2008), y ahora, Agricultura. Entremedio, fue candidata a diputado por el distrito La Reina y Peñalolén en las elecciones del 2005.

Pese a sus debilidades, el PDC sigue teniendo enormes fortalezas, más visibles ahora frente a la debilidad del PS y el PPD. Es la colectividad con más intención de voto en las encuestas, 11% en Abril 2009, muy superior al PS, 5%, y el PPD, 3%. El ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle es el candidato presidencial de la Concertación, un logro notable porque lo consiguió con un PDC que es la sombra de la colectividad que lo llevó a La Moneda en 1993. El fenómeno no es Marco Enríquez-Ominami, sino Frei, que logró superar poderosos obstáculos, internos y externos a su partido, especialmente cierta prensa, que ha hecho todo lo posible por bloquear su postulación.

Es penoso que dirigentes que tuvieron cargos de responsabilidad cuando se aceleró la decadencia del PDC se pregunten ahora por los "problemas" de la candidatura Frei; ellos debieran dar las explicaciones por el debilitamiento del partido.

El falangismo debía ponerse las pilas y hacer lo que no ha hecho hasta ahora: abrir sus puertas a nuevas caras, dando señales claras en la composición de la lista parlamentaria y del equipo de campaña legislativa e impulsar ideas renovadas -profundizar la democracia e impulsar una economía social y ecológica de mercado, con preocupación en los trabajadores y sus organizaciones sindicales- y presentar nuevas caras, es decir, los jóvenes profesionales que se encuentran en los municipios, en el gobierno, en el mundo profesional y de la empresa privada -son muchísimos, como en ningún otro partido-, que debieran asumir responsabilidades directivas. Y todos sus dirigentes y militantes deben trabajar con entusiasmo por la candidatura de Frei, que ofrece una oportunidad única para devolver la fuerza al PDC.

La renovación también la necesita el PS, que está en iguales o peores condiciones, sin ideas claras sobre qué significa ser de izquierda hoy en Chile y con tres candidatos presidenciales -Marco Enríquez-Ominami, Jorge Arrate y Alejandro Navarro- provenientes de sus filas, el partido de la presidenta Michelle Bachelet.

Sin un PDC y un PS fuertes, la Concertación no derrotará a Sebastián Piñera y la  gobernabilidad de la administración de Eduardo Frei será extraordinariamente difícil si quiere llevar adelante las transformaciones institucionales que el país requiere, después de una exitosa transición y consolidación democrática.

 

*Carlos Huneeus es Profesor del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y director ejecutivo de la Corporación CERC.

 

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