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Los borrachos, una obra

Cultura - El Mostrador

Una delirante reflexión sobre el lanzamiento de la bomba atómica

por 29 enero, 2004

El montaje narra la singular reunión de los científicos que construyeron la bomba atómica. Completamente borrachos debaten sobre los efectos de su invento. En una especie de reflexión perturbada, la compañía intenta generar una crítica hacia la censurable hegemonía de Estados Unidos ante el mundo.
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Los borrachos, es el nuevo montaje de la compañía El Cancerbero, cuya temática se sostiene en el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Es una particular reunión de los científicos que fabricaron la bomba, una ficción, esta vez en Nuevo México. El grupo se junta en un bar con todas las implicancias de este hecho histórico. Están borrachos.



La mezcla entre cuestionamientos a la construcción de la bomba, textos irónicos en contra de Estados Unidos -materializados en la actuación sobreexagerada a modo de caricatura de un general americano- y la fluida interacción entre realidad y ficción que se desarrolla, logra inducir, de una buena manera, a la meditación en torno a algunos aspectos y abusos de la potencia más grande del planeta.



"El culpable es Dios, ya que él puso los datos a nuestro alcance. Pensándolo bien, es muy probable que Dios sea norteamericano", señala el general a cargo del lanzamiento de la bomba. Y agrega, en un tono de exageración y sátira evidente, "los japoneses son muchos, pero nuestros dólares no abundan tanto como quisiéramos".



Dirigida por Andrés Céspedes, el montaje cuenta la singular reunión en Nuevo México que sostienen los científicos que construyeron la bomba atómica. Completamente borrachos debaten sobre los efectos de su invento. En una especie de reflexión delirante, la compañía intenta generar una crítica hacia la censurable hegemonía de Estados Unidos ante el mundo.



"La obra se vuelve bastante actual, mediante el tratamiento del dominio de EEUU sobre el mundo. Creo que esta crítica tiene que ver también con lo que significa la carrera armamentista y cómo la ciencia está ocupada en pro de la destrucción. Esto se relaciona con que siempre hay plata para las armas", afirma su director.



En la práctica, Los borrachos funciona como una genial y dinámica obra dentro de un contexto trágico. La sucesión de gags realizados por los tres científicos ebrios, unidos a la aparición sucesiva de particulares y carismáticos personajes, dan al montaje una frescura inusual que logra poner el dedo en la llaga sin exageraciones.



Tal vez Los borrachos pierde la oportunidad de profundizar aún más en su temática central, sin embargo, y no por ello menos efectiva, se opta por una mirada más distante y en tono de comedia que, satirizada mediante la condición "alcoholizada" de los científicos y sus singulares conversaciones, logra un total estado de sinceridad, análisis y verosimilitud.



"Los científicos se juntan en nuevo México para celebrar el lanzamiento y el buen resultado de la bomba atómica, pero a la luz de el alcohol se comienzan a decir cosas que mantenían ocultas y que tienen que ver con cierto grado de cuestionamiento acerca de su creación. El licor los desinhibe y cataliza todos los sentimientos reprimidos que guardaban", concluye Céspedes.



Con una puesta en escena altamente efectiva, al igual que en su anterior montaje De ratones y de hombres, Los borrachos crea una atmósfera realista e íntima que se permite funcionar como el ideal escenario de un grupo de ebrios que terminan por cuestionarse sus acciones. Es cierto que, por momentos, la obra adquiere matices de sketch de programa dominguero, sin embargo, y a fuerza juegos teatrales y discursivos, logra salir del paso y dejar en el espectador aquella sensación de placidez que tanto se agradece tras un buen espectáculo.



La compañía El Cancerbero, avalada por una impecable trayectoria de 10 años dentro de la escena artística nacional, con montajes tan destacados como El señor Galíndez (1995), Macbeth (2000) y De ratones y de hombres (2003), ha definido su estilo como "fiel a la necesidad de decir lo que pensamos y sentimos y, a través de los ensayos y el trabajo sistemático la obra que encontrará espontáneamente su forma, estilo y lenguaje. Como grupo nos interesa reflexionar en torno al teatro, a su rol en la sociedad y sobre la importancia del actor en el fenómeno teatral".



En cierto sentido, estas palabras se ligan estrechamente con la segunda mitad de Los Borrachos, en donde la obra dirigida por Céspedes se permite caminar entre un discurso crítico, la reflexión que el teatro puede generar en torno a determinados temas y la recepción por parte del público de los mensajes emitidos. Como canalizador de ideas y conceptos e incentivador de discusiones y cuestionamientos sobre temáticas complejas, los muchachos de El Cancerbero parecen ser los más fieles representantes.



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