El quinto poder en acción y la aplastante influencia de WikiLeaks - El Mostrador

Martes, 12 de diciembre de 2017 Actualizado a las 20:17

El biopic no autorizado por Assange de Wikileaks se estrenó en salas chilenas

Cultura - El Mostrador

El quinto poder en acción y la aplastante influencia de WikiLeaks

por 29 enero, 2014

El 16 de enero pasado se estrenó en los cines El quinto poder, película que retrata el arribo de Wikileaks a la sociedad y cómo de la mano de su creador, Julian Assange, el poder mundial sucumbió ante la revolución de la transparencia informática del siglo XXI.

Internet es la mayor liberación desde la invención de la imprenta. Aun mayor que la radio y la TV, pues a diferencia de estas, aún no ha sido monopolizada. Comparable solo con el poder del invento de Guttenberg, el que marcó el principio del fin de la Edad Media y que durante los siguientes 500 años todo lo alteraría. Fundamentalmente produjo un colosal cambio en el equilibrio del poder, y nacieron desde el periodismo hasta las naciones y la democracia, tal como la entendemos hoy.

Tal fue el poder del libro para las masas que la página impresa a escala industrial produjo el efecto de liberar el acceso a la información (suena parecido a internet), pasando así del mundo mágico de curanderos a la tomografía computarizada y los doctores incapaces de hacer diagnósticos sin costosos exámenes de imágenes. Saltamos en ese tránsito de la superstición a las vacunas. De la fe ciega a la ciencia cierta. Del feudo a la ciudad, del horario natural a los relojes de pulsera.

El quinto poder, dirigida por Bill Condon, nos habla del encuentro de Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg, las mentes detrás del portal WikiLeaks, una plataforma que permite filtrar información secreta de forma anónima poniendo al descubierto a organizaciones, corporaciones e incluso poderosos gobiernos.

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WikiLeaks es a la era de la información lo que la máquina a vapor significó para la revolución industrial. Se hace difícil comprender el porqué de los cambios de esta envergadura que se suceden a diario frente a nuestros ojos. No se trata de un párrafo de un libro, es nuestra propia existencia la que se ve alterada, y por eso nos cuesta de sobremanera aceptar que el mundo en el que nacimos y sus reglas -según las cuales seguimos viviendo-, a veces, con enternecedora inocencia, han desaparecido.

En el mundo de la información existe un antes y un después de WikiLeaks. La web divulgó ante el mundo antecedentes secretos como la ideología xenófoba de un partido político en Reino Unido; el ataque indiscriminado del ejército de EE.UU. contra hombres desarmados en Irak, entre los que se encontraban periodistas, hombres desarmados y niños; o los papeles que revelan muertes de civiles y el doble juego de Pakistán en la lucha contra los talibanes. Y, hace pocos días, reveló el borrador del acuerdo sobre propiedad intelectual del TLC Transpacífico (TPP), actualmente bajo cláusula de confidencialidad, pese a su relevancia pública.

Pero sin dudas fue el denominado “Cablegate” el caso que detonó la ira de Washington. La desclasificación de 250 mil cables diplomáticos del gobierno de EE.UU. que fueron analizados y publicados por cinco importantes diarios a los que la organización facilitó la información.

El Assange de la película y la aplastante influencia de WikiLeaks

En el filme, el director Bill Condon nos muestra a un Julian Assange obsesionado por la seguridad, siempre ilocalizable y con un evidente delirio de grandeza que le hace adoptar una actitud displicente frente a los demás. El personaje construye la desconfianza casi por deporte. Su objetivo final es sacar a la luz los secretos de los demás, manteniendo en la absoluta oscuridad los suyos. Esa es la construcción de un relato que el propio Assange ha desmentido, ya que se trata de un biopic escrito por el ex socio del hacker, coprotagonista del thriller que ya no es parte de WikiLeaks.

Recordemos que en la actualidad, Assange continúa recluido en la Embajada de Ecuador en Inglaterra para evitar ser extraditado, ya que ha sido acusado de varios delitos, los que hasta el día de hoy atribuye como venganza ante la influencia que pudo ejercer a través del portal WikiLeaks.

Una de las propuestas de El quinto poder es su intento por mostrarnos la aplastante influencia de que es capaz de detentar internet en nuestra sociedad de la información, enterrando quizás en el pasado a la prensa escrita (el llamado cuarto poder), gracias a su potencial global de penetración y a la facilidad con la que puede esconder la identidad de las fuentes.

Es tal vez en este punto donde la película no está del todo resuelta, ya que para mostrar precisamente cómo funciona el esquema de la organización, se utiliza el símil de una enorme redacción periodística que no termina de convencer y que le da al film un cierto aire ochenteno que no le cabe al período 2006-2010. Definitivamente un ambiente retro que nos evoca más un Atari que las posibilidades multimedia alcanzadas por la tecnología actual.

De la misma forma que el sueño de Gutenberg era simplemente ganar dinero con un invento al que le veía futuro (¡y vaya sí lo tuvo!, aunque murió en la miseria), el proyecto de transparencia total de Julian Assange y WikiLeaks es una meta inalcanzable. Y es lo de menos. Ni el verdadero legado del libro fue la opulencia de la industria editorial ni el de WikiLeaks será la transparencia absoluta. Su mensaje es otro.

Así, una de las hijas de la imprenta de mayor reconocimiento moderno, las democracias, aun siendo sistemas políticos poco eficaces, han logrado engañar a sus ciudadanos echando mano de los medios de comunicación de masas.

Los archivos norteamericanos que han sido revelados por WikiLeaks no configuran un robo o una calculada actividad de espionaje. Solo fueron recibidos por esta organización y esta tuvo el valor de publicarlos. Sin embargo, la histeria desatada en EE.UU. contra WikiLeaks, los intentos de bloqueo de su presencia en la red y los planes para castigar a sus integrantes no tienen comparación alguna con otras campañas contra emisores de internet como Anonymous. Lo que se dirime hoy en el mundo entero es si la red global seguirá siendo el mayor espacio de libertad de expresión o si va a ser sometida a la censura de los más poderosos gobiernos.

Los usos más amplios de Internet, la capacidad de comunicación inmediata y sin límites, su carácter planetario, se encuentran en su primera gran crisis encarnados en WikiLeaks.

Facebook y Youtube, así como el gran mercado Amazon, han repudiado a los “traidores” filtradores de información, lo mismo que han hecho las grandes tarjetas de crédito. Sin embargo, otros, los defensores contemporáneos de la vieja libertad de imprenta, quienes defienden hoy la libertad en internet, protegen a Wikileaks y, más aún, cooperaron para pagar la fianza impuesta por un tribunal británico contra Julian Assange, requerido para ser extraditado a Suecia, acusado de delitos sexuales.

Esta es una lucha entre los partidarios de la libertad y quienes pretenden censurar la red. Es una vuelta de la historia que nos lleva a un pasado de represiones contra la prensa, por una parte, y la reivindicación libertaria de expresión y de publicación, por la otra. No han sido los grandes diarios a los cuales WikiLeaks envió los archivos filtrados los acosados por los políticos estadounidenses, sino solamente la prensa de internet que difunde las informaciones reservadas y secretas a través de sitios espejos. Los fiscales norteamericanos no están investigando quiénes pudieron ser los responsables políticos, sino que están viendo la forma de intentar aplicar las leyes más duras contra los integrantes de WikiLeaks, especialmente contra Assange, por haberse atrevido a divulgar lo que el propio gobierno de EE. UU. no fue capaz de mantener en secreto.

La existencia de sitios en internet donde puedan publicarse archivos secretos es la mayor evidencia de libertad que existe en la red. Condenar por cualquier medio o perseguir bajo cualquier pretexto tales publicaciones es el mayor atentado a esa misma libertad. La prensa escrita y la televisión no estarían dispuestas a verse limitadas en su libertad –estas se autocensuran como expresiones de poderes con intereses creados–, pero tampoco están defendiendo a WikiLeaks porque este no admite tener que discernir, como ellos lo hacen, entre lo publicable y lo que no debe conocer la opinión pública. La libertad consiste entonces hoy en la capacidad de resistir cualquier presión de censura, venga de donde venga. Esto es internet y hay que defenderla, porque la valentía es contagiosa.

Sinopsis

Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg crean WikiLeaks, una plataforma que permite denunciar de forma anónima y filtrar información secreta, iluminando los oscuros recovecos de los secretos gubernamentales y crímenes corporativos. No tardan en revelar más noticias que todas las organizaciones de comunicación más prestigiosas del mundo juntas. Pero cuando Assange y Berg obtienen acceso a la mayor cantidad de documentos confidenciales de la historia de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, se enfrentan a una de las cuestiones claves de nuestro tiempo: ¿cuál es el costo de guardar secretos en una sociedad libre y cuál es el costo de exponerlos?

 

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