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Crítica teatral

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“Esto (no) es un testamento”: Los 60 años de Ictus frente al espejo

por 7 julio, 2017

“Esto (no) es un testamento”: Los 60 años de Ictus frente al espejo
Bajo ese punto de vista, esta obra de teatro documental de la compañía La Laura Palmer, la más destacada agrupación en este subgénero, es una ocasión interesante para acercarse a su historia desde nuevos lenguajes y evitar la tentación del homenaje vacuo o el endiosamiento mítico.
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A pesar del difícil presente que ha tenido que enfrentar en los últimos años, con la ausencia de sus valores emblemáticos, un rol más empequeñecido en la actividad teatral y sin obras nuevas en su repertorio, la legendaria compañía Ictus ha seguido en pie reformulando su estructura y pensando en nuevos aires para promover su rica historia. Se trata del colectivo en actividad más antiguo del país y protagonista de momentos fundamentales del teatro nacional en los últimos sesenta años, y eso se convierte en un activo ineludible para mirar el pasado y repensar su legado.

Bajo ese punto de vista, esta obra de teatro documental de la compañía La Laura Palmer, la más destacada agrupación en este subgénero, es una ocasión interesante para acercarse a su historia desde nuevos lenguajes y evitar la tentación del homenaje vacuo o el endiosamiento mítico.

Porque los responsables de montajes tan inspirados y sutiles como “Hija de tigre” y “Los que vinieron antes”, han afinado una sensibilidad para la historia cargada de poesía, la mirada hacia personajes comunes y el uso de objetos y recursos como dispositivos narrativos que opera como un buen dique para enfrentar la enorme historia del Ictus desde un plano emotivo que ante todo, se ve como un ejercicio de contención narrativa.

Todas las fotografías gentileza Centro GAM

Con sus tres integrantes oficiales actuales, María Elena Duvauchelle, José Secall y Paula Sharim, el montaje expone en un inicio una juguetona línea cronológica en línea reversa que sirve para situar el contexto y los principales hitos que han marcado la trayectoria del grupo escindido del Teatro de Arte y Ensayo de la UC en 1955. Esa introducción permite poner en perspectiva y sin estridencias la gran cantidad de títulos claves que han jalonado su historia. Como ya es un método afianzado en La Laura Palmer -cuyos cimientos han sido convenientemente aprendidos en el trabajo de la argentina Lola Arias-, hay una especial atención al refuerzo expresivo del recurso audiovisual, manejo en que los actores son apoyados certeramente por la colaboradora del equipo Nicole Senerman.

La puesta en escena dirigida por Pilar Ronderos e Ítalo Gallardo combina la historia de Ictus con los episodios personales de sus actuales integrantes, donde se encuentran sus mejores momentos. Los recuerdos de una Paula Sharim niña recién descubriendo la magia del oficio en los pasillos de la sala La Comedia, el recuerdo de María Elena Duvauchelle por el crimen de su hermano, y por sobre todo la triste evocación de Pepe Secall de su estancia en Moscú, el rompimiento de su matrimonio y la hija que dejó de ver, son puntos altos de la dramaturgia, resueltas con aplomo y calidez -en especial Secall, cuyo recuerdo es conmovedor-. En ese correlato, las intervenciones de Nissim Sharim a través de grabaciones en video que lo hacen ver dialogando en vivo con los actores, si bien es la manera de integrar a uno de los fundadores de la compañía -quien está retirado y enfermo-, no alcanza el mismo nivel de cercanía.

Todas las fotografías gentileza Centro GAM

La presencia virtual de Sharim como el “padre” enfermo quien es interpelado a través de los recuerdos que se van haciendo cada vez más difusos, abre la interrogante principal del montaje: la poca presencia en este recuento de otros integrantes fundamentales de Ictus: Jaime Celedón, Delfina Guzmán, Mónica Echeverría, Jaime Vadell o José Manuel Salcedo. Se puede entender que la síntesis para abarcar 60 años de existencia abre espacio a decisiones prácticas, pero el círculo no termina de cerrar ante las pocas referencias a nombres que labraron el origen, desarrollo y prestigio de la compañía (incluso es fugaz la mención a Edgardo Bruna, integrante de Ictus recientemente fallecido y que fue parte del origen del proyecto, a quien vemos en un antiguo registro en video de “La noche de los volantines”).

Porque siendo la figura más referencial del grupo, la decisión de personalizar la historia de Ictus bajo la figura de Sharim suena contradictorio en una compañía cuya mayor identidad ha sido apelar a la fuerza de un colectivo en que en diferentes momentos de su historia pasaron los más importantes actores, directores y dramaturgos del teatro local. Las referencias a las obras clásicas del colectivo se centran en “Tres noches de un sábado”, “La noche de los volantines” y “Primavera con una esquina rota”, el montaje protagonizado por Roberto Parada en 1985 donde en una de sus funciones al actor se le comunica el crimen de su hijo José Manuel, en el llamado “Caso degollados”.
Como es ya habitual en el trabajo de la dupla Ronderos/Gallardo hay una reflexión sobre la manera en que construimos los recuerdos, las circunstancias que hacen lo que somos y, en este caso, en el oficio actoral y sus decisiones, las que tienen la virtud de la cercanía y ser una mirada alejada de clichés y ombliguismos. Su mirada poética es detallista y evocadora y confieren a la obra el sabor de ser un documento que seduce y genera emoción. La puesta en escena también es una prolongación acertada de sus anteriores montajes, con un uso muy preciso de objetos y escenografías que evocan los vericuetos de la memoria como un juego de piezas intercambiables que demuestran la sensibilidad del grupo para resolver problemáticas complejas con sentido lúdico y poesía. Es su opción por sintetizar demasiado una historia riquísima en hitos perdurables lo que desdibuja la apuesta del montaje al dejar algunas interrogantes sin respuesta, las que resuenan más dada la dimensión simbólica de Ictus como referente de la cultura nacional de las últimas décadas.

“Esto (no) es un testamento”

Compañía La Laura Palmer en coproducción con Ictus y GAM.

Dirección: Pilar Ronderos e Ítalo Gallardo

Elenco: María Elena Duvauchelle, Paula Sharim y José Secall

Participación especial: Nicole Senerman

Realización audiovisual: Alván Prado

Música original: Jorge Arecheta

Diseño de espacio e iluminación: Laurene Lemaitre

Producción: Macarena Murillo

Producción ejecutiva: Noela Salas

GAM, sala N1, hasta el 29 de julio.

Jueves a sábado, 21:00 hrs. General $6.000, estudiantes y tercera edad $3.000

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